Capitulo 17. Bajo la luna, nuevas conexiones.

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Luke y Alex llegaron a la casa de Luke en medio de la noche, acompañados por dos camionetas del servicio secreto que se aseguraban de su seguridad. Los agentes del servicio secreto se dispusieron a ayudar a Luke a bajar a Alex de la camioneta, pero el castaño se negó amablemente, agradeciéndoles por su apoyo y asegurando que podía manejar la situación.

Luke bajó con cuidado a Alex de la camioneta, pero el moreno seguía balbuceando palabras y frases sin sentido mientras se apoyaba en él para mantener el equilibrio. La influencia del alcohol estaba claramente haciendo estragos en su capacidad de comunicación. A medida que avanzaban hacia la casa, Alex soltaba risas intermitentes y comentarios incoherentes que hacían reír a Luke.

—Mira, Luke, las luces son como estrellas, pero no son estrellas, son luces... ¡Estrellas de la ciudad, eso es! —Alex exclamó con una risa contagiosa mientras señalaba las farolas que iluminaban el camino.

Luke no pudo evitar soltar risitas disimuladas mientras observaba a Alex en ese estado. Era increíble cómo el moreno podía pasar de ser tan serio y centrado a parecer un completo niño travieso bajo los efectos del alcohol. A pesar de las preocupaciones iniciales, ver a Alex así le recordaba a Luke cuánto lo amaba y cuánto disfrutaba de su compañía, incluso en los momentos más inesperados.

Finalmente, llegaron a la puerta de la casa, y Luke intentó llevar a Alex hacia las escaleras para que pudiera ir a la cama y descansar. Pero el moreno, en su estado de embriaguez, se negó rotundamente.

—No, no quiero dormir, Luke —Alex protestó mientras se apoyaba contra la pared y miraba a al castaño con ojos chispeantes. —Lo que quiero... es salir al patio trasero.

Luke frunció el ceño, sorprendido por la solicitud. —¿Salir al patio trasero? Alex, estás borracho, deberías descansar.

Pero Alex negó con la cabeza y comenzó a caminar tambaleante hacia la puerta trasera. —No, en serio, Luke. La noche está llamando, la luna y las estrellas quieren ser admiradas. Ven conmigo.

Luke rió suavemente ante la idea, sabiendo que Alex podía  ser muy terco cuando se lo proponía. Finalmente, accedió a su solicitud y  juntos salieron al jardín trasero de la casa. La noche estaba  tranquila, y el suave susurro del viento acariciaba las hojas de los  árboles mientras las estrellas brillaban en el cielo oscuro.

Alex encontró un lugar en el pasto y se recostó, mirando hacia arriba con una sonrisa en el rostro. Luke se acercó y se tendió a su lado, sus cuerpos separados solo por la hierba fresca. Miraron juntos el cielo estrellado, compartiendo un momento de tranquilidad y conexión.

—Mira, Luke, la luna. Es grande y... y brillante —comentó Alex con asombro mientras señalaba la luna llena.

Luke sonrió, disfrutando del espectáculo. —Sí, es hermosa. Y esas son las estrellas, aunque no se ven muy bien debido a la contaminación lumínica de la ciudad.

Alex asintió con seriedad, como si estuviera procesando la información profundamente. Luego, de repente, comenzó a reír de nuevo, una risa burbujeante que llenó el aire de alegría.

—¿Sabes qué, Luke? Eres como una estrella para mí. Siempre brillando, incluso cuando es de día —dijo Alex con una sonrisa amplia y embriagada.

Luke no pudo evitar reírse ante la dulce ocurrencia de Alex. Se acercó y abrazó al moreno, disfrutando de su compañía bajo la luz de la luna y las estrellas.

El moreno suspiró, sintiéndose más relajado a medida que pasaban los minutos. —¿Ves alguna constelación ahí, Luke? —preguntó, señalando hacia el cielo con un dedo tambaleante.

Luke asintió, aunque sabía que la iluminación de la ciudad hacía que las estrellas fueran difíciles de ver en su totalidad. —Sí, algunas de las más brillantes, pero no todas. Estamos en medio de la ciudad, así que no es el mejor lugar para la observación de estrellas.

Unidos por el Deber... Y el corazón | Alex Claremont-Díaz & Luke Morrow Donde viven las historias. Descúbrelo ahora