El día que Isadora Joanne Black vino al mundo, no sabía con lo que se iba a encontrar.
No sabía que la magia corría por sus venas, ni que sus aventuras serían las más alocadas.
No sabía que conocería gente maravillosa en el camino, ni sabía que perd...
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Bajé a la cocina como de costumbre para desayunar y luego volver a encerrarme en mi habitación a leer algo mientras mi madre hacía trabajo desde casa, ya que estaba en sus días de vacaciones -pero el ministerio de magia estaba bastante abarrotado de problemas.
La saludé y me acerqué a la heladera para ver qué había allí.
— Estoy haciendo licuado —dijo cuando vio que sacaba una jarra con jugo— tienes un pedazo de torta ahí, que quedó de ayer —volví a guardar el jugo y agarré la torta de chocolate que se encontraba sobre un gran plato celeste.
Me senté en la mesa en silencio luego de agarrar un par de cubiertos. Le di un gran bocado a mi desayuno y me quedé mirando un rato largo a esa mujer rubia que tenía a poca distancia de mí.
Mamá estaba enferma. Definitivamente lo estaba.
No me lo había dicho, ni ella ni Remus ni nadie de la familia, pero estaba segura de que me lo ocultaban para que no me preocupara por ello. O quizás no sabían cómo decírmelo.
Tampoco me atrevía a revolver en ese asunto después de escuchar, a escondidas, una de esas tantas charlas entre ella y Remus sobre eso.
No sabía realmente si se curaría o si el destino se llevaría a mi madre de mi lado, pero sabiendo lo sensible que era ella y todo por lo que pasó en la vida, preferí no hacerla sufrir con peleas innecesarias y berrinches de adolescente.
Por eso desde hace días que siempre tenía una sonrisa, un abrazo y un beso para darle todas las mañanas. Si la iba a perder quería que nuestros últimos momentos juntas fueran los más felices.
Se había dado cuenta que algo raro estaba pasando, yo no solía ser así de cariñosa, pero supuso que era porque yo estaba "enamorada" de alguien. Y desde entonces no paraba de interrogarme sobre el tema.
— ¿Sucede algo? —Me preguntó ella— te ves distraída.
— Solo... solo estaba pensando.
— ¿Y en qué pensabas? —Se sentó en la mesa con un licuado de frutilla para mí y otro para ella— ¿En ese chico que me ocultas?
— No, en la vida —me encogí de hombros y cogí el vaso con ambas manos— Ay, mamá —caí en la cuenta de que otra vez estaba hablando sobre aquel tema— ya te dije que no estoy enamorada ni me gusta alguien... Ya para, por favor.
— ¿Por qué no sales con Cedric? —Agregó— Te noto bastante aburrida y dispersa desde hace días.
— Se fue de vacaciones —bufé. Le di un gran sorbo al licuado— está muy rico, gracias.
— De nada —sonrió levemente— ¿Y los Weasley? Invítalos a venir un día —dijo— que se queden a dormir. Total hay mucho lugar en la casa.
— ¿De verdad? ¿Me dejas hacerlo? —sonreí. Ella afirmó con la cabeza— Iré a mandarles una carta entonces —Le di otro bocado a la torta de chocolate y me levanté de la silla llevándome conmigo el licuado.