Capítulo 306

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J: Hay que avisar a Manu. El también debe estar al corriente de todo esto.

+ Ya lo he hecho.

Asiente conforme.

J: Me instalaré con ella.

Confirma.

J: Avísame lo que sepas de ese cretino.

+ No lo dudes.

Tras un apretón de manos nos despedimos. Todavía tengo varios recados antes de coger el vuelo.

Narra Malú

Estoy terminando de preparar la comida cuando suena el timbre, y aunque me obligo a mantener la calma, me sobresalto al no esperar a nadie.

- ¿Pero tú que haces aquí?

Beso las mejillas de mi hermano dejándole pasar.

J: Olía desde casa esa comida y no me he podido resistir.

Bromea.

J: Al final mamá te ha enseñado bien y todo.

Ríe metiendo el morro en la olla. Ya me gustaría cocinar como ella.

- Lo que tiene ser la favorita.

Le chincho.

J: Que va, ese soy yo.

Arremeta.

J: A ti te da la receta y a mi me lo prepara ella.

Argumenta competitivo.

- A mi también, pesado, pero estás mayor para apañarte un poco sin mamá.

Me río. Hace años vive solo, pero no pierde oportunidad de llevarse tupers llenos de comida cuando visita a nuestra progenitora. La cocina no es lo que más le gusta.

J: Justamente por eso ahora vine a verte a ti.

Me hace reír y ruedo los ojos. Que tonto es.

J: Tengo que aprovechar que el churri te da unos días de libertad para dárselos yo también a mamá.

- Eres tonto.

Aseguro risueña. Encantada de tenerle conmigo.

J: Bueno, cuéntame que tal va todo.

Se sienta en una banqueta junto a la isla atacando las uvas que tenia allí.

- Que aproveche, ¿eh?

Me río nuevamente. De niños nos pasábamos las horas haciéndonos de rabiar. Ahora también, pero de una manera completamente diferente.

J: Es que te tardas mucho y el hambre se presenta.

- Bueno, guapo, tampoco te esperaba. No te quejes.

J: Oye, ¿sabes que papá viene a Madrid?

- No, no sabía.

J: Me dijo que quería verte.

- Yo no.

J: Malú no vas a poder evitarle toda la vida. Lleva intentando hablar contigo desde que pasó lo que pasó.

- Tampoco exageremos.

Me quejo.

- Que en estos meses ha venido tres veces a Madrid y no a verme a mí.

Le recuerdo.

- Que dentro de su agenda quiera meter un par de horas con su hija no le hace un gran padre.

El hecho de que solo me busque cuando sus obligaciones le traen por aquí solo empeora las cosas.

- Si su interés fuese verme no vendría únicamente cuando tiene recados por la capital.

J: Ya.

Deja de insistir.

Desde que la verdad de papá salió a la luz, José tampoco tiene la relación de antes.

- ¿Pero hoy qué pasa, que a esta casa viene todo Dios sin avisar?

Me pregunto acercándome al telefonillo. El timbre vuelve a sonar.

Todos los secretos (Segunda parte)Donde viven las historias. Descúbrelo ahora