en sus manos se encontraba una malteada de fresa, deliciosa a simple vista.
spreen levantó la mirada hacia la bebida -no me gustan las malteadas de fresa- contestó simple y volvió a lo que se encontraba haciendo, sin siquiera haber mirado al chico.
juan hizo un puchero decepcionado, sin embargo, no duró mucho pues volvió a sonreír y se sentó a su lado.
spreen no le dió mente a ello y siguió en su trabajo, aunque débilmente su mente gritaba por tomar aquel líquido rosa pastel con pequeños trozos de fresa.
oh, y claro, también rondaba en su mente el tierno chico de cabellos rosados y sonrisa encantadora.
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