Una vez lejos del alcance del barco mercante, sabiéndose a salvo de Kyman y con Adit en su poder, los piratas soltaron un grito de alegría pura. Sin perder un solo instante, fueron en busca de los barriles repletos de ron, bandejas repletas de comida y los instrumentos para la música. Iban a celebrar su victoria a lo grande en la cubierta de su barco.
También trajeron un sombrero y una chaqueta simulando los antiguos trajes de los piratas. Harto de las burlas por su parche y viendo que iba a ser el payaso de la fiesta, Adit se arrancó el parche y lo lanzó al suelo con furia. Dejándoles ver a todos la completa ausencia de su ojo, unas pequeñas cicatrices producidas por la extracción a los lados de su cuenca vacía y los parpados ligeramente entrecerrados. Después de la escenita y antes de recibir cualquier tipo de reacción por parte de sus captores, Adit se adentró en el barco en busca de algún lugar alejado de todos donde poder permanecer en paz mientras esperaba a que Kyman llegase a rescatarlo.
Los piratas miraron a su capitán, esperando órdenes en completo silencio.
—DEJADLO IR. DESPUÉS DE TODO, NO HAY UN LUGAR AL QUE PUEDA HUIR. CONTINUEMOS CELEBRANDO NUESTRA VICTORIA.
Adit escuchó aquello perfectamente, luego, solo pudo escuchar gritos, alaridos y música. Él intentó alejarse todo lo que pudiese del ajetreo, recorriendo los pasillos del barco y abriendo varias habitaciones vacías hasta llegar a la bodega. Esta estaba demasiado desordenada. En la entrada se apilaban cientos de cajas y estanterías, creando pequeños y estrechos pasillos por los que pasó hasta llegar a una zona más amplia y con unas pocas cajas. Allí había una lámpara y unas mantas. No parecía que ninguno de los piratas pudiese llegar hasta allí con facilidad por lo grandes que eran, por lo que dudó que alguno de ellos fuese a aparecer por allí. Aun así, prefirió no tocar aquello que había y solo se sentó en una esquina a esperar.
Sin tener nada que hacer, no pudo evitar pensar en cómo hubiesen ido las cosas si en vez de obedecer a Kyman y permanecer cautivo, hubiese tomado la iniciativa y se hubiese marchado de vuelta al barco. Si hubiese luchado de verdad, en vez de obedecer ciegamente. Tenía por seguro que no se encontraría en aquella penosa situación.
Las horas pasaron y el hambre y la sed se hicieron presentes. Sabía que en algún momento tendría que salir de su escondite en busca de comida, pues tenía presente que ellos no se iban a preocupar por alimentarlo. Estaba más que seguro que ninguno de ellos se preocuparía por mantenerlo saludable y con vida. Aunque, si lo habían secuestrado en vez de matarlo, debía de ser por alguna razón. ¿Tenderle una trampa a Zayre? Pero ellos eran solo unos piratas de tres al cuarto. Ellos no podrían hacerles frente a sus tíos y sus subordinados. Entonces, ¿qué iban a hacer con él? ¿Se lo entregarían a otra persona más poderosa? ¿Lo venderían a los enemigos de Zayre?
El repentino sonido de pasos y metal chocar lo sacaron de sus pensamientos. Al levantar la mirada hacia la única entrada, Adit vio a un chico humano de diecinueve años, de piel ligeramente bronceada, ojos cubiertos por unas gafas oscuras y una gorra que le recordaba las que llevaban los ancianos de la casa para protegerse del sol. El cabello de este era largo y de color castaño claro. Él era bastante más alto que Adit, sin embargo, su físico no parecía el de alguien fuerte, ni la postura desgarbada que llevaba, por lo que Adit supuso que no sería un problema derrotarlo.
Este chico era Wayn, el único grumete del barco pirata.
—Espero no haberte asustado —comentó Wayn—. Supuse que tendrías hambre, así que te traje un poco de arroz con carne y un poco de agua.
Wayn llevaba una bandeja con dos platos de metal y dos botellas de agua. Dejó uno de los platos y una de las botellas sobre una caja y fue a sentarse sobre otra caja alejada tanto de la comida como de Adit. Adit frunció el ceño por el acto. Sabía que era algo que la situación requería, pues cualquier adolescente en una situación así estaría aterrado y desconfiaría de cualquiera que se le acercase, pero él no era un adolescente normal. Por lo que, con el ceño fruncido, cogió su plato y botella y se sentó en frente de Wayn. Al ver su forma de actuar, Wayn no pudo evitar reír. Le hizo gracia ver la rabieta de Adit y la mueca que se le asemejó a un puchero hecho por un niño pequeño.
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Hasta el Infinito Parte 2
Science FictionDespués de 3 años, Adit vuelve a emprender un viaje por el espacio. Esta vez, acompañado de Kyman y teniendo que ir por caminos seguros para ocultarse de los peligrosos enemigos de su tío Zayre. Aparentemente, un viaje de un año simple, sin embargo...