Arrepentimiento

59 4 0
                                    

Sarada no frecuentaba la zona de la playa de su lado de la ciudad, no había gran cantidad de arena, había rocas resbalosas llenas de colores diversos y botes de madera abandonados a su suerte, el camino estaba lleno de maleza y plantas tropicales, impidiendo que las personas atravesaran con facilidad, impidiendo la vista de la austera playa.

Cuando pusieron un pie dentro de ese desolado lugar, Kawaki se detuvo durante unos segundos, le gustaba observar a Sarada de lejos, parecía como si el estrés de la semana se fuese en un solo día y meditaba acerca de cómo con una acción tan simple como quitarse la ropa y bailar sin sentido podía llenarle el rostro con una enorme sonrisa, a pesar de que se había dormido todo el camino, parecía que la energía emergía sin conflicto alguno, había llegado corriendo a la playa, aventando los zapatos y metiendo los pies al agua, corriendo por lo fría que estaba y regresando nuevamente riéndose de la acción, el sonrojo en las mejillas de Kawaki no tardó al igual que esa sonrisa llena de orgullo. Acciones diminutas le recordaban que aún tenía algo que ofrecer después de aquel romance fallido, después de aquella historia que intentó arrebatarle hasta la existencia, necesitaba soltar los recuerdos, y vivir lo que sucedía en el presente, porque lo sentía tan lejano, tenía a Sarada enfrente, tenía aquella tierna sonrisa a disposición y sentía que no era merecedor de esa felicidad, como si pudiera ser efímera, como si esa prosperidad en algún momento podría serle arrebatada.

Con Sumire había sentido cierta seguridad, él sabría que ella nunca se iría, hasta que lo hizo y esa acción dejo daños que creía irreparable, él no tenía certeza alguna de que Sarada no se iría, ni siquiera pensó que llegaría a sentir nuevamente, ni que se encontraría en este punto donde observaba aquella sonrisa y sabía que él podría ser uno de los motivos. Hasta hace dos meses atrás todavía tenía una vaga esperanza de que Sumire pudiera arrepentirse y regresar con él, consideraba que se tenían el uno al otro sin importar que, pero el tiempo de la separación poco a poco le demostró lo contrario, sufriendo por el vacío que dejo su ausencia, difícil de llenar.

Kawaki colocó la mesa y las sillas, sentándose, observando los movimientos de Sarada, veía como aventaba las rocas y espantaba a algunas aves, saco el libro intentando concentrarse en el trabajo a medio terminar. A pesar de que tenía demasiados pendientes, trato de hacerse un espacio para estar cerca de Sarada, últimamente esa necesidad de tenerla entre sus brazos crecía y se hacía insoportable, no quería alejarse de ella por temor a que la relación fracasara debido a sus tiempos laborales, él quería que la relación funcionara, quería dar todo de sí, y aunque no existieran motivos por los cuales terminar él no dejaba de pensar que sería de él si ella llegara a abandonarlo, la ansiedad seguía presente, pero también las pruebas de que ese final no sería posible.

Prueba A: a Sarada no le costó o avergonzó hablar sobre la convivencia con otras personas dentro de la relación, siempre que fuese un acuerdo mutuo entre ambos, que lo conversaran con anticipación para que no los tomara por sorpresa, ella no hablaba acerca de celos o inseguridades, no tenía la preocupación de que él mirara a otras personas o se mensajeara con alguien más, su preocupación era ser alguien que no deseaba, convertirse en alguien de apariencias, que se perdiera ante su amabilidad y olvidara lo divertido que era la ira para reafirmarse a sí misma y esas acciones lo habían tomado desprevenido, recordó la anterior conversación con ella, donde platicaba el estrés que le daba aparentar amabilidad con personas que no eran del todo amables con ella, tener que cubrir turnos sin previo aviso de que lo haría y ceder ante la presión económica para poder financiar su semana. Él no había tenido dificultad económica alguna, no se preocupaba por pagar cuentas, ni por lo que comería al siguiente día, había contratado a personas que le llevaran la contabilidad en su negocio, además de que sus amigas le respaldaban en la organización administrativa, él solo se encargaría de la publicidad del sitio, además de brindar la atención de vez en cuando, temía confesarle a Sarada su posición económica actual, no estaban en una posición de igualdad como Sarada creía, ella pensaba que él era de la misma clase y si él le confesaba no serlo ¿su relación cambiaría? ¿Su estado de desigualdad podría acarrear inseguridades a su relación?

La propuestaDonde viven las historias. Descúbrelo ahora