Cuando despertó el suave y característico sonido de las ramas siendo consumidas por el fuego y el olor a humo la hicieron despertarse enseguida. Lo primero que vio fue una estela de colores en el cielo que iban del colorado a un anaranjado suave. Los colores de un hermoso amanecer. La brisa matutina le acarició la cara obligándola a pestañear un par de veces.
Luego de unos segundos, se incorporó confundida y se frotó los ojos. Estaba envuelta en una fina manta, la tela que le hacía de techo estaba enganchada a unas ramas en la parte superior de su cabeza y a los lados, formando una pequeña tienda improvisada. Quitó la manta de su cuerpo, su pierna estaba mucho mejor, pero seguían en proceso de desinflamación. La colocó por encima de sus hombros y salió de la tienda.
En efecto, el fuego resquebrajaba una montaña de ramas apiladas, la imagen le pareció una postal magnífica. El cielo vestía los colores del amanecer, rosados y anaranjados, en combinación con una hoguera pequeña pero bien armada a unos metros de ella, y un par de troncos largos y gruesos colocados frente al fuego como butacas descansaban a su alrededor.
–Pero mira quién se ha levantado.
Leia se giró y vio a Killian viniendo desde el costado derecho, seguía sin camisa, y sostenía un gran cargamento de leña. Troncos pequeños, de diferentes tamaños y formas. Se ajustó la manta a su alrededor, y volvió la vista al frente.
–¿Dónde estamos?, ¿por qué no está el barco aquí?
–Estamos del lado este de la isla, ayer estábamos del lado oeste. Parece que tu búsqueda desesperada te alejó más de lo que te acercó a nosotros –dijo alzando las cejas, mientras dejaba caer la leña cerca de ella. Luego se tomó la camisa que colgaba de sus jeans y la usó para limpiarse el sudor y la humedad de la cara y el cuello.
–No lo entiendo, volví por el camino que habíamos hecho –o eso creí.
Él sonrió con amabilidad, y se acercó para sentarse junto a ella.
–No te preocupes, nosotros también nos perdíamos a menudo aquí. Lleva unos años conocer la estructura y la flora de la isla lo suficiente como para no perderte.
Killian rio ante los ojos grandes de la chica que lo miraban frunciendo el ceño.
–Vivimos nuestra infancia aquí, o bueno, en la casa donde estamos. Cuando nos enseñaron a conducir tenders, mi hermano y yo comenzamos a venir seguido con amigos, a tomar, reír. Hacíamos hogueras, contábamos historias de terror, y bueno...–sonrió con nostalgia y un brillo divertido se reflejó en sus ojos–, otras cosas.
–Ajá, sí, me imagino. No necesito los detalles.
–No te emociones, no iba a dártelos –dijo mirándola de costado con un tono de picardía en la voz mientras tragaba un buen sorbo de agua de un pequeño termo que había sacado de su bolsa.
Leia frunció los ojos y le dedicó una sonrisa de pocos amigos levantando las comisuras de su boca en una mueca sarcástica. Si alguien le hubiera dicho que terminaría perdida en una isla desierta salvada por uno de los hermanos Gallagher de la reconocida firma G&Co, se le hubiera reído en la cara.
Él sonrió y luego le paso la botella. Ella tomó y se la devolvió. Luego volvió la vista al mar, intentando evitar el contacto visual.
–Gracias por ayudarme. Enserio.
Soltó ella al cabo de un rato. Se sentía mal por la escena que habían montado la otra noche. ¿Quién era ella para reprocharle a quién le daba peluches?, había sido un símbolo de paz, una tregua, no una declaración de amor. Había estado tan apartada de la sociedad, encerrada en su burbuja ermitaña, que olvidó por completo las formas de amistad y perdón de alguien con intenciones y motivaciones diferentes a las sexuales.

ESTÁS LEYENDO
Las redes del prejuicio
Lãng mạnDesde pequeña Leia se vio obligada a defenderse en las calles de su barrio antes de siquiera aprender a contar. Y antes de cumplir la mayoría de edad su hermano mayor, y la única figura paterna que jamás ha tenido y que ha sabido cuidarla y proteger...