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Piper.

Tempestad corrió por la carretera, mientras que Blackjack volaba en las alturas y Simeón se había sumergido en una carrera con las sombras, y casi se había esfumado cuando corrió sin pausa como un ciclón por las carretera, Piper no podía ver a este ni a su jinete desde hace un rato.

Afortunadamente, no se cruzaron con ningún coche, ya que podrían haber provocado un accidente. En un abrir y cerrar de ojos, llegaron al indicador de los cincuenta y un kilómetros, que era idéntico al que Piper había contemplado en su visión.

Simeón ya estaba allí relinchando cuando se detuvieron, y su jinete ya había desmontado. Blackjack aterrizó. Los dos caballos piafaron sobre el asfalto. A ninguno de los dos parecía hacerle gracia que se hubieran detenido tan de repente, justo cuando habían cogido el ritmo.

Tampoco parecía hacerles gracia que Megara y su corcel hubieran ganado la competencia no tacita que habían armado los chicos.

Blackjack relinchó.

—Tienes razón —dijo Percy—. Ni rastro del tío del vino.

—¿Perdón? —dijo una voz procedente del campo.

Tempestad se giró tan rápido que Piper estuvo a punto de caerse.

El trigo se abrió, y el hombre de la visión apareció. Llevaba un sombrero de ala ancha decorado con vides, una camiseta de manga corta morada, unos pantalones color caqui y unas sandalias con calcetines blancos. Aparentaba unos treinta años y tenía una barriga incipiente, como un miembro de una fraternidad que todavía no se hubiera percatado de que la universidad había terminado.

—¿Me ha llamado alguien el «tío del vino»? —preguntó, arrastrando las palabras perezosamente—. Me llamo Baco, por favor. O señor Baco. O dios Baco. O, en ocasiones, «Dioses míos, por favor, no me mate, señor Baco».

Percy espoleó a Blackjack para que avanzara, aunque al pegaso no pareció entusiasmarle la idea.

—Ha cambiado —dijo Percy al dios—. Está más delgado. Tiene el pelo más largo. Y su camiseta no es tan chillona.

— Es porque es Baco, i-d-i-o-t-a— Megara deletreo con burla, mientras Percy miraba mal a esta— Osea el señor D de su forma romana. Eso indica que esta del lado mas fastidioso seguramente.

El dios del vino miró a ambos chicos entornando los ojos.

—¿De qué rayos habláis? ¿Quién son vosotros, y dónde está Ceres?

—Hum... ¿Qué seres?

— ¿Deméter?— arqueo una ceja confusa Megara.

—Creo que se refiere a Ceres —apuntó Jason—. La diosa de la agricultura. Vosotros la llamáis Deméter —saludó con la cabeza respetuosamente al dios—. Señor Baco, ¿se acuerda de mí? Le ayudé con aquel leopardo que había desaparecido en Sonoma.

Baco se rascó su barbilla rechoncha.

—Ah... sí. John Green.

—Jason Grace.

— Así que aquí tampoco cambia sus malas costumbres— Bufo por lo bajo Megara.

—Como te llames —dijo el dios—. ¿Te ha enviado Ceres?

𝐁𝐋𝐀𝐂𝐊 𝐂𝐎𝐃𝐒©── ᴊᴀsᴏɴ ɢʀᴇᴄᴇDonde viven las historias. Descúbrelo ahora