Un chico de Westalis y una chica de Ostania se conocieron en un campamento y, sin saberlo, plantaron una semilla que, al principio, no parecía tener importancia. Pero, con el tiempo, lo que habían iniciado creció en algo más profundo: una historia q...
Sinopsis: Un chico de Westalis y una chica de Ostania se conocieron en un campamento y, sin saberlo, plantaron una semilla que, al principio, no parecía tener importancia. Pero, con el tiempo, lo que habían iniciado creció en algo más profundo: una historia que comenzaron a compartir juntos.
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Sabía que sus padres podían discutir; no tenían problema en levantar la voz delante de él, pero esperaba que eso no pasara durante las vacaciones. Aunque no era algo nuevo, en el campamento no tenía una habitación donde esconderse si su padre empezaba a llamarlo cobarde.
«Se supone que las vacaciones son para descansar».
Ignoró la discusión que aumentaba y optó por salir de su campamento para distraerse. Las voces de sus padres se desvanecieron a medida que avanzaba entre los árboles y observaba otras familias con sus tiendas. Dado que era una zona controlada, no era algo extraño; sin embargo, sintió un escalofrío al ver una bandera de Ostania ondeando en la distancia.
Como chico de Westalis, sintió que su cuerpo se tensaba, como si fuera una señal de peligro.
Inquieto, se adelantó más hasta que escuchó el sonido del agua. Pasó entre algunos arbustos y llegó a un arroyo donde vio su reflejo en el agua cristalina. Sin embargo, reconoció otro reflejo a poca distancia.
—¿Eh? —balbuceó confundido al ver la escena. Después de un momento, levantó la mirada.
Al otro lado del arroyo, estaba una chica. Su cabello estaba recogido con un lazo amarillo, con solo dos mechones sueltos a los lados de su rostro. Vestía un traje rojo con un cuello blanco y tenía la misma expresión de temor que él ante un extraño.
Él se quedó allí, mirándola. Más tarde, pensaría en la importancia de ese primer encuentro.
—Hola —logró decir, finalmente, con un poco de miedo.
Fue ella quien le echó un vistazo en ese instante, sus ojos se movían entre el arroyo y lo que sostenía en las manos. Después de un momento, exclamó:
—¡Hola! —le saludó agitando la mano y lo observó con una sonrisa en el rostro.
El chico comprendió que ella quería que se acercara, así que comenzó a cruzar el arroyo, sin preocuparse de que el agua lo mojara.
—¿Estabas juntando ramas? —preguntó al ver que una de las manos de la chica estaba ocupada.
—Sí, quería construir un refugio. Me encanta la naturaleza —confesó ella.
—A mí también —dijo él, inclinándose sobre el agua para recoger una rama grande.
La chica lo miró con sorpresa cuando lo vio tomar la rama.
—¿Me ayudarías?
Él asintió, y ella soltó una carcajada divertida, haciéndole señas para llevarlo al lugar que había elegido para construir el refugio.
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Nota de la autora: Saludos. Esta historia fue revisada y ha tenido algunos cambios. Antes era llamada "Campamento" se le cambió al nombre de "Creo que hay algo" y tiene una sinopsis nueva.