Prólogo

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Mis ojos enrojecidos se clavaron en el cuerpo inerte que reposaba ondulado sobre el suelo, su figura estaba destrozada, marcada por heridas y moratones, y la sangre que manchaba todo me mareaba. Un torrente de emociones me invadió: rabia, miedo, confusión. La sangre pintaba un cuadro espeluznante en el suelo, marcando la brutalidad del acto.

No podía apartar la vista de sus ojos vacíos que parecían acusarme desde la muerte. Me acerqué a él, el corazón latiéndome con violencia mientras veía cómo la sangre brotaba de su cabeza ensangrentada. Mi mente estaba en caos y el pánico me asfixiaba.

De forma casi despectiva, escudriñé su cuerpo inerte, aunque no sabía si era el residuo del alcohol en mi sistema, sentí como si un peso se aliviara de mis hombros. Me sentí invadido por una mezcla enfermiza de alivio y repulsión.
Sin pensarlo más, abandoné el sucio callejón, lanzando un último vistazo al cadáver que dejaba atrás.

(...)

Quedé paralizado, allí estaba él, sentado junto a Tweek, su sonrisa repugnante marcada en su rostro. Estaba vivo, ¿cómo era posible? Hace apenas un día, había presenciado su cuerpo sin vida, la sangre aún fresca, su pulso inexistente. ¿Por qué ahora se encontraba allí? Yo lo había matado, era un hecho.

Su cuerpo sin vida estaba fresco en mi memoria, la sangre aún en mis manos. Pero allí estaba, como si la muerte no lo hubiera tocado. Me enfrenté a su mirada, nuestros ojos se encontraron en un escalofriante intercambio. Su sonrisa me traspasó, como si supiera que yo había sido su verdugo hace apenas horas.

¡Oh, Dios mío! ¡Mataron a Kenny! (Twenny/creek)Where stories live. Discover now