—Mimi...—gimió Miriam, y cinco segundos después se deshizo en la mano de la nombrada.
La granadina afianzó su agarre y Miriam apoyó su espalda en el pecho de la otra chica. Una vez se relajó terminaron de ducharse entre risas y salieron, primero Mimi, que cogió una toalla para ella y otra con la que enrolló a la gallega cuando ésta salió de la ducha.
—Gracias— sonrió Miriam, dejando un pico en sus labios.
—¿Me dejas que te seque el pelo? Quiero mimarte un poquito— preguntó Mimi, y es que ese día la gallega había llegado al piso enfadada y triste. Había discutido con Universal y, por si fuera poco, también había discutido con su madre por teléfono.
Miriam se lo pensó y acabó aceptando. Para la gallega su pelo era sagrado, y no le dejaba a nadie tocárselo. A excepción de Mimi, que la dejaba que se lo tocara siempre que quisiera, que le había dejado que se lo lavase y que ahora la estaba dejando que se lo secase. Cómo habían cambiado las cosas... cómo la estaba cambiando ella.
La mayor le secó el pelo con sumo cuidado y se lo peinó. Dejó que Miriam terminase de dejarse perfectos los rizos mientras se secó el pelo ella también.
Al rato estaban las dos vestidas con un chándal y sentadas en el sofá comiendo galletas. Eran las 18:00h.
—¿Qué te apetece hacer ahora?— le preguntó la granadina a la menor.
—Pues se supone que tendría que estar componiendo...— contestó Miriam rascándose la cabeza.
—No pasa nada porque un día no cumplas tus responsabilidades, rubia— le dijo Mimi, ella también tendría que estar haciendo cosas del trabajo, pero había preferido pasar el día con ella porque sabía que estaba mal, y porque las cosas podía posponerlas para el día siguiente.
Pero Miriam no tenía esa mentalidad. Ella era muy cuadriculada y demasiado perfeccionista, y por eso se frustraba tanto.
—Yo también tengo que hacer cosas pero estoy aquí contigo— le dijo Mimi al verla rayarse tanto, no quería que sonara a regañina, pero era la verdad.
—Pues ve a hacerlas— contestó Miriam.
—Prefiero quedarme contigo, Miri— le dijo viendo que estaba empezando a ponerse borde.
La gallega suspiró. —Gracias— le dijo apoyando la espalda en el sofá.
—¿Por qué?— preguntó Mimi sonriendo y acariciándole la cabeza.
—Por parar un ratito tu mundo para estar conmigo— dijo girando la cabeza para mirarla.
—Es que tú también formas parte de mi mundo, y hay que darle atención a todo— sonrió Mimi acercándose a ella y dejando un casto beso en sus labios.
—Ya...— respondió Miriam poniendo una mueca.
—¿Qué pasa?— preguntó la granadina.
—Que no sé cómo se hace eso— contestó ella. —Tú siempre tienes tiempo para estar con tus amigos, para estar conmigo, para llamar a tu madre, para ir al estudio y para tu trabajo, y luego también tienes tiempo para salir y pasártelo bien— dijo del tirón.
—Es cuestión de organización, Miriam— sonrió Mimi.
—No, porque yo me organizo y no me da tiempo a todo— contestó la gallega frustrada.
—Eso es que no te organizas bien— contestó Mimi girándose y cruzándose de piernas para quedar cara a cara con ella.
—Pues explícame cómo hacerlo entonces— dijo Miriam.
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Te quiero en cada rincón de Galicia
FanfictionMimi era hogar, y Miriam quería quedarse a vivir en Granada para siempre.