9.- La Chica que no Merezco (2/5)

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Además de las clases, tenía mi tiempo libre completamente ocupado con todos los nuevos amigos que me había hecho. Salía al menos una vez a la semana con el equipo corazón a cualquier tontería; a veces íbamos a jugar a un centro de juegos, a veces íbamos a bailar y emborracharnos, a veces nos sentábamos a descansar en nuestro escondite y a veces simplemente íbamos a tirar piedras a la laguna de la academia. Los chicos a veces hacían como que se peleaban, pero sabía que en verdad se querían, porque siempre se hacían tiempo para pasar el rato juntos.

También salía harto con María y Uvi, aunque tenía cuidado con esas dos, porque a veces podían pasarse de la raya, y la resaca de la mañana posterior siempre resultaba un incordio.

Sin contar a mis amigos más cercanos, me gustaba salir de cuando en cuando con los distintos grupos de chicas de la academia. Era lindo tener amigas en mi mismo nivel. Aun así, a veces sentía que nadie me entendía, que nadie tenía a un Arturo o a una Érica, y por lo mismo nadie tenía esa añoranza de volver a verlos como yo tenía, y eso me hacía sentir un poco sola. Pero solo un poco, porque sabía que algún día volvería a verlos.

Por supuesto, intentaba hacerme un tiempo para juntarme con Nix y Kiya cada tanto. No podía creer que cualquiera de los dos estuviera dispuesto a hablarme, mucho menos pasar un rato conmigo, pero ambos lo hacían de todas maneras ¡¿Cómo puedo ser tan afortunada?! Mi señor fantasma nunca mostró signos de quererme de otra manera, lo cual era un poquito triste, pero de todas maneras me gustaba pasar con él. Kiya era encantadora, siempre tan elegante y segura de sí misma, era exactamente lo que yo quería ser de grande. Cierto día fuimos a comprar ropa y decidí imitar su estilo por juego. La manera en que ella se vestía siempre demandaba atención, la hacía destacar y la señalaba como la persona más competente alrededor. No era lo que yo acostumbraba, pero al mirarme al espejo un poco, no pude evitar sentir que quizás algún día yo tendría la seguridad y la destreza suficiente para vestirme así. Era un lindo sueño.

Las misiones se dieron sin problemas. Sin contar la primera vez, las misiones con Uvi y María se nos dieron excelentemente; Uvi era una experta planificando nuestros movimientos durante las misiones y María era una maestra del sigilo. Yo intentaba no quedarme atrás, pero al menos mi fuerte era algo que ambas necesitaban. Me hacía sentir importante.

Finalmente Serva. Si había alguien que podía arruinarme un día maravilloso era Serva. No entendía qué tenía contra mí, Serva simplemente no quería ser mi amiga, no quería ser amiga de nadie, y a pesar de todo, no parecía necesitar a nadie: era incuestionablemente la mejor cadete, la más lista, la más fuerte, la más diestra con la animatecnia, la más experimentada en infiltración. Era como si ya se hubiese graduado de la academia y la estuviera haciendo por segunda vez. Al menos podíamos ignorarnos... pero no me gustaba eso. Siempre consigo hacerme amiga de todo el mundo ¿Por qué ella no quería ser mi amiga? Esa duda me atormentaba día y noche.

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Cierta mañana de un sábado me desperté de a poco. Ese día no tenía nada importante qué hacer, ninguna misión, ninguna junta con amigos planeada ni, por supuesto, ninguna clase. Después de tanto tiempo ocupada, estaba lista para un día tranquilo y relajado.

Lo primero que vi al abrir los párpados fueron unos ojos azules intensos mirándome, contentos. No sabía de quién se trataba, podía sentir su calor, su peso doblando el colchón, pero no recordaba a nadie en mi cama la noche anterior. Aun así, estaba tan soñolienta que volví a dormir de inmediato. Luego de unos minutos volví a abrir los ojos y me encontré a Érica mirándome con una sonrisa de mañana de sábado. Luego volví a cerrarlos.

-Ay, sí, de estos sueños en que la recuerdo- pensé.

La extrañaba mucho, era normal que la viera mientras dormía. No sería la primera vez.

La Helada Garra de la MuerteDonde viven las historias. Descúbrelo ahora