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La semana continuó transcurriendo, Valentina había desarrollado cierto instinto protector hacia la mexicana desde que descubrió lo que la menor vivía, ella quería cuidarla siempre y detestaba tener que dejarla en casa sola con ese monstruo que tenía por esposo, sin embargo, no podía hacer mucho cuando la misma Juliana le había pedido que no interviniera en su matrimonio, Valentina se sentía impotente, solo quería lo mejor para Juliana, pero esta parecía no querer aceptar su ayuda.

Sin embargo, no pudo negarse cuando Valentina llegó a su casa con una bolsa de comida en una mano y en la otra una cajita con cremas para sus heridas la cual le obsequió.

Cada día Valentina había ido para encargarse ella misma de tratar las heridas de Juliana, lo estuvo haciendo por un par de semanas hasta que las heridas en su rostro se volvieron casi imperceptibles a tal punto de que aún la misma Juliana era incapaz de distinguirlas en su piel, ella se sentía feliz, adoraba lo bien que se sentían los dedos de Valentina sobre su piel cuando acariciaba su rostro con cremas calmantes o regenerativas.

Valentina estaba orgullosa de su trabajo, ahora el rostro de Juliana lucia saludable y todo gracias a ella, no podía sentirse mejor al mirar a Juliana curada y feliz, poco a poco se estaba enamorando de la hermosa sonrisa que la mayor le regalaba, era la persona más feliz del planeta cuando recordaba que el bienestar en Juliana se debía a ella, pero aun así temía dejarla por las tardes a solas con Sergio, ella había visto al coreano en fotos, solamente deseaba encontrárselo algún día en la calle y utilizar cualquier pretexto para golpearlo hasta dejarlo inconsciente.

La inglesa aún no sabía hasta donde llegaría todo esto, ella quería a Juliana, desde el día uno ella había llamado su atención y ahora que conocía su historia no deseaba más que sacarla de ahí, quería salvarla de su esposo, cuidarla y asegurarse de que nada malo volviera a sucederle jamás.

Pero no podía hacer nada cuando Juliana prácticamente se lo había prohibido.

No podía evitar que Sergio la lastimara, solo podía curar sus heridas después de que todo hubiera pasado y eso a Valentina le dolía.

Ella supo un poco después la razón inválida del maltrato que recibía su menor y le parecía algo muy cobarde el hecho de que Sergio desquitara su coraje con su esposa, ella no tenía la culpa de nada, después de todo Juliana no había decidido no darle hijos, simplemente ella no había podido y eso no tenía por qué ser algo malo, tal vez la vida no quería que un bebé sufriera de maltrato como Juliana lo hacía, ese hombre no merecía un hijo, no merecía ni siquiera una esposa, entonces él no podía exigirle nada a Juliana cuando él era un hombre muy malo.

Además, Juliana era una mujer demasiado hermosa como para estar con ese hombre tan insuficiente, ella no merecía ser usada como una máquina para procrear, una mujer como ella se merecía el mundo entero, ¿Acaso Sergio solamente la utilizaba para intentar tener un bebé? Eso era injusto, las mujeres no eran una fábrica de bebés ni nada por el estilo, una mujer como ella debía ser complacida y Valentina estaba totalmente segura de que alguien como Sergio era incapaz de conseguirlo.

- ¿Entonces su único propósito es procrear? - Valentina preguntó incrédula.

-Así es, pero yo no he podido darle un hijo, entonces... Todo ese maltrato es mi culpa- La mayor bajó la cabeza al decirlo.

-Oye, no digas eso- Valentina pidió tomando las manos de la contraria mientras buscaba su mirada -Tú no eres culpable de nada, no vuelvas a decir algo como eso.

-Pero, soy una mujer incompleta si no puedo embarazarme.

-Ya, Juliana, ese hombre te ha lavado el cerebro, las mujeres no son una máquina de bebés.

-Pero Valentina...- Juliana iba a empezar a llorar.

- ¿Cuándo fue la última vez que Sergio te dio un orgasmo?

Juliana abrió los ojos en grande.

-Valentina... ¿Qué dices? - Ella estaba muy sonrojada.

Demasiado sonrojada.

-Hablo en serio, ¿Hace cuánto no tienes un orgasmo?

-Yo...- Juliana no sabía que responder.

-Diablos, ¿Al menos alguna vez te ha dado uno?

Juliana negó con las mejillas rojas.

Y Valentina abrió los ojos en grande.

- ¿Me estás diciendo que llevas al menos cinco años sin un orgasmo?

Juliana estaba muy avergonzada, llevaba cinco años de casada, pero antes de su esposo nunca tuvo relaciones sexuales con nadie, su familia le había enseñado que debía llegar virgen al matrimonio y ella lo hizo.

-Yo... Bueno... Antes de casarme... Yo no...

-Juliana, tranquilízate- Valentina pidió con una risita al verla tan nerviosa.

- ¡Nunca he tenido uno! - Ella soltó dejándose caer contra el pecho de Valentina, estaba muerta de la vergüenza - ¿Podemos cambiar de tema?

-Diablos, entonces te acostaste con los menos aptos- Valentina razonó.

-Llegué virgen al matrimonio, ¿Podemos cambiar de tema? - Volvió a preguntar aún escondida en el pecho de Valentina.

- ¿Nunca te tocaste?

- ¿Podemos cambiar de tema? - Insistió.

-Relájate, estamos en confianza y este tema es importante.

-Pero me avergüenza- Ella se sinceró.

-Es algo natural Juliana, pero no es nada natural que tu esposo no pueda complacerte, ¿Qué clase de hombre es entonces?

- ¡Oye! Es solo que él está más enfocado en tener un hijo.

-Es solo que es egoísta, busca su propio placer y no le importa nada más que eso.

-Basta, pedí cambio de tema- Juliana una vez más insistió avergonzada.

-Lo siento- Valentina pidió intentando levantar el rostro de Juliana para mirarla, pero ella insistía en esconderse en su pecho.

-Déjame, estoy muy avergonzada- Pidió la mayor abrazándose fuerte del torso de Valentina para que esta no pudiera alejarla de su escondite.

Y Valentina rio abrazándola también.

-Nunca me toqué porque me dijeron que eso era malo- Confesó aún escondida.

- ¿Por qué sería malo?

-Mis papás eran religiosos y decían que m-masturbarse era malo- Ella ni siquiera podía decir la palabra sin avergonzarse nuevamente.

-No lo es, es peor entregarse a alguien sin amor.

-Pero aquí estoy, es la vida que me tocó- Juliana se encogió de hombros restándole importancia.

-Eso podría ser diferente- La menor soltó con total sinceridad.

- ¿Cómo? - Ella quería saber, estaba realmente interesada.

-Pues... - Y Valentina también quería decirlo.

Sin embargo, la alarma de Juliana la interrumpió.

Valentina debía irse.

Debía dejarla en manos de ese bastardo con la inseguridad de poder encontrarla al día siguiente con nuevas heridas de maltrato. Y ella no quería eso, le había costado tanto quitarle esas marcas de violencia como para que de un día a otro su esposo le hicieran nuevas.

Pero no podía hacer nada más.

Nada más que irse.

Estéril || Juliantina (G!P) •AdaptaciónDonde viven las historias. Descúbrelo ahora