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Me encontraba recostado en mi cama, esperando con impaciencia la llegada de Tweek

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Me encontraba recostado en mi cama, esperando con impaciencia la llegada de Tweek. Los domingos se habían convertido en nuestro ritual; una tarde para compartir risas viendo vídeos graciosos de caídas estúpidas y disfrutando de antiguos capítulos de Red Racer. El sonido insistente del timbre resonó varias veces en mis oídos y me levanté de la cama con una prisa nerviosa. No quería que mi madre se adelantara y comenzara su ronda de preguntas incómodas y comentarios intrusivos.

Mis pies se movieron rápidamente, casi enredándose entre sí mientras descendía las escaleras. Finalmente, llegué a la puerta y me detuve para recobrar el aliento, al mismo tiempo que ajustaba mi chullo con destreza. Justo cuando estaba a punto de agarrar el pomo de la puerta, mi madre apareció de la nada, me empujó suavemente a un lado y abrió la puerta de par en par.

—¡Tweek! ¡Qué alegría verte, cariño!—exclamó mi madre con un tono dulce y efusivo, apartándose para permitir que Tweek entrara.

—Hola, señora Tucker...—Suspiré mientras sentía la incomodidad en el aire, observando al chico rubio que pronunciaba esas palabras con su habitual nerviosismo. A pesar de que ya habíamos alcanzado los dieciocho años, sus tics nerviosos aún persistían, aunque había notado cierta mejora en ellos. Con dedicación, logré persuadirlo para que redujera su consumo de café, aunque no tanto como yo hubiera deseado. Limitarlo a solo 5 tazas diarias fue un pequeño triunfo.

—Oh, cariño, sabes que puedes llamarme Laura —Percibí la mirada ansiosa del chico rubio, claramente buscando una vía de escape. Suspiré y le tomé la mano.

—Vamos a mi habitación, así no nos molestan —anuncié en mi característico tono monótono mientras comenzaba a subir las escaleras.

—Está bien, pero dejen la puerta abierta —dijo con un comentario que ya se había convertido en una especie de lema para nuestros padres en los últimos meses, insinuando que estábamos en "esos años."

Tembló ligeramente cuando cogí su mano, podía sentir la tensión en su cuerpo mientras caminábamos hacia mi habitación. Cada paso que dábamos parecía una pequeña batalla contra sus propios nervios. Aunque su voz seguía temblorosa, era reconfortante escucharlo llamarme por mi nombre. Al entrar a mi cuarto, le ofrecí una sonrisa tranquilizadora, intentando disipar su incomodidad.

Con frustración ignoraba la orden de mi madre y cerraba la puerta con forcejeo, intentando que mi madre oyera mi mensaje claro.

—¡Agah! ¡T-tu madre dijo q-que dejarás la puerta abierta!—Se sobresaltó asustado al oír el portazo.

—No tenemos que hacerles caso en todo, cariño.—Comenté con calma mientras me acercaba a la jaula de Stripe y lo liberaba en la habitación.

¡Oh, Dios mío! ¡Mataron a Kenny! (Twenny/creek)Where stories live. Discover now