Capítulo dos.

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Aleric Vitale.

Clavó esos dulces ojos marrones en mí y tuve que contenerme para no ponerme de pie, acercándome a ella. La había estado observando desde que llegó, a punto de perder el control cuando noté que las manos de Steve le recorrían el cuerpo con tanto fervor.

Seguramente su piel era suave.

Sacudí la cabeza, aclarándome la garganta y la morena que estaba sobre mi giró para verme. Una sonrisa perversa se extendió por sus labios e hizo el ademán que iba a acercarse a mi cuello, pero antes de siquiera hacerlo la quité. Le dije que volviera a la fiesta. Abrió sus ojos como platos y se fue sin decir algo. Tampoco es como que pudiera.

Volví a centrar mi atención en Bianca Conti.
Estaba distinta, llevaba el cabello negro, le caía por la espalda y se veía jodidamente deliciosa. Ese vestido había estado volviéndome loco toda la noche. Su piel expuesta, casi a mi merced. Disfruté la forma en la que se paralizó en su lugar cuando le permití mirarme mejor, quería que supiera que yo también estaba allí. Agradecí que me reconociera, por un momento pensé que el shock del momento no se lo permitiría. Sin embargo, bastó con que clavara mis ojos en ella para descubrir que ese no había sido el caso.

Si bien no me dediqué a hostigarla continuamente con el pasar de los años, siempre estuvo en mi radar. Jamás intenté hacernos coincidir, sólo me aseguré que estuviera a salvo. Luca la visitaba de vez en cuando, sin que ella supiera, por supuesto. La observaba de lejos, lo suficiente como para entregarme un reporte de su estado.

Había estado obsesionado con la chica cuatro años.
Cuando supe que tenía diecisiete años, las alarmas se encendieron en mi cerebro.
Ahora estaba frente a mi, con veintiuno, mirándome por debajo de esas oscuras pestañas.

Estuvo bebiendo, probablemente se encontraba al borde de lo borracha. Entonces, se mordió el labio inferior, como si se tratara de una invitación peligrosa, y sentí que las reservas abandonaban mi cuerpo. Me puse de pie, queriendo ir hacia ella, pero Luca aparece frente a mi y bloquea el capo de visión. Lo miro, queriendo matarlo, y la preocupación en su rostro me trae de vuelta a lo racional.

— ¿Qué ha pasado?

— Atacaron la casa de Morello —espeta, con un teléfono pegado a su oído—. Hirieron a seis de los nuestros.

Bastó con que dijera eso para que desapareciéramos del local, lo sentí mucho por él, era un evento importante. Sin embargo, la determinación en su rostro para llegar al final de esto disipó cualquier indicio de empatía que pude sentir. Hirieron a los nuestros, esto no iba a quedarse así.

Salí de la discoteca con Bianca en mi mente.
Maldita sea.

Llegamos a la casa de Morello y con lo que me encontré, terminó por sacarme de quicio.
Esos malditos extraños en mi ciudad habían declarado la guerra.
Y yo estaba dispuesto a aceptarla.

Los días transcurrieron y me dediqué a idear un plan que efectuaría una vez que terminara de atar los cabos sueltos, tenía que salir perfecto. De lo contrario, estaría jodido y nadie podría salvarme esta vez. Suspiré, teniendo la cabeza contra las manos cuando Luca ingresa a mi oficina.

— Necesitas dormir.

— Y tú necesitas no ser un dolor en el trasero.

Suelta una carcajada y se sienta frente a mi, expectante. Parecía que tenía algo que decirme.

— Escúpelo ya.

— Fui a visitar a Bianca —comienza, haciéndome mirarlo al instante—. Ya sabes, lo habitual.

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⏰ Última actualización: Aug 15, 2023 ⏰

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