Cuidados

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Al regresar a la casa en donde todos convivían, el grupo entero estaba demasiado cansado como para seguir con planes o con cualquier platica referente al tema, Leo y Guillermo se dirigieron al cuarto del argentino.

Leo fue a la ducha y empezó a preparar la tina, mientras esta se llenaba el argentino humedeció varias toallas, regresó a la cama en donde Guillermo se encontraba entado con la vista aun perdida en recuerdos.

−Voy a limpiarte y luego te metés en la tina, eso va a relajarte −Pronunció el argentino mientras se paraba frente al moreno quien solo asintió en respuesta.

Pero antes de que Leo empezara con su labor, Guillermo detuvo su mano y le vio a los ojos, decidido a insistir con la pregunta que le carcomía la conciencia.

− ¿Has matado a alguien, Leo? −Cuestionó suavemente. El argentino soltó un suspiro y se soltó del agarre de Guillermo empezando a limpiar sus brazos.

−Hace algunos años sí −Respondió de manera suave mientras empezaba a limpiar el cuello del moreno y cambiaba la toalla sucia con otra limpia− Hubo muchas situaciones en donde era la única opción, no hablo de las pesadillas, a veces incluso las mejores personas pueden ser monstruos personificados.

−Por eso hace unos meses me dijiste que no solo ustedes eran los malos ¿no? −Sentía la delicadeza con la cual Leo le limpiaba, era tan suave cada toque que le relajaba, sabia como cuidarlo cuando se sentía agotado, simplemente un ángel.

−Algo así, además de intentar distraerte claro −Sonrió mientras pasaba a limpiar el rostro del mayor−Sé lo que es matar por beneficio, también sé como es sentirse cansado emocionalmente después de matar a alguien, solo querés paz, limpiarte la sangre, respirar algo que no sea el olor seco de la sangre o de algún cuerpo sin vida, sé lo que es querer que te digan que no cambiaste al matar.

Continuó con trazos suaves en su rostro, con suavidad limpiaba sus pómulos quitando cualquier rastro de sangre seca.

−Sé que es difícil al principio y sientes que algo murió en vos −Sostuvo el rotro de Guillermo y lo vio con tanto amor que el moreno estaba seguro que podría ver corazones en sus ojos. −Pero vos no mataste a una persona mi Guille, acabaste con sombras que lo único que harian era destruir cualquier vida con la que se topara y se alimentaria del miedo de cada una. Vos no sos mala persona, solo cumplís con protegernos a todos.

Dijo de una manera tan dulce que Guillermo no pudo evitar tomar la cintura del argentino y hundir su rostro en su abdomen, respirando profundo aquel aroma corporal, que, a pesar de tener algunos olores desagradables por el sudor y sangre, el simple olor a canela y fresas no se iban del cuerpo de su ángel. No podía creer aun como era que las personas lo tachaban de alguien con un alma irrompible y dura, ese maravilloso humano era tan dulce como la miel. Ese pensamiento le estaba haciendo querer llorar, su maravilloso angelito tenía sus alas lastimadas y él no estuvo allí para cuidarlas.

−Tú tampoco eres mala persona −Soltó, deteniendo los mimos que el argentino hacia en su cabello −No lo eres, solo eras un niño que estaba con miedo, en realidad todos eran unos niños que tenían miedo, eran unos chamaquitos que necesitaban que alguien les protegiera. Mi pequeño ángel ¿Recibiste suficiente amor? ¿Han cuidado de tus alas?

Poco a poco el argentino fue hundiendo su rostro en los suaves rizos intentando tragarse el enorme nudo en su garganta. ¿Dónde había estado su maravillo sol en todos esos años? Su cuerpo comenzó a temblar por intentar resistir el llanto.

Sintió como el mexicano poco a poco se levantaba de la cama y lo cargó, lo llevó hacia el baño en donde la tina ya estaba más que lista, el agua estaba en su punto y Guillermo se encargó de quitar las prendas sucias de aquel pequeño ser que también deseaba ser cuidado. Su corazón se encogió al ver que algunos moretones estaban en su pálida piel, acaricio con suavidad sus brazos descubiertos, sin ninguna intención más allá de querer darle amor a esa piel suave y maltratada.

Los villanos no son malos   (Mechoa)Donde viven las historias. Descúbrelo ahora