Mal día.

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Viernes 11 de marzo 10:46AM.


El calor era tan fuerte esa mañana que incluso respirar se sentía pesado, el aire acondicionado no alcanzaba para mermar la temperatura dentro del edificio y —aunque estuviera en el onceavo piso— desde los ventanales podía ver las pequeñas ondas traslúcidas que se levantaban desde el asfalto y danzaban hasta desvanecerse en el cemento gris de la ciudad.

Los tacones de Minji sonaban apresurados en el piso lustrado del pasillo de ascensores, se secó el sudor de la frente con el dorso de la mano, tocó el botón y suspiró, sus pies se movían inquietos con ese característico golpeteo hueco mientras esperaba; estaba molesta y sabía que con eso le haría la vida un poco más difícil a la bola de ejecutivos aburridos que pasaban a su lado y la miraban hacia abajo como si no fuera nada. Kim Minji no era más que una secretaria de oficinistas, sus tareas variaban entre llevar papeleo de aquí para allá, ir por cafés cuando se lo solicitaran y —muy de vez en cuando— atender a los pocos idiotas que llegaban frente al mostrador del onceavo y le pedían, sin una pizca de educación, indicaciones o lo que sea que necesitaran. Estaba harta de esa gente, a veces soñaba con ganarse la lotería y huir a otro país, empezar desde cero y vivir en el medio de alguna villa sola con su perrita y nada más, eso sí sería vida.

El ascensor abrió sus puertas delante de ella con una aguda campanada, una avalancha de personas con las axilas manchadas de sudor y las corbatas desprolijamente atadas a sus cuellos salieron de él haciendo un bullicio insoportable para sus oídos y dejando un aroma agrio en el aire. Su nariz de arrugó por reflejo y se hizo a un lado hasta que el ascensor quedó completamente vacío, recién cuando lo estuvo, entró; presionó el botón de la planta baja y se relajó contra el fondo espejado. Minji aprovechó para beber un trago de su botella, su rostro se contrajo de inmediato, el agua parecía estar hirviendo, era todo menos refrescante.

Suspiró una vez más: otro día horrible.

La pantalla del ascensor apenas marcaba el número siete y la monótona musiquita que sonaba plana por la bocina de la pantalla comenzaba a irritarla, apretó con fuerza la pila de hojas contra su pecho y se concentró en su reflejo. Esa mañana su cabello se veía horrible, parecía electrificado, algunos pelos sueltos se levantaban de su flequillo y le daban un aspecto desalineado, el brillo de sus labios se había desvanecido de tantas veces que bebió y en su mirada las enormes bolsas bajo sus ojos no colaboraban para que se viera mejor; y es que la noche anterior no había podido pegar un ojo, los perros de toda la cuadra parecieron coordinarse para aullar todos al mismo tiempo Cherry —su perrita— no fue la excepción, no importó que la regañara, que la llevara a dormir a su cuarto, incluso intentó arrullarla como si fuera un bebé, Cherry no paraba de aullar y por lo mismo no la dejó dormir demasiado. Minji apartó la mirada de su reflejo y, justo en ese momento, creyó sentir un ligero temblor bajo sus pies.

—Genial... —murmuró entre dientes— tomé el malo.

Todo el mundo en el edificio sabía que uno de los ascensores tendía a fallar de vez en cuando, sin embargo, era difícil saber de cuál de los cinco se trataba, era una especie de ruleta rusa: nunca se sabía si quedarías atrapado.

La chica ya estaba maldiciendo en todos los idiomas posibles cuando el temblor se intensificó, el suelo bajo sus pies comenzó a moverse bruscamente con tanta fuerza que tuvo que agarrarse de las paredes, las hojas salieron volando de sus manos y la botella cayó al suelo con un ruido seco. Minji se tambaleó sobre sus tacones a punto de caer cuando los gritos comenzaron a escucharse desde afuera.

—¡Pero que mier...! —gritó.

Y de pronto todo comenzó a agitarse con más fuerza aún, los gritos se oían por todas partes, eran alaridos de gente que corría del otro lado de la puerta cerrada y todo se movía bajo sus pies. Primero hacia los lados, después de arriba abajo; dentro del ascensor los gritos se mezclaban con un sonido chirriante que venía desde uno de los lados, las vigas de hierro hacían fuerza para aguantar el movimiento y un ruido constante se imponía por encima de todo lo demás, parecía el rugido de un animal hambriento, vibraba dentro de la cabeza de Minji, bajo su cuerpo, por encima de su cabeza e incluso por dentro. No llegó a racionalizar lo que estaba pasando, apenas si alcanzó a mirar la pantalla del ascensor una vez más antes de que las luces se apagaran por completo y aquella caja metálica se detuvo en seco con un tirón tan fuerte que la hizo caer de rodillas al suelo.

La voz de la esperanza (JiYoo One-shot #2)Donde viven las historias. Descúbrelo ahora