Capítulo |29| -Thomas.-

861 73 12
                                    

-Vive como si la vida se te fuera a ir hoy, hoy mismo.-

.

Observe a mi bebé. Era increíble lo tranquilo que era. Podía solo dejarlo ahí, y no lloraba. Lo único que hacía era estar quieto... era tan hermoso. Único.

Su cabello, sus ojitos, su naricita, sus orejita, sus manitas, sus piecitos, su barriguita. Sin duda todo de mi bebé era hermoso.

Estábamos él y yo, en la cama, solos sin nadie. Mientras yo estaba observándolo y él me observaba a mi. Sin duda teníamos una conexión única. Y amaba eso. Acaricié su mejilla, mientras lo escuchaba balbucear. Si, mi bebé trataba ya de comunicarse conmigo.

Tenía a mi bebé conmigo todo el tiempo. Todo el tiempo. Y era hermoso. Desde poder alimentarlo, bañarlo, cambiarlo yo, solo yo, sin nadie que quiera llevárselo lejos. Era increíble.

Mi bebé, era lo más tranquilo, y bien portado. Las únicas veces que lloraba, era cuando sus padres los cargaban. Y era curioso... porque eran sus padres. Pero después, se fue acostumbrando, ya no lloraba, y se le veía feliz, muchas veces reía.

Me gustaba verlo así, ellos y mi bebé, no parecían unas malas personas.

La reina venía todos los días, sin falta. Venia a ver a su nieto, lo cargaba, lo besaba, lo abrazaba, le traía regalos, miraba que esté bien. Y volvía a irse. A mi bebé no le gustaba estar mucho en brazos. En ningunos, solo en los míos. Y por eso lloraba. Y a mi no me gustaba escucharlo llorar.

Sus cabellos cada día eran más, poblando toda su cabeza de una densa melena amarilla. Sin duda tenía lo más hermoso para mi. Solo para mi.

Mis esposos, llegaban siempre temprano, todos los días, diciendo que ya es hora de mi bebé, llegaban, se bañaban ellos, cosa que me sorprendió bastante, ya que ese era una de mis obligaciones, bañarlos. Pero después de eso, de que estén limpios, cargaban a mi bebé, haciendo un sin fin de muecas y cosas raras para hacerlo a él reír. Y lo hacía, escuchar su risa era melodía a mis oídos, y ver su sonrisa sin dientes, derretía mi corazón de ternura y amor.

No me paraba mucho de la cama, ya que mis piernas siempre temblaban, y tenía miedo de caerme con mi bebé en brazos.

La reina, había dicho que yo no podía tener relaciones de esposos por mucho tiempo, y aunque sabía que no había pasado mucho tiempo, si había ocurrido. Y yo no podía hacer nada. Después de todo, ellos eran mis esposos, y mi única obligación era obedecerlos. Complacerlos.

Stefan, había dicho que no podía decirle a Thomas que habíamos echo eso, mientras yo, la verdad no sabía que pasaba. Mientras Thomas, me había dicho que no le importaba que no eran los cuarenta días, que él podía hacer lo que quería.

Y yo... pues solo me dedicaba a cuidar de mi bebé, y que nada le falte.

La familia de Stefan venía mucho, haciéndome sentir incómoda, por no estar acostumbrada a estar tan rodeada de persona. E igual tampoco me gustaba que cargaran tanto a mi bebé. Porque al hacer eso, solo lo molestaban, lo estresaban. A él no le gustaba estar en brazos ajenos.

Y... el hermano de Stefan, aún seguía viniendo, y me hacía sentir infeliz, merecedora de castigos sin yo hacer nada, porque cuando él venía, no había nadie en casa, solo yo. Y aunque todas las veces yo me escabullía con mi bebé debajo de las cálidas colchas. Ya estaba cansada. O las veces que estaban mis esposos, él ni me miraban. Estaba cansada de eso. No quería un castigo por culpa de él.

