A la mañana siguiente, el sol brillaba desde temprano, y los vientos eran suaves...
Samira se levantó descansada y con mucha energía, curó sus heridas y luego en el desayuno vio a Zeth algo cansado, seguramente aún estaba teniendo problemas para dormir, sin embargo permaneció en los establos trabajando durante toda la mañana.
Samira fue a su habitación y luego buscó a Hade.
- Hade ¿Dónde puedo lavar estas cosas? - le mostró un pequeño bulto de vestidos que llevaba cargando.
- ¡Oh! démelas y se las lavo - insistió la muchacha de ojos morenos.
- No tu estas ocupada, puedo hacerlo yo, solo dime ¿Dónde puedo hacerlo? -
- ¿Segura? A mi no me llevará tiempo...- insistió Hade, pero ante la negativa de Samira terminó por ceder - De acuerdo. Salga al patio de atrás por la cocina y a su derecha a la par de los establos va a encontrar un pozo de agua, a la izquierda verá los tendederos y los lavaderos están en ese lado, las puertas de madera pintadas de color verde. Allí encontrará todo lo necesario. -
- ¡Muchas gracias! -
Allí fué Samira, al llegar sólo vió a un muchacho que cargaba agua en unos baldes.
- Buenos días Señorita. - le dijo el pequeño que parecía tener apenas 2 o 3 años menos que su hermano Samir.
- ¡Buenos días! - contestó Samira.
- ¿Busca a alguien? - insistió el muchacho con un pequeño pañuelo enrollado alrededor de su cabeza como lo usaba Zeth, con un extremo que le caía de lado.
- No no, solo quiero lavar estas cosas...- le explicó ella.
- ¡Oh! Ya le desocupo las piletas, lo que pasa es que estamos dándoles de beber a los animales, hoy parece que hará mucho calor luego del almuerzo...- explicó el.
- Ya lo creo...- Contestó Samira.
- Todo suyo...- el muchacho sacó los baldes repletos de agua y limpió un poco los lavaderos para Samira y se fue.
Samira le agradeció y lo siguió unos pasos hasta los establos, de lejos vió como Zeth ayudaba con los baldes y ponían agua fresca en los bebederos. Ese día Samira lo observó un poco más detenidamente, le quedaba muy bien aquella ropa más fresca que usaba en casa, su nariz recta y mandíbula cuadrada eran tan varoniles como su barba corta, su espalda ancha y sus piernas y brazos largos bien formados... No parecía un chico de 21 años, parecía algo mayor a su edad. Su ceja cortada y aquella cicatriz en su cara lo hacía parecer más serio de lo que era en realidad su expresión... Aún tenía gesto de cansado... Samira se preguntó ¿Qué era lo que no lo dejaba dormir?... volvió a su tarea antes de que la descubriera espiando... De entre sus vestidos sacó los pañuelos de Zeth y los enjuagó muy bien, luego los puso en remojo con un poco de Jabón y lavanda, quería que queden muy limpios y perfumados y luego colgó todo en los tendederos. El sol era fuerte aquel día, pensó que en menos de una hora todo estaría seco. Por lo que se asomó otra vez a los establos, pero Zeth ya no estaba, solo estaba el muchacho.
- Disculpa, ¿Cómo te llamas? - le preguntó Samira.
- Murat Señorita...- contestó el joven Murat con una pequeña reverencia.
- Soy Samira...- se presentó ella.
- Si, ya lo sé... conozco a su padre y a su hermano. Yo ayudé a buscarla cuando se perdió en la tormenta...-
- ¡Oh! Siento mucho por preocuparlos...- dijo Samira avergonzada.
- No se preocupe, a cualquiera le pasa... Las tormentas siempre son engañosas.-
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Los hijos del Desierto
RomanceEn medio de un nuevo éxodo, la gente busca volver al viejo continente donde las leyes y las costumbres son más fuertes que nunca en una búsqueda desesperada de repoblar el mundo. La poderosa sangre de los bendecidos por el dios Seth debe prevalecer...