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Después del abrazo hubo un silencio un poco extraño por algunos minutos. Quiero decir, fue lindo, pero estaba claro que aún no terminaban de comprenderme. Por un lado estaba yo a quien acababan de conocer hace unas horas por una interesante situación. Y por el otro lado estaba Haerin, a quien amaban como una hermana pequeña. Ellas siendo amigas comprendían más el sentido de hermandad que yo compartiendo lazos sanguíneos con Haerin. 

Haerin continuo parada detrás de ellas sin emitir sonido durante lo que me pareció una eternidad. Mientras Hanni y Minji intentaban aligerar la tensión anterior volviendo al tutorial de origami que estaban viendo antes de todo, Haerin seguía mirándome fijamente, no pude evitar sostener la mirada. Haerin era difícil de descifrar porque era increíblemente tranquila, es como si ella fuese capaz de ganar una batalla de silencio e inmovilidad contra una piedra. No me sentía intimidada por el peso de su mirada, pero si me sentía intrigada. Me tomo unos minutos descifrar que no me estaba viendo solo por gusto, ella quería hablar conmigo, solo que se evitó la molestia de señalarlo. 

—Minji, necesito el baño ¿puedo? 

—Ah claro, abajo a lado de las escaleras. 

Cuando salí de la habitación Haerin ya no estaba ahí, así que baje al baño en caso de que alguien estuviese atenta a mis movimientos. Cuando salí del baño me encontré a Haerin esperando en la pared. 

—Dios, me asustaste. —le reclamé en voz baja, ella solo se encogió de hombros. Entonces volvimos a mirarnos sin sentido nuevamente. 

Hay algo que debo reconocer, y es que a los catorce años no se tiene mucha paciencia, ella tenía quince y parecía irle muy bien en ese tema, pero yo me estaba muriendo por dentro. Tendría que esperar a cumplir quince años a ver si me compartía un poco de la suya, por mientras tuvo que tolerar mi vulnerabilidad. 

—¿Qué te pasa? 

Otra cosa de Haerin es que, al menos hasta donde yo la conocía en ese momento, era terrible con las palabras. Cuando se lo proponía decía cosas muy inspiradoras, incluso filosóficas. Cuando no (que era la mayor parte del tiempo) parecía un niño de cuatro años de limitado vocabulario. Lo cual me confundía, ya que las personas que no suelen expresarse con palabras lo hacen con cariño físico, gestos, o algo. Haerin simplemente parecía no conocer ningún tipo de expresión. Incluso llegué a pensar que no era de este mundo.   

—Gracias por decir lo que dijiste, estarán tranquilas por eso —me sonrió leve, y sin más me dejó sola. Subió y escuche a Hanni llamarla cariñosamente. 

—De nada —le dije a la pared. 

Decidí quedarme abajo y darle espacio con sus amigas cuando vi que el reloj marcaba las cinco con veinte minutos. La computadora ya debía estar lista y en cualquier momento regresaríamos a casa. 

Estar parada esperando no fue tan aburrido como parecía, me dio tiempo de pensar en lo extraño que estaba siendo el día. Si horas atrás me hubiesen preguntado en donde me veía a las cinco de la tarde, hubiera respondido que estaría viendo Dramas en la computadora de mi mamá mientras terminaba de comer. En cambio, estaba esperando en casa de la amiga de mi media hermana (a quien por cierto, recien conocia), a una hora de mi casa, a que esa misma computadora fuera arreglada. Pero no estaba tan mal, comí rico y tuve un buen rato. Me encogí de hombros y le reste importancia, aun viendo a la pared como si mi monólogo interno lo hubiese escuchado ella.

Un rato después Haerin bajo las escaleras, al parecer lista para irse. Me dio curiosidad ver donde estaban sus amigas así que mire escaleras arriba. Ambas se mantenían apartadas de la escalera, echando miradas para nada discretas hacia Haerin. Naturalmente, como hija única y mimada, me encantaba descifrar de que hablaban mis papás a escondidas, dos adolescentes no eran un desafío para mí.

Sempiterno 《Lee Hyein + Kang Haerin》 NewjeansDonde viven las historias. Descúbrelo ahora