Y las veces que iba a decirle a Thomas, siempre me acobardaba, siempre lo hacía porque no quería recibir un castigo.

|

-¿Cómo está el príncipe de papá?- escuché a Thomas decirle a Elijanh. Y sonreí. Esté estaba acostado a boca arriba, con mi bebé alzado, y esté no paraba de reír, mientras su padre le decía cosas bonitas y lo meneaba con cuidado en el aire. Yo estaba también en la cama, pero más bien sentada, mirando la escena, quería tener algo para poderla capturar para siempre. Era una escena bien bonita.

Stefan no... no había vuelto, que porque según tenía mucho trabajo. Yo me la pasé en cama. Porque últimamente sentía un dolor muy fuerte en la columna. Tan fuerte que me hacía permanecer en cama.

Aún recuerdo la primera vez que me había parado de la cama, luego de tener a mi bebé. Desde que puse los pies en el piso, me había caído al piso, dándome un gran golpe en la cara. Había mucha sangre, y la cabeza me dolía a horrores. Y desde ese día. Siempre esperaba estar un poco mejor, o que fuera una emergencia muy urgente.

La verdad estaba bien... si, bien, no tenía que estar de arriba para abajo, encargándome yo sola de esta gran casa. Ni tenia que estar todos los días de pie a ese fuego en la cocina. Sabía que en algún momento iba a volver a esa vida, y en el fondo la extrañaba, era algo que desde pequeña me habían enseñado. Así que mientras yo no hacía eso, estaba disfrutando estar en cama todo el tiempo con mi bebé.

Quería quedarme así, para siempre. Sin un Thomas agresivo, sin un Thomas que por todo golpeaba, por todo lastimaba. A veces me preguntaba el porqué él era así, tan.. él. En esos momentos, parecí otra persona, tan diferente, tan amable, tan feliz. No tenía esa cara que siempre tenía de odioso, ni usaba ningún lenguaje feo estando frente a mi bebé, ni tampoco usaba su mano golpeadora. Era como si mi bebé, lo había cambiado. Simple y llanamente cuando está él ahí. Porque desde que mi bebé no está, Thomas seguía siendo el mismo de siempre.

-Tiene hambre.- dijo Thomas mientras yo salía de mis pensamientos, y tomaba al bebé que comenzaba a llorar, que él me pasaba. ¿Estaba tan lejos que no escuché a mi propio bebé llorar?

Lo acomode en mis brazos, mientras lo alimentaba. Esto ya era una práctica normal. Algo que hacía todos los días, cada momento, cada instante. Si dejo de ser algo extraño, nuevo o raro para mi.

Y se convirtió en una de las actividades favoritas para hacer con mi bebé. La otra era cuando se quedaba completamente dormido en mi pecho.

Sin duda, ser madre de un bebé niño, era lo mejor.

Al terminar de alimentar a mi bebé, volví a acomodar mi camisón, y lo puse a él en mi hombro, para sacarle los gases. Era divertido escucharlo, y tierno.

Lo que no era divertido era cambiarle el pañal, ese ya lo hacía por puro compromiso.

|

Acababa de acostar a mi bebé, pero esta vez, en su cuna. Y tenía su dedito dentro de la boca, no sabía si eso era sano, correcto o que. Pero no veía que él le hacía daño a nadie, así que lo dejaba.

Si era una cama, muy pequeña, pero grande para él. Tenía unos barrotes para que mi bebé no saliera, y era alta, así no tenía que agacharme tanto.

Iba a arreglar la cama, ya era tiempo de cambiarle la cobijas, y todas esas cosas, ya que, quería ponerle otras limpia, que olieran bonito.

Y al quitar la primera cobija, escuché la puerta abrirse. Y...

¿Qué hacía él aquí?
¿Por qué nadie me aviso?

|

Bueno Eli, que bueno que viviste un poco la buena vida. 🤯

Cap corto... pero no se me pongan tristes.

El pecado de ser mujer.Donde viven las historias. Descúbrelo ahora