Capítulo 6: No me mires

32 4 0
                                    

Le daba pequeños sorbos al café, viendo como los camareros no dejaban de ir de un lado al otro

¡Ay! Esta imagen no sigue nuestras pautas de contenido. Para continuar la publicación, intente quitarla o subir otra.

Le daba pequeños sorbos al café, viendo como los camareros no dejaban de ir de un lado al otro. El café abarrotado, pese a ser una mañana laboral, dejaba ver a simple vista lo popular que se había convertido en el último año, pasando de ser una cafetería que en un inicio solo tenía de media unos tres consumidores dentro del local, a tener una cola larguísima esperando en la puerta cuando era hora punta.

Y no era sorpresa de nadie, pues la comida estaba de muerte. Además, la gente hoy en día buscaba sitios bonitos, para publicar en redes sociales el hallazgo que habían hecho, por lo que la remodelación que el café tuvo hará unos meses fue de gran importancia en el crecimiento de clientela.

¿Y es que quién iba a descubrir el café tan bueno que hacían si lo único que buscaban era un lugar estéticamente precioso para alardear?

Mi paladar notó las sutiles notas de vainilla y canela cuando el caliente líquido empezó a pasar por la garganta, sintiendo el alivio y la felicidad de mis papilas gustativas que, al igual que cada semana, disfrutaban del glorioso sabor de ese café.

— Tengo cinco minutos de descanso, explícamelo todo — Maite apareció casi corriendo, quitándose el delantal y sentándose enfrente mío. Su pelo rubio cobrizo estaba atado en una coleta alta, bastante despeinada por todo el movimiento que demandaba trabajar como camarera en una cafetería tan popular.

— ¿A qué te refieres con todo? — Pregunté extrañada, tomando un sorbo de mi café — ¿No íbamos a hablar de mi oficialmente nuevo trabajo? —

— Inicialmente, sí, pero cuando has entrado por esa puerta — Señaló la puerta de entrada — Con unas ojeras que parece que alguien se pudiera dormir una siesta en ellas como si fueran hamacas, estaba claro que hay algo más que me has de explicar — Su dedo se movió hasta señalarme las dos ojeras. Yo suspiré divertida ante tal exageración

— Por favor, ni siquiera están tan mal como lo estuvieron — Rodé los ojos, divertida

— ¿Así que han estado peor? Madre mía... — Inquirió con una ceja alta, mientras que sus ojos verdes me miraban interrogantes

— ¿De todas formas cómo sabes que no ha sido por el estrés de si me cogían o no en la universidad? — Interrogué

— Porque te conozco como la palma de mi mano, y tú no te pondrías ni la mitad de estresada de lo que estuviste para verte así — Dictó como si fuera lo más obvio, mientras cogía mi taza y le daba un sorbo — Así que ya me puedes ir explicando —

— ¡Oye, que ese café me ha costado casi cinco euros! — Bramé cuando volvió a darle un sorbo

— Es lo que tiene que el sitio sea tan popular — Suspiró actuando como si le importara mi berrinche — De todas formas no te quejes, que muchas veces te doy un trozo de pastel gratis — Con su dedo presionó ni ceño, queriendo que dejara de fruncirlo.

Suspiré y me apoyé con el respaldo de la silla.

— No es nada grave, solo un capullo que tengo como vecino y que se piensa que es normal poner rock a todo volumen a las tantas de la noche— Rodé los ojos, esta vez de la ira, al pensar en tan molesto sujeto

Almas PasadasDonde viven las historias. Descúbrelo ahora