9.- La Chica que no Merezco (4/5)

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Dejamos a Gretos para ir a comprar ropa, pero la impresión se me quedó pegada por un buen rato.

—¡No puedo creer que le agradaras a Gretos tan fácil!— exclamé.

—Yo soy peor— explicó Érica.

—No digas eso.

—Solo intervine porque era tu amigo, lo hubiera dejado meterse en problemas de no ser así.

Me la quedé mirando, curiosa. Pensé que podría ser toda una líder si tan solo se entrometiera un poco más en la vida de la gente. Me pregunté si habría hecho amistades en su mundo; se me hacía difícil pensar que no, pero nunca se sabía con ella.

—Oye, Érica ¿Cómo te va en tu mundo de monstruos?— le pregunté, a ver si sacaba el tema.

—Bastante bien, siempre hay algo que hacer— comentó— aunque admito que estoy algo cansada de pelear día tras día.

—¿Tienes algún amigo allá?— quise saber.

Ella apretó los labios en una mueca incómoda.

—Conozco gente, aunque no llamaría "amigo" a nadie— admitió.

—Mmm...

Me preocupaba un poco que hubiese estado sola todo este tiempo, pero no me atreví a ponerlo en palabras ¿Qué iba a hacer? Estábamos entrenando por supervivencia, no porque nos gustara.

Tomamos el bus para ir al barrio de tiendas. Para cuando nos bajamos, Érica comenzaba a tiritar de frío, así que nos apuramos a entrar a la primera tienda que vimos. Antes que nada elegimos ropa interior, luego un pantalón, una blusa y un abrigo. Yo pagué por todo, porque ella no tenía dinero consigo, y mientras pasaba mi tarjeta por la caja, recordé un año atrás cuando ella me había tomado consigo y me había provisto de todas mis necesidades; de comida, de un lugar para dormir y de ropa. Ahora por fin yo tenía la capacidad de devolverle su generosidad.

Al final salió toda vestida. La ropa no era muy bonita, pero ella la había elegido y eso era suficiente para mí. Además, la tienda no tenía mucha variedad. Le propuse ir a otras tiendas a comprar más, pero ella se negó y dijo que una muda era suficiente.

—Gracias, Lili— me espetó.

—Ay, de nada— le espeté— me encanta salir de compras contigo.

Ya listas, nos giramos para salir, pero en eso una cara conocida apareció por la puerta; Cecil entró con tres bolsas de distintas tiendas de ropa en cada mano. Al verme, me saludó con la cabeza a distancia.

—¿Qué pasa, Lili? ¿Estás en una cita?

—Te presento a Érica, una de mis más queridas amigas— le espeté— Érica, este es Cecil. Es un encanto de persona, solo no te tomes todo lo que dice muy en serio.

Cecil rio con el chiste.

—Veo que ya me conoces, bombón— entonces le tendió una mano a Érica— un gusto, lindura.

—Ah.. yo...— Érica le estrechó la mano— un gusto.

La miré, la noté un poco más tímida de lo usual, luego miré a Cecil, todo arreglado con sus pestañas bien largas y un vestido nuevo y un lápiz labial que hacía brillar sus labios y los hacía ver jugosos.

Entonces se me ocurrió una idea: ¿Qué tal si ayudaba a Érica a flirtear con Cecil? Seguro que Cecil no se lo tomaría muy en serio, pero mientras Érica supiera lo que iba a pasar, no pensé que le molestaría.

"Estás jugando con fuego, niña" me espetó Brontes.

Pero en mi corazoncito sabía que era lo que Érica quería y que sería una excelente experiencia para que se aflojara, un primer paso. Rápidamente pensé en una excusa.

La Helada Garra de la MuerteDonde viven las historias. Descúbrelo ahora