-Segunda parte de Castigo Escarlata-
Después de miles y miles de años, la vampiresa Gally Dimmock al fin ha logrado obtener lo que tanto anheló en el pasado: libertad. Lamentablemente, al cumplirse su deseo, todo lo que alguna vez amó le fue arrebat...
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*Separador: Gally*
—¿Entonces nos vemos en tu casa o la mía?
Me quedé estática al escuchar aquello del no muy listo cazador frente a mí. Llevaba en su mano derecha cuatro cruces. Desde que las había visto mi mal humor se había disparado y mi desagrado por el intruso solamente crecía y crecía.
Otra de las cosas que más odiaba de la modernidad en Lunae, era que los cazadores podían ir y venir de su planeta a Lunae como se les diera la gana, incluso muchos de ellos ya vivían aquí.
Estúpidos cazadores.
Estar tan cerca de alguien como él me hacía tener pequeñas cosquillas en mis manos, y cada vez se hacía más insoportable.
Me era difícil evadir los recuerdos que no me pertenecían, y todos de aquella...
Agh.
—Tengo que irme— Dije ignorando su pregunta.
—Pero el trabaj-
Lo dejé con la palabra en la boca y salí casi corriendo hacia la cafetería. Me dirigí hacia el gran refrigerador con grandes vasos llenos de sangre y tomé un par que comencé a beber mientras caminaba hacia una mesa para sentarme y degustar bien de mi fuente de energía. El cosquilleo en mis manos comenzó a menguar mientras el líquido recorría mi sistema.
Sal de mi cabeza de una vez, cazadora...
Cerré mis ojos con calma y muy a mi pesar, flashazos de lo que pasó en aquella otra vida llegaron a mí, me asaltaron recuerdos que no me pertenecían pero que se sentían tan míos que dolían como la mierda. Sus manos, sus besos, sus ojos...
El cosquilleo volvió tan rápido como las imágenes aparecieron, pero no dejé que pasara más tiempo, por lo que tomé ambos recipientes con el espeso líquido y los bebí con más rapidez de la que debí. Fui por otro par y ahí mismo los ingerí, mientras la señora encargada de la cafetería me miraba con preocupación.
Cuando al fin logré sentir que todo en mi cuerpo y mente estaba más calmado, salí de la cafetería y me dirigí hacia mi auto.
Tengo que salir de este lugar.
Manejé unos cuantos minutos hasta que logré entrar en la orilla del espeso bosque que rodeaba la manada Hell Hound. Salí del auto y me metí lo más profundo que pude al lugar, esperando que no hubiera nadie cerca.
Los árboles que me rodeaban me permitieron comenzar a relajarme. Tomé asiento en el suelo y cerré mis ojos, permitiéndome sentir mi cuerpo, comencé a escuchar la sangre corriendo por mis venas, aquella que me hacía capaz de seguir caminando en este plano.
Hacer esta clase de cosas solía fortalecer mi espíritu, ayudarme a tomar el control y mantener a raya la fiera que seguía intentando volver a tomar posesión de mí, como tantos años lo hizo en el pasado.