Una vez dentro, Mimi cerró la puerta tras ellas y echó el pestillo. Esa vez no se le iba a escapar.
Miriam se lanzó a su boca sin miramientos. Otra vez, otra vez había sido ella la que había empezado todo eso.
Se enzarzaron en una pelea de lenguas que las llevó hasta el lavabo. Una vez ahí, Mimi la cogió por los muslos y la sentó en él sin dejar de besarla. Miriam, automáticamente, le rodeó las caderas con las piernas como para que no se le escapase.
Los besos de Mimi fueron bajando por el cuello de la menor hasta llegar a su escote. Miriam cada vez se estaba calentando más, pero antes de que la granadina continuara se acordó de una cosa muy importante.
—Mimi— dijo entre jadeos mientras la nombrada le daba besos por el escote. —Para un momento— le dijo con un tono que parecía casi una súplica.
Mimi se separó asustada para mirarla. ¿Se estaba arrepintiendo? <<Por favor, que no me diga que pare ahora, porque si no me vuelvo loca>> pensó.
—El pintalabios— dijo mirándole los labios y mirándose a sí misma, parecía que aún no había causado muchos destrozos. —Quítatelo—.
Mimi sonrió. —Pues suéltame un momentito, leona— le dijo mirándose la cintura y viendo cómo la tenía rodeada por las piernas de la menor.
Como si no quisiese perder el contacto, fue la propia Miriam la que, sin soltar a Mimi, se giró para encender el grifo y mojarse la mano.
A la granadina eso la encendió aún más. Que Miriam no quisiera soltarla le hizo perder completamente el norte.
La segunda le frotó toda la boca con la mano mojada, intentando quitarle el pintalabios lo más rápido posible.
Entre que Miriam era bruta y que estaba borracha y cachonda, le frotó a Mimi más fuerte de la cuenta.
—Au— se quejó la mayor. —Que me vas a borrar la sonrisa— le dijo asomando la cabeza por un lado del cuerpo de Miriam para mirarse a sí misma al espejo. Ni rastro de pintalabios. <<Y eso que era permanente, qué bruta es>> pensó.
—A ver— le dijo Miriam cogiéndola por los mofletes y dándole un casto beso en los labios. Mimi sonrió ante el gesto. —Sigues teniendo la sonrisa más bonita del mundo— le dijo sin pensar.
<<Hostia, Miriam, qué coño acabas de soltar>>.
Pero Mimi, lejos de asustarse, echarse para atrás o parecerle una cursilada, sintió derretirse. ¿Cómo podía pasar de ponerla cachondísima a hacerla morirse de amor en un momento?
Le fascinaba. A Mimi le empezaba a fascinar todo aquello que le hacía sentir Miriam. Por eso, en ese momento, decidió que quería hacérselo, sí, pero despacito. Quería disfrutarlo y retener cada momento en su memoria, por si era la única vez que aquello ocurría.
Se lanzó a su boca de nuevo y la besó con deleite, y a Miriam pareció gustarle también la idea, porque se dedicó a saborear a la granadina lentamente, y a sentir libremente todas y cada una de las sensaciones que le recorrían el cuerpo en ese momento.
Se besaron con lentitud, y las manos de Mimi empezaron a bajar sin prisa pero sin pausa por el cuerpo de la rubia que tenía enfrente. Llegó hasta sus muslos y ahí empezó a juguetear con el filo de vestido, subiéndolo y bajando, empezando una tortura que a Miriam la estaba encandilando por completo.
A la décima vez que Mimi le subió el vestido, Miriam le apartó las manos, desenlazó sus piernas y fue ella misma quien se lo subió. La granadina estaba maravillada ante el gesto. Miriam estaba más que predispuesta y eso la encendió aún más, si es que era posible.
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Te quiero en cada rincón de Galicia
FanfictionMimi era hogar, y Miriam quería quedarse a vivir en Granada para siempre.