Las duras palabras de Juliana aún resonaban en la cabeza de Valentina, había sido como una apuñalada directo al corazón, ella se había ido de su vida.
Para siempre.
Eso dolía, sin duda lo hacía, ahora Juliana esperaba un hijo con un hombre al cual Valentina odiaba con su alma entera, estaba tan lastimada y tan molesta, no con Juliana, definitivamente jamás lo estaría con ella, Valentina estaba molesta con el destino que a ambas les había tocado, porque ella sabía que Juliana había sido la indicada, era la persona correcta, simplemente la había conocido en el momento equivocado, si tan solo hubiese llegado cinco años atrás, si tan solo ella fuera su esposa, sabía que eso era algo imposible, pero Valentina estaba segura de que la vida de Juliana no tenía por qué haber sido así, ella era una persona bastante buena para sufrir de esa manera, era como un ángel que el mundo no merecía y sabía que el hecho de que la mayor la hubiese sacado de su vida era a causa del miedo de que su esposo se enterase de la relación que ellas habían tenido y mucho peor cuando ahora Juliana estaba a punto de formar una familia con él.
Todo se había ido a la mierda, Valentina debió sospecharlo, había sido demasiado bueno para ser verdad, Juliana era demasiado buena para ella, sabía que no la merecía, pero quien menos la merecía era el hombre que estaba casado con ella, una injusticia total que la vida le restregaba a Valentina en la cara.
Le era difícil concentrarse al momento de dar sus clases, pues en las noches después de terminar su turno se iba a ahogar sus problemas en alcohol a un bar y regresaba a casa totalmente ebria para terminar con una gran resaca al día siguiente, y nuevamente repetía la rutina, una rutina tan sencilla, pero tan miserable, mañanas con dolores de cabeza, mareos, e incluso vómitos en algunas ocasiones, tardes de trabajo con la mente bastante distanciada de lo que realmente debía hacer y nuevamente noches con exceso de alcohol.
Creía que podía lidiar sola con toda su mierda, pero hoy, precisamente hoy después de casi un mes con una rutina bastante desgastante terminó casi inconsciente en aquel mismo bar, estaba tan alcoholizada, toda la gente se había ido ya, pero ella seguía tirada en la barra pidiendo más bebida cuando el empleado ya le había dicho que debía retirarse.
-Llamen a Mari- Valentina pidió entregando su celular al empleado que le insistía en que ya era hora de volver a casa.
Y el joven lo hizo, tomó aquel celular para buscar entre los contactos a alguien llamada Mari.
El teléfono de Mari sonó despertándola a altas horas de la madrugada, no entendía la repentina llamada de Valentina, sin embargo, supuso que nuevamente Valentina necesitaba desahogar los bajones que por las últimas semanas estuvo teniendo, entonces contestó.
-Señorita, le hablo desde Privilegio Bar para pedirle si podría venir a recoger la dueña de este celular, está muy ebria y nos pidió que le llamásemos a usted- La voz de un chico sonó al otro lado de la línea.
-Cuanto lo siento, en unos minutos estoy ahí- Mari respondió y colgó la llamada comenzando a levantarse a toda prisa para ir en busca de su amiga.
Un par de minutos después llegó a dicho bar y bajó de su auto para entrar y buscar a Valentina.
-Llamen a Mari- Valentina seguía pidiendo sin poder si quiera abrir los ojos.
-Dios mío Valentina, pero, ¿Qué te pasó? - Mari preguntó preocupada al llegar hasta donde Valentina se encontraba.
-Llamen a Mari- La menor pidió de nuevo aferrándose a Mari.
-Soy yo, mi vida, yo soy Mari- Ella habló tiernamente intentando llamar la atención de Valentina.
Pero todo parecía en vano, pues Valentina ni siquiera abría los ojos.
Entonces Mari suspiró y se las ingenió para sacar fuerzas de donde no las tenía y cargar a Valentina hasta su auto.
Odiaba ver a su amiga de esa manera, le dolía que Valentina recurriera a la bebida en lugar de recurrir a ella.
Fugazmente echó un vistazo al asiento del copiloto mirando el rostro relajado de una Valentina dormida. ¿Quién pudo haberle hecho tanto daño a su alma gemela? Era verdaderamente doloroso.
Una vez llegó a casa aparcó su auto en el estacionamiento y nuevamente reunió todas sus fuerzas para bajar a Valentina del auto y llevarla al interior de su hogar no sin antes quitarle los zapatos.
"Maldición, sería incómodo si duermo en el sofá, pero tampoco puedo dejarla aquí tirada en la sala" Mari pensó aun teniendo a Valentina en brazos.
-Solo no me vomites, por favor- Mari pidió llevándose a Valentina hacia su habitación y sin más la dejó sobre su cama para después entrar ella a su lado.
Iba a dormir dándole la espalda hasta que sintió la mano de Valentina sujetar firmemente su cadera y tirar de ella.
-Hola guapa, ¿Quieres un mojito con limón? - La menor habló dormida.
-No mierda, ya no estás en ese bar- Mari la regañó quitando la mano de Valentina de su cuerpo para minutos después sentir a Valentina entrelazar sus piernas y abrazarla.
Y Mari rio levemente volteándose para abrazarla de frente. Valentina parecía una niña pequeña queriendo dormir entre los brazos de su madre para ser protegida de cualquier pesadilla.
-Apestas a alcohol- La mayor se quejó antes de cerrar sus ojos mientras acariciaba el cabello de su amiga hasta quedarse dormida.
Afortunadamente Valentina no vomitó sobre Mari aquella noche, descanso tranquilo bajo los cuidados de Mari y despertó por el sonido de la puerta siendo abierta viendo a la mayor entrar con una bandeja de comida para ella.
-Qué bueno que despiertas, estoy a punto de irme al trabajo - La mayor habló dejando la bandeja en la mesita al lado de la cama.
-Mi cabeza duele demasiado- Valentina se quejó frotándose los ojos.
-Daté una ducha, cepíllate los dientes y tómate la pastilla que te traje antes de desayunar.
-Lamento molestarte de esta manera- La menor se disculpó notando todo el esfuerzo que Mari había hecho por ella.
-No es nada, sabes que siempre estaré para ayudarte.
-Yo... - Valentina hizo una pausa -Creo que volveré a Inglaterra.
- ¿Qué mierda dices? ¿Por qué? - Mari se alarmó.
-Tal vez no logré adaptarme a la vida mexicana, además, últimamente no me va muy bien en el trabajo.
-Mira, yo también he tenido problemas en el trabajo últimamente, pero no por eso dejaré algo que realmente vale la pena, Valentina tú tienes el trabajo que muchos desean, no puedes desperdiciarlo solo porque sí- Mari habló sentándose en la orilla de la cama mientras miraba a Valentina de frente.
-Mari, no lo entiendes, estoy pasando por un momento difícil.
- ¿Es por la chica con la que te veías todos los días?
Valentina guardó silencio por unos segundos para después asentir lentamente.
-Nunca me dijiste su nombre- Mari recordó esperando a que Valentina lo dijera.
-Y será mejor que no lo diga, simplemente debería olvidarla.
- ¿Y dejarme con la duda? - La mayor insistió.
-Bueno...
Entonces Valentina lo pensó, no había problema alguno con decirle a Mari, Juliana no era la única mujer con ese nombre y no es como si Mari la conociera, entonces, ¿Por qué no decirle? No encontraba nada de malo con hacerlo.
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Estéril || Juliantina (G!P) •Adaptación
Fanfiction𝘿𝙚𝙨𝙥𝙪é𝙨 𝙙𝙚 𝙘𝙞𝙣𝙘𝙤 𝙖ñ𝙤𝙨 𝙙𝙚 𝙢𝙖𝙩𝙧𝙞𝙢𝙤𝙣𝙞𝙤, Juliana 𝙘𝙤𝙢𝙞𝙚𝙣𝙯𝙖 𝙖 𝙨𝙚𝙧 𝙫í𝙘𝙩𝙞𝙢𝙖 𝙙𝙚 𝙫𝙞𝙤𝙡𝙚𝙣𝙘𝙞𝙖 𝙙𝙤𝙢é𝙨𝙩𝙞𝙘𝙖 𝙥𝙤𝙧 𝙥𝙖𝙧𝙩𝙚 𝙙𝙚 𝙨𝙪 𝙢𝙖𝙧𝙞𝙙𝙤, 𝙦𝙪𝙞𝙚𝙣 𝙡𝙖 𝙖𝙘𝙪𝙨𝙖 𝙙𝙚 𝙨𝙚𝙧 𝙞𝙣𝙘𝙖𝙥𝙖...