Capítulo 283

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+ Varios meses...

- Algunos días...

Ninguno parece seguro de la respuesta y la manera en que contestamos atropelladamente nos hace reír con complicidad.

+ Tendremos que buscar una fecha de aniversario.

Susurra en mi oído. Le doy la razón moviendo mi cabeza de arriba abajo y mordiendo mi labio inferior.

+ Creo que aquel día que llegaste tan guapa a buscarme al aeropuerto es una buena opción.

Le beso.

- Eso fue hace menos de una semana.

Le recuerdo risueña.

- Y nuestra historia empezó mucho antes.

Acaricio su cara con la mía.

+ ¿Según tú, cuándo empezó nuestra historia?

Pregunta travieso.

+ Porque para mí el día que te conocí.

- Mentiroso.

Le acuso.

- Te caía tan mal como tú a mí.

+ ¿Has dicho que te caía mal?

Finge ofenderse.

- Fatal.

Aseguro sin titubeos, ganándome unas cosquillas que reclaman la atención de todos por mis carcajadas.

- Eras insoportable.

No paro, pero él tampoco, por lo que me toca insultarle entre risas.

- Sigues siendo.

Aseguro sin parar de reír.

+ Mira voy a hacer como que no has dicho nada porque estamos con gente y vamos a pasar un buen rato con ellos.

Pone algo de cordura en nuestro pique.

+ Pero ya verás cuando estemos solos.

Advierte.

+ A ver si también eres tan valiente para llamarme insoportable.

- Insoportable.

Le reto murmurando en su oído y luego muerdo discretamente el lóbulo de su oreja, riéndome traviesa zanjando nuestras provocaciones para unirnos a las charlas de mis compañeros, pasando una velada divertida.

Narra Mateo

+ Reinona, te estás durmiendo.

Es la tercera vez consecutiva que bosteza.

+ ¿Vamos?

- Sí.

Nos despedimos del resto. Para ellos sigue la juerga.

- Ni se os ocurra coger un coche, que habéis bebido.

Amenaza en modo jefa. Creo que es la única que no ha probado el alcohol.

- Llamáis taxis o andáis al hotel.

J: Que sí, pesada.

José ríe abrazándola.

- Buenas noches, feo.

Su hermano le da un beso. Luego se despide de mí, tendiéndome la mano.

J: Buenas noches.

Salimos del local con los dedos entrelazados.

- Me apetece dar un paseo.

Comenta.

- ¿Vamos andando?

El reloj roza las cuatro de la madrugada, por lo que no hay mucha gente en las calles y podemos permitirnos aquel capricho.

+ Vale.

El viento sopla suave, pero fresco, por lo que se abraza de lado a mi cuerpo, buscando calor.

+ Oye, tengo algo que confesarte.

Se suelta de mí, poniéndose tensa y me mira con pánico, haciéndome sentir fatal.

- ¿El qué?

+ No hay más mentiras.

Prometo amargamente y suspira.

- Ya... lo siento.

+ No, es mi culpa.

Dejo un mechón de pelo tras su oreja.

+ Pero te juro que no hay nada más... ya sabes todo.

Me mira expresiva, asintiendo con un movimiento de cabeza.

- No quería reprocharte nada.

Se excusa.

- Confío en ti.

Asegura.

- Me has pillado desprevenida y me he asustado, pero...

+ Shhhh

La callo justo antes de besarla. Nos separamos con una sonrisa.

- ¿Qué es eso que ibas a decirme?

+ Cuando estabas hablando con José, tardasteis bastante y pensé que igual era mejor estar contigo, hablarle yo también y apoyarte en vuestra discusión, que no dejaba de ser por mi culpa.

Niega.

- No es por tu culpa, así se dieron las cosas, pero ya está todo solucionado.

Explica.

+ Lo sé.

Pude percatarme durante la noche como José se esforzaba por dejar atrás lo ocurrido.

+ Porque subí a buscarte.

Acaricio su mejilla.

+ Y escuché parte de vuestra conversación.

Se sonroja.

- No sé si quiero saber qué parte.

Sonríe llena de timidez, enterneciéndome. ¿Cómo puede ser tan fuerte y adorable a la vez?

+ Una muy bonita.

Atrapo sus manos con las mías, llevándolas a mi boca para dejar un beso en una de ellas.

+ Escuché que...

Se pone de puntillas y me besa con ganas sin dejarme hablar. Su lengua busca la mía, invitándola a una coreografía perfecta. Mis manos sueltan las suyas para abrazarla por la cintura, atrayéndola a mí, ella hace lo propio rodeando mi cuello. Nos sentimos despacio, sin prisas ni pausas, gritándonos en silencio cuánto nos queremos.

- Escuchaste lo que me haces sentir.

Se confiesa en un murmuro cuando la necesidad de oxígeno nos exige separarnos.

Atrapo su carita con mis manos, obligándola a mirarme.

+ Te amo.

Todos los secretos (Segunda parte)Donde viven las historias. Descúbrelo ahora