1. El secuestro.

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Maya Backer. 

Mis párpados pesan, mi cabeza duele debió a la sustancia que usaron para dormirme antes de traerme aquí. Cuando al fin logro abrir los ojos el candelabro que hay justo sobre mí casi me dejan ciega, con rapidez muevo mis ojos de un lado a otro para inspeccionar donde estoy, pero no lo reconozco y la alarma se enciende en mi interior. 

¿Dónde diablos estaba?

 Cuando intento levantarme mi cuerpo está paralizado, no puedo moverme, mi corazón empieza a saltar desenfrenado, la desesperación innunda todo mi sistema. Dios ayúdame, ayúdame empiezo a llorar porque es lo único que puedo hacer. De repente toda mi atención posa en la puerta cuando está, es abierta. La figura que aparece es familiar, Gerd .

Estatura alta, contextura media delgada, pues sus músculos se podían notar aún con esa ropa media holgada. Unos brillantes ojos color grisáceo acompañados de unas cejas bien pobladas, cabello castaño claro, piel blanca y labios carnosos. El chico del cual me había enamorado y traído aquí. 

¿Qué quería de mí?

Él y yo ya habíamos terminado, de hecho él lo hizo, porque ahora me traía aquí de esta manera. Si quería que lo perdone definitivamente, no lo lograría de esta manera. Y de repente veo entrar a otra chica que tenía muy buenos atributos, un maquillaje perfecto. En sí todo en ella gritaba soy un bombón. 

—Ya sabes lo que tienes que hacer— Gerd habla con voz tan gruesa que no lo reconozco.

—Ya sé lo que debo hacer, no sé por qué está aquí señor.—se pega al cuerpo de Gerd y los celos me invaden. Se acerca mas a Gerd y veo como él muerde el labio de la morena antes de separarse por completo. 

¿Qué demonios piensa? ¿Para qué me trae aquí? 

—Te veo después Lorena—le da una nalgada antes de irse. Definitivamente me deja desconcertada. Él no se parecía nada al chico que conocí. 

—Hola, mi nombre es Lorena— se acerca a mí y no puedo evitar mirarla mal.

—Hay niña, no me digas que estás celosa por Gerd.—ríe como si fuera muy gracioso. 

—¿De qué te ríes?—pregunto confundida. 

—Niña, ese hombre no es de una sola mujer, es de todas— me advierte y hay cierto sentimiento de resentimiento en su mirada. 

—¿Por qué estoy aquí?—pregunto con temor a la respuesta. Acaba de recordar lo que Gerd había dicho antes de terminar conmigo. 

«Te amo, pero si seguimos juntos tarde o temprano te haré tanto daño que me odiaras, y me odiaré también por permitir que te hagan daño» 

No sabía a lo que se refería, no lo sabía. 

—Maya, acabas de caer en manos de unos hombres despreciables.—trago grueso y muero de miedo.—Estás aquí porque te venderán al mejor postor. Estamos dentro del tráfico de mujeres.

 Ahogo un sollozo desesperado mientras trato de levantarme, pero apenas logro sentarme, más no mover mis piernas. 

—¿Tráfico de mujeres? No, no puede ser. Gerd no pudo hacerme esto, no.—me niego a creerlo. 

—Ya lo hizo niña. 

Lágrimas gruesas de desesperación caen por mis mejillas. Quiero huir, pero mis piernas no responden, empiezo a golpearlas para que reaccionen, pero la chica que está aquí conmigo me detiene. 

—A los clientes no les gustan los moretones Maya.—me sostiene las manos. 

—Me vale, me iré de aquí. 

AMOR INMARCESIBLEDonde viven las historias. Descúbrelo ahora