capitulo 4

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Después de la exposición, Izuku aceptó la invitación de Bakugo para ir a su casa. A pesar de las constantes peleas y comentarios de Bakugo, algo en su interior le decía que era una buena oportunidad para estar más cerca de él fuera del entorno escolar. Izuku sentía una mezcla de emoción y nerviosismo, sin saber muy bien qué esperar, pero con la esperanza de aprender algo nuevo sobre el temperamental Omega que lo intrigaba.

Cuando llegaron a la casa de Bakugo, Mitsuki estaba en la cocina. Había una atmósfera tranquila en la casa, sin embargo, el ambiente de la tarde se sentía algo tenso por la novedad de la visita.

—¿Quién es este, Katsuki? —preguntó Mitsuki, dándole un vistazo rápido a Izuku mientras continuaba limpiando.

Bakugo solo dio una mirada fugaz hacia su madre antes de contestar con su característico tono:

—Es Midoriya. Un compañero de clase. No te preocupes por él. —Su tono no era hostil, pero se notaba que no quería perder tiempo con detalles innecesarios.

Izuku sintió un leve nudo en el estómago, sin saber si la fría recepción de Mitsuki estaba destinada también a él, o si solo era su manera de actuar. De todas formas, se inclinó y murmuró un tímido saludo:

—Hola, señora Bakugo. Es un placer conocerla.

Mitsuki asintió apenas sin mirar mucho a Izuku, no por indiferencia, sino porque ya estaba acostumbrada a que Katsuki trajera amigos raros.

—Bienvenido, hijo. Haz lo que quieras. —Respondió, levantando la vista por un segundo, antes de volver a concentrarse en su quehacer.

Bakugo ignoró la interacción y llevó a Izuku a su habitación, donde la atmósfera parecía un poco menos tensa. Al entrar, Izuku notó que la habitación de Bakugo tenía una vibra particular. Aunque estaba desordenada, había una energía en ella que reflejaba su carácter: agresiva, fuerte y directa. En un rincón, unas cajas con equipo de entrenamiento estaban apiladas, lo que era una clara señal de que Bakugo no solo era un buen estudiante, sino también alguien comprometido con su entrenamiento.

—¿Vamos a jugar videojuegos o qué? —preguntó Bakugo, dándose vuelta con cara de indiferencia pero claramente esperando que Izuku tomara una decisión.

Izuku asintió, aliviado de que Bakugo pareciera estar relajado y dispuesto a pasar un buen rato.

—¡Sí! Claro —respondió, sonriendo mientras se sentaba en el suelo junto a la consola. Nunca había estado en la habitación de un compañero de clase sin una presentación formal o un trabajo escolar involucrado. Esto era algo nuevo, y aunque estaba nervioso, también se sentía emocionado.

Al principio, se dieron unos momentos tranquilos mientras conectaban la consola y empezaban a seleccionar qué jugar. Izuku no estaba del todo familiarizado con los videojuegos que Bakugo prefería, pero se vio rápidamente enganchado por la energía y competitividad que su compañero traía.

—Te voy a ganar —anunció Bakugo, sonriendo de lado mientras Izuku seguía luchando por entender todos los controles del juego.

Durante el juego, Bakugo mantenía su actitud desafiante y bromista, constantemente burlándose de Izuku cuando fallaba. Sin embargo, había una chispa de complicidad en sus palabras, algo que Izuku no pudo evitar notar. Las tensiones del día parecían disiparse a medida que el juego avanzaba y las risas de Izuku se mezclaban con las bromas pesadas de Bakugo. Era un momento extraño pero cómodo.

Después de un rato, decidieron hacer una pausa en el juego y mirar una película, ya que Bakugo había sugerido que no sería malo relajarse después de todo. Izuku estaba un poco sorprendido, ya que nunca imaginó que Bakugo podría disfrutar de las películas, pero estaba feliz de no estar siendo presionado constantemente con las expectativas de seguir su propio ritmo.

Se acurrucaron un poco en el sofá que Bakugo tenía en su cuarto, ambos más cómodos de lo que esperaban, a pesar de que el ambiente estaba algo cargado. Izuku se sentía raro, casi como si su cuerpo estuviera aún en alerta debido a la proximidad de Bakugo. No obstante, había algo en el aire que lo mantenía cautivado. Probablemente fue la facilidad con la que Bakugo estaba consigo mismo.

—Nunca pensé que serías tan tranquilo viendo algo como esto —comentó Izuku, mirando la pantalla y luego dirigiendo su mirada hacia Bakugo.

—No soy un maldito animal. Puedo disfrutar de una buena película, ¿no? —respondió Bakugo con su típica actitud ruda, pero su tono no era hiriente. Era… más suave de lo que Izuku había esperado.

Ambos se sumieron en la película, disfrutando del tiempo compartido sin necesidad de hablar mucho más. A pesar de todo lo que había alrededor, este tipo de momentos de calma empezaban a mostrar a Izuku una nueva faceta de Bakugo. Sabía que estaba comenzando a verse atraído por el chico rudo que aún tenía esa chispa de vulnerabilidad cuando no estaba presionando a nadie, y no podía evitarlo. Por alguna razón, estar con Bakugo lo hacía sentirse más vivo.

Al cabo de un par de horas, la película terminó y Bakugo apagó la TV.

—¿Me vas a devolver la derrota del videojuego de hace rato o no? —bromeó Bakugo, inclinándose hacia adelante con esa mirada tan característica en él, llena de desafío.

Izuku sonrió con algo de nervios, notando cómo el corazón latía más rápido por la cercanía.

—Tal vez… —respondió con su tono típico, tratando de sonar relajado.

—Vas a perder. —Bakugo sonrió con picardía, pero en su mirada había un toque de algo que no se atrevió a decir. Esa conexión, aunque sutil, comenzaba a brotar. Algo estaba cambiando y no era solo la dinámica de los videojuegos.

Izuku, por su parte, sentía que su corazón estaba a punto de salir disparado, pero también se sentía listo. Sabía que sus sentimientos por Bakugo no iban a irse así como así, y mientras ellos dos compartían la misma sala, la tensión en el aire sólo crecía.

La tarde pasó volando, y al final, con las luces de la casa apagadas y la risa de Bakugo resonando en los oídos de Izuku, algo seguía allí entre ellos: esa energía silenciosa y el deseo de compartir algo más profundo que simples bromas.

El único ante mis ojos [dekubaku omegaverse]Donde viven las historias. Descúbrelo ahora