Poco más de veinte años atrás, las tierras de Dexias fueron visitadas por un tipo muy especial, el destino lo llevo a este gran desierto y tiene labores importantes que cumplir para asegurar el futuro. Una gran tormenta levanta violentamente la arena, gigantescos tornados se forman moviéndose como si tuvieran vida propia. Una enorme sombra surca los cielos y es perseguida por otra del mismo tamaño, repentinamente un fuerte gruñido hace temblar toda la zona. Una ráfaga de llama azul cae a la arena, quemando una extensa área.
- ¡JAMÁS ME DOBLEGARE ANTE TI! – Una tosca voz recorre los cielos y una de esas sombras desaparece repentinamente, algo cae del cielo tratándose de una espada gruesa, así se clava en la arena.
- Lestrad, ese no es mi objetivo... Tan solo deseo ayudarte con ese dolor. - Una silueta aparecía de entre la arena, tomando la espada se trataba de Julián.
Dexias fue una de las paradas de Julián en el pasado, su vida estuvo llena de problemas pero eso lo veremos poco a poco. En esta ocasión Julián se dirigió a las profundidades del desierto para desplegar su habilidad sin que nadie pudiera salir lastimado. Han pasado unos días desde que llego pero no ha avanzado en lo que desea hacer.
Por ahora nos centraremos cuando Julián llego a los pequeños pueblos del desierto, el último de estos fue Samir, la cual está ubicada al norte de Dexias. Él sale por una ruta nunca antes caminada, sacando una cantimplora toma lo último de ella.
- Ahhh... No hay mejor entrenamiento para la resistencia que el desierto... ― Viendo al pueblo frente a él ―Rayos, parece que me apresure en llegar. – Julián avanza con desanimo hasta el pueblo.
Todas las calles están vacías, a simple vista parece un pueblo de delincuentes. Las personas que miran caminar a Julián se asombran de ver el emblema de su hombro, con una expresión de sorpresa se alejan de él. Julián entra en una taberna y todos se callan al verlo, tras sentarse en la barra el cantinero tomo su orden, al poco tiempo se la dieron.
- Ya deseaba algo de alcohol... ― Unos seis tipos lo rodearon ― ¿Se les ofrece algo? – Pregunto Julián despreocupadamente.
- No nos agradan los mili... – Lo último que vio ese hombre, fue un puño dirigiéndose a su rostro.
En unos instantes se escucharon golpes y gritos provenientes de la taberna, luego varios cuerpos fueron arrojados por la puerta. Al final salió Julián con su bebida en mano, con la otra arrastraba a un hombre.
- Quería descansar un poco pero parece que el trabajo no me dejara. ― Afuera de la taberna había un gran número de ladrones, los civiles miraban escondidos desde sus casas. ― Parece que demorare más que en los otros pueblos... – Todos los ladrones se lanzaron sobre Julián y él únicamente término su trago con calma.
Antes de entrar al desierto, recibió la orden de limpiar los pueblos de todos los criminales. El último pueblo que le quedaba era Samir, este se volvió un nido de ladrones que mantenían cautivas a las personas como rehenes.
El inclemente sol bañaba la tierra con sus rayos, Julián se vacío un balde de agua encima para bajar su temperatura. Los ciudadanos se acercaron temerosamente a él, en su camino encontraron los cuerpos de los ladrones desmallados.
- Muchas gracias señor soldado ― Todas esas personas se inclinaron ante Julián. ― Por meses vivimos apresados por esos delincuentes. – Le dice un anciano.
- ¡NO SEAN ESTÚPIDOS Y LEVÁNTENSE!... Es el trabajo de Labras velar por su gente, pero si continúan con esa aptitud solo le quitaran valor a lo que hacemos por ustedes. – La voz de Julián se escuchó fría y resonó en todos ellos.

ESTÁS LEYENDO
CAMINO: Hacia un cielo azul.
FantasyAgradecimientos a @GirlGR por la portada, muchas gracias por el tiempo y esfuerzo que le pusiste. Misteriosas muertes en la ciudad de Ataka, desvelan los misterios de una familia y da inicio a la búsqueda de Adrián... Despertando después de tres año...