Dejar ir

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Había acordado con Chöchö que tenían que borrar los números de los respectivos teléfonos, tenían que dejar de seguirse y hacer como si nada de eso hubiese pasado, por el bienestar de los dos. Pero Sumire fue la única que lo había cumplido, Chou no tuvo el corazón de hacer esa acción, aunque fuese por el bienestar de Sarada.

La semana había llegado a su fin, ella tuvo que encargarse de Kawaki nuevamente, cuidándolo, estando al pendiente de sus ataques de pánico y la ansiedad del abandono, fue una acción que no le pesó, porque estaba tomando responsabilidad de sus errores. Pero cuando lo vio salir sin decir nada, supo que iba en su búsqueda, quiso ir, pero Chigo la detuvo en el camino.

—¿No aprendiste?—Le dijo regañándola—Sí él te necesita, te lo hará saber

Sumire suspiró, y se recostó en la barra.

—¿Me puede ayudar?

—Perdone, perdone, una disculpa por mi distracción. Le regalo una galleta como disculpa, dígame ¿En qué puedo servir?

—Sí, quiero un caldo de camarón

—Lo siento señor, con toda la pena del mundo, no tenemos esa especialidad aquí

—¿Y no puede prepararlo? Me habían dicho que tenían eso

—Solo es aguachile lo que tenemos, le pido nuevamente una disculpa

Estaba a punto de responder que buscaría los ingredientes cuando Chigo se metió—Con gusto podemos llevarle el aguachile a la mesa si es lo que desea, o una michelada de camarón, pero mi compañera le explicó que no contamos con eso que desea, si gusta sentarse enseguida le llevaremos el platillo, o existe la opción de que revise el menú ¿Qué es lo que desea hacer?

La persona se retiró de ahí molesta, maldiciendo la pésima atención

—No puedes complacer a todos, ni hacer que el mundo gire alrededor de sus deseos

Sumire se sintió mal, odiaba esa creciente necesidad de dar más de lo que no podía, siempre obligándose, olvidándose de ella misma por el bienestar de los demás.

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Ay, ay, ay, vieras como duele que me pregunten por ahí, que, si como he estado, ahora que terminamos, me da un chingo de güite y no se disimular—Observaba a Kawaki gritando

—¿No sé supone que están juntos?—Preguntó Ada, señalando a Sumire

—no lo reconozco—Le confesó a Ada un poco preocupada, la culpa no la dejaba dormir

—¡Ay ay ay, me duele tanto! ¡Ya pagué con llanto no haber sido un santo, pero no te apiadas de mí!

—De verdad, creaste un monstruo—Le dijo Chigo, viendo como lloraba Kawaki, abrazando a Iwabee, quería hacer sentir mal a Sumire, que recapacitara en sus acciones, pero no podía ser tan cruel

—Me siento terrible con lo que hice, de verdad no debí meterme, deseo pronto encontrar una solución

—Sum sum, deja de maternarlo, no es tu deber andar tras él, no es un niño pequeño—Le dijo Chigo tratando de aminorar la culpa, odiándose a sí misma por sus comentarios hirientes—Te has desvivido por Kawaki ¿Dónde quedas tú, reina? Si lo habías dejado ir ¿Por qué ahora? ¿Es que quieres quedarte en ese papel toda tu vida?

—No entiendo porque haces que me sienta como si lo que le brindara no fuera suficiente o estuviese errado

—Tiene razón—Dijo Ada—Déjalo, el dolor es el único recuerdo que le queda de Sarada, no se lo quites

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