Capítulo 31. Con el lodo hasta el cuello

3 1 0
                                    

Ya no caminábamos después ese susto que casi nos costó la vida. Ahora corríamos por toda aquella vieja desolación. Era indispensable llegar a algún refugio antes de que cayera la noche, aún no sabíamos dónde estaban esos túneles ni si realmente se podía salir por ahí. Estábamos arriesgando todo.
Corríamos por parajes llenos de animales diurnos nuevos para nosotros, hasta Max se sorprendía con ellos, lo que me dio a entender que realmente no había explorado ese paisaje o a menos que hayan aparecido criaturas nuevas que él apenas descubría.
Llegamos a una loma donde podíamos ver un planicie al fondo, y más allá, cerca a unas montañas vimos árboles o sus ramas, por estar tan lejos tardaríamos en llegar allá como en tres horas, no veía que se movían, quizás por la distancia en que estábamos.

Nos detuvimos a tomar agua. El sol ya nos daba calor, y los lentes arcoíris se empañaban y se estaba volviendo difícil ver.

—Si seguimos como vamos, en unas tres horas llegaremos allá.

—No veo edificaciones alrededor, si nos topamos con la noche, ¿Dónde nos refugiaremos? —Pregunté.

—Buena pregunta.

—Al llegar veremos.

—¿Qué? Viste esas criaturas, casi nos matan, ¿Qué tal si nos topamos allá con algo peor? —Habló Sam.

—Kasandra no dijo que hubiera peligro en los árboles bailadores.

—Max, tampoco nos dijo sobre los dinosaurios y mira lo que pasó.

—¿Entonces qué hacemos? No veo algo que nos sirva de refugio. La última construcción quedó atrás como a una hora, si quieren regresar perfecto, pero en cuanto a mí, seguiré adelante.

—Hasta donde yo sé, los que quieren salir de aquí, como sea, somos nosotros. Max, ¿Por qué quieres salir de aquí? —Preguntó Emma.

—Quisiera saber que dirías tu si te encerraran en algo como esto lleno de criaturas salvajes que solo quieren comerte todas las noches.

—Pero has dicho que aquí se vive mejor —Dije.

—No cuando antes de entrar aquí, dejé afuera a mi familia. Mi esposa y mi hijo quedaron afuera, no pude tan siquiera decirles dónde estaba yo. Han pasado más de cien años y aún tengo la esperanza de ver aunque sea sus tumbas. Desde que me dijeron que ese Suero Azul puede dar longevidad, he pensado ciegamente que ellos podrían haber sido inyectados y aún viven. Estén muertos o vivos quiero saber de ellos. Y ustedes, al llegar aquí, me han dado más que esperanzas para seguir adelante. Por eso, con ustedes o sin ustedes, llegaré a ese túnel, o buscaré otra salida. Si pude infiltrarme en la nave de Colossus de Katamoto, lo puedo hacer también en Lithium. Ya nada ni nadie podrá detenerme.

Lo ví tan decidido que lo seguí animando a mis amigos a hacer lo mismo.
Bajamos corriendo el acantilado hasta llegar a la planicie donde seguimos corriendo. Los animales se apartaban de nosotros asustados. Una manada de lo que parecían elefantes, se cruzó en nuestro camino, eran elefantes verde oscuro,  sus enormes orejas eran como hojas gigantes ahuecadas, cuernos como mamut, y figuras azules por todo su cuerpo. Los pasamos sin detenernos.
Mis muslos se estaban poniendo duros y fuertes de tanto correr, siempre nos parábamos, a tomar agua para hidratarnos.

Pero frente a nuestro camino, estaba una grieta de como dos metros de ancha por donde corría un arrochuelo de lodo y, Emma cayó en él.

—¡Diablos! —Gritó ella.

—¡Estás bien!

—Sí, sáquenme de aquí antes de que me llene más de barro.

En apariencia, lo profundo de la grieta le llegaba más arriba de los tobillos, pero estaba apretada en el barro.

Agua Grande. Zona Restringida. (Completa)Donde viven las historias. Descúbrelo ahora