8.

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El día tan esperado se acercaba con rapidez. Cada día, cada hora, cada minuto y cada segundo pensaba en arrepentirme de la petición que le había hecho a Haerin indirectamente.

Todavía no le comentaba a mi abuela (ni a nadie) sobre la aventura que tenía planeada. Había dos razones. La primera era que incluso mi abuela se negaba a llevarme, no de forma directa, pero siempre buscando evitar el tema. 

La segunda razón se resumía a: rebeldía.

Sería un acto puro de rebeldía. Si nadie era capaz de echarme una mano entonces haría lo que fuera por mis propios medios. Yo sabía que incluir a la hija de la otra mujer de mi padre solo haría enfurecer más a mi madre. Pero ella se lo buscó, increíblemente la chica que conocía hacía menos de cuatro meses me empezaba a simpatizar más que ella, que bueno, con ese humor difícil de superar tampoco fue.

Ese fue el propulsor principal para no arrepentirme. Empecé a crear el plan perfecto para no ser descubiertas. No podría hacerlo el primer día de clases porque se enterarían de inmediato, tendría que ser algo que me sirviera de excusa, algo que me mantuviese tiempo extra en la escuela. Una actividad extracurricular.

Casi lloro al pensarlo. La escuela es aburrida, una cárcel a mi parecer, pero si lo pensaba bien no solo me serviría para salir una vez sino muchas. Hasta donde sabía las faltas a un club eran mucho menos perjudiciales que en una clase normal, corriendo con suerte mi mamá jamás se enteraría del asunto.

Solo tenía que ajustar unos pequeños detalles, como el traslado, el dinero y que a Haerin no se le fuese a ocurrir abrir la boca. Aun no me quedaba claro qué tipo de relación manteníamos, pero estaba casi segura de que si se enteraban de nuestra aventura la única reñida sería yo. Lo cual era justo, yo lo estaba planeando. Así que como primer paso de la misión tenía que evaluar la relación que mantenía con mi media hermana. ¿Sería aquella chica extraña de fiar? eso lo veríamos. 

Comencé con diminutos estragos por la casa, dejando cosas desordenadas frente a ella y después esperando a que me echara de cabeza. Pero no lo hacía, a veces lo ignoraba, a veces lo ordenaba. Incluso deje los platos sucios cuando me tocaba lavarlos, y cuando mi abuela preguntó quién había sido Haerin se encogió de hombros y dijo que los lavaria más tarde.  

Su prueba definitiva de lealtad llegó más tarde y sin ser planeada. Yo no tenia computadora así que usaba la de mi mamá cuando no la estaba usando en el trabajo. Creo que olvidé que estábamos peleadas, o mas bien, simplemente no creí que nuestra pelea afectaría mi uso de su artefacto. Cambio la contraseña y por intentar adivinarla termine bloqueandola. 

Sentada sobre la cama en mi habitación solté el grito más desgarrador de mi vida. Ahora si estaba perdida. Debia aceptar mi destino, mi madre me echaria de casa, me regalaria a los perros callejeros, le daría mi habitación a un vagabundo.

—¡¿Por qué a mi?! 

Patalee y me revolque en la cama, hasta grité en mi almohada de puro sufrimiento. Solo quería ver un drama y ahora tendría que pensar en cómo huir del país. Las lágrimas fluyeron solas. 

—Hyein... —Como siempre, Haerin cortando mi sufrimiento.

—¡¿Qué?! —Chille desde el interior de la habitación. 

—Minji vendrá como en quince minutos. Mi telefono se apagó, asi que ¿podrías decirle a tu abuela que llegaré a las siete? —Me pidió con su voz siendo amortiguada por la puerta cerrada.

¿Minji? Tuve que hacer memoria. Era obvio que era una de sus amigas, pero no era la misma que trajo comida para ella días anteriores, esa se llamaba Hanni y le gustaba cocinar (sí, se me quedó bien grabado). Esta tenía un nombre más rudo, Minji...

Sempiterno 《Lee Hyein + Kang Haerin》 NewjeansDonde viven las historias. Descúbrelo ahora