Capítulo 40: Walt Disney y Harry Potter.

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A Liam le darán el alta esta tarde, pero yo ya no estaré aquí para verle. Sus padres me han dicho que viajarán esta misma noche a Bath. Pobre Liam. Quizás vaya a visitarlo cuando los dos estemos en Bath.

Tengo tantas cosas que hacer en Bath y tan poco tiempo —cuatro días contados, al quinto vuelvo—: tengo que celebrar el cumpleaños de Lauren con mi madre, Bruce y la propia Lauren; visitar a mi padre y a mi hermanastro, quién nació hace unos meses atrás; visitar a mi familia, sobre todo a mi abuela, ¡tengo muchísimas ganas de verla! También me gustaría pasarme por Johnson's, para ver a Allan, y por mi antiguo Instituto, para ver a mi profesora de matemáticas, la Sra. Miller -nunca la he llamado por su nombre, cogí la costumbre de llamarla Miller, ella no quiere que ponga el "señora" delante- y a algunos compañeros y amigos que dejé allí, quiero ver a mis primos Jake, Emily y Andy... Y creo que eso es todo por ahora.

¡Ah sí! También tengo que recoger el teclado de Gemma. ¿Pesará mucho un cacharro como ese? Espero no romperlo, y si lo hago, le compraré otro a Gemma y asunto areglado.

"Aún no lo has tocado y ya estás pensando en el remedio para cuando lo rompas."

Es cierto.

Apago el grifo de agua caliente y salgo de la ducha. Me seco con una toalla y me visto rápidamente. Me seco el pelo y lo aliso con la plancha. Voy a la cocina y allí encuentro a Lucy leyendo un libro mientras desayuna.

—Lucy, ¿has visto a Ruth? —Le pregunto pasándome la mano izquierda por el pelo.

—En el balcón está. —Levanta la vista.— Te queda muy bien el pelo así.

—Gracias. —Le guiño un ojo. Bajo la mirada hacia la portada del libro que sujetan sus manos.— ¿Harry Potter?

—Así es, ya sabes que me gustan mucho las películas y los libros. Espero poder conocer a Rowling algún día.

—Iré contigo ese día. Ojalá pudiese hacer magia como Harry Potter... —Pienso en voz alta.

—¿Decías? —Me mira dejando el conjunto de hojas de papel en la mesa al lado de su plato.

—Nada en absoluto.

Recorro el pasillo y atravieso el salón para llegar hasta el pequeño balcón que tiene unas vistas un poco feas, pues solo se ven casas y coches pasando, ni mar ni montañas. Ruth apoya sus codos en la media pared del balcón, la cual se corta a la altura de su cintura para dejar paso a lo que es, en realidad, el balcón y sus vistas. Sacude el cigarro, las cenizas caen de él y se van volando con el viento.

—Ruth. —Me pongo a su lado, no contesta, empezamos bien.— Ruth, tenemos sólo cinco minutos antes de que me vaya por cuatro días. —Hago una pausa para dejar que hable pero ella sigue concentrada en la casa unifamiliar de en frente y pasa de mí, sin embargo, sé que me está escuchando.— Siento mucho si esta situación ha podido llegar a ser motivo de malentendido, pero os he repetido mil veces que no me interesa Joe.

—No es eso, Anne —me mira—. Lo que me molesta es que no me hayas avisado.

—¿De qué?

—Tú sabías que a mi me gustaba Joe y no me dijiste nada, toda esta conversación deberíamos haberla tenido antes.

—¡Yo no sabía que te gustaba Joe! —Digo alterada.— Compréndeme... -Suspiro.

—No pierdes oportunidad.

—¿Qué quieres decir?

—No pierdes oportunidad para liarte con cualquier chico que se fije en ti. —Me mira con tristeza y odio en su mirada.— Aprovechas que eres guapa y puedes conseguir todo lo que te propones.

El Susurro de AnneDonde viven las historias. Descúbrelo ahora