"Escuchaba solamente un eco sordo; similar al de las burbujas que hacen acto de presencia cuanto se sumerge en el mar. Sentía su cuerpo flotando además de algo pesado, percibió el vaivén del agua y abrió de golpe sus parpados para mirar a todos lados, solamente observo una estancia acuosa de color turquesa que se movía de una manera turbulenta.
Algo dentro de Agatha le pedía a gritos que saliera de inmediato de allí, con desespero la joven intentó nadar hacia la superficie, sin embargo, fue en vano. El resplandor del sol que se distorsionaba en el agua parecía ser el único lazo que la mantenía en estado de alerta; luchando. El mar se embraveció, las corrientes marinas se hicieron más fuertes y los esfuerzos de la delfiense por salir se volvieron inútiles, de repente sintió que algo le tomaba del pie arrastrándola hacia las profundidades haciéndole abrir la boca para gritar de terror"
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—¡Ayuda!
Con desespero la castaña se removió entre las sábanas, agitaba sus piernas como si buscara deshacerse de un agarre invisible y sus brazos se movían en busca de algún impulso o de aferrarse a lo primero que se encontrara en el camino. La respiración estaba agitada y los párpados cerrados fuertemente. Las exclamaciones de auxilio atrajeron la atención de la progenitora que al momento en que entró a los aposentos de la hija; la encontró en aquel estado de trance.
—¡Hey! ¡Pequeña, despierta! ¡Hey!— Con leves zarandeos hizo que la menor se levantara de golpe comenzado a toser y mirara desorientada el lugar.— Hey, pequeña aquí— Chasqueando los dedos frente al rostro de Agatha; la mujer logró que le mirara y se tranquilizara.— Por amor a los dioses, ¿Que demonios te pasó?
La castaña le miró por un largo rato, el pecho subía y bajaba, se sentía desubicada.
—N-Nada...— Respondió, percibió que su garganta estaba seca y el pulso acelerado. La mirada de su madre que le observaba sin creerse nada de aquello le estaba poniendo nerviosa, por lo que colocando su mejor expresión volvió a hablar.— En serio, má. No fue nada.
Tras aquel caótico despertar, la delfiense se levantó para asearse, cambiarse y salir a entregar unos cuantos brebajes a las casas de algunos enfermos. Se dedicaba a cada uno de ellos, con los adultos en cama conversaba; riendo junto a ellos de algunas anécdotas del pasado para luego a sus cuidadores explicarles cada cuánto debían darle la medicina. A los niños se los sentaba en las piernas y los dejaba jugar con su cabello o en ocasiones los arrullaba hasta que se dormían. Aquellos antiguos guerreros que no podían moverse por su cuenta les ayudaba a llegar hasta la mecedora que se encontraba en la sala para disponerse a escuchar atenta aquellas grandes hazañas de sus tiempos de gloria. Agatha los trataba a todos por igual, con cuidado y delicadeza, siempre atendiéndolos como si fueran alguna criatura indefensa. Cuando se despedía lo hacía sin tanta prisa y siempre con una sonrisa que aseguraba a los convalecientes una pronta recuperación, razón por la cual muchos comenzaron a llamar a la chica; hija de Asclepio.
Cuando la castaña terminó las entregas se dispuso a caminar por los alrededores. Terminó en las escaleras del museion, por lo que algo indecisa se atrevió a pasar. Una infinidad de esculturas, cántaros y pergaminos se encontraban exhibidos sobre pedestales de mármol. Maravillada, Agatha giró sobre su eje para observar las paredes; donde tapices de la más alta calidad se encontraban colgando.
—No es muy común verte por estos alrededores, Atha— Aquella repentina voz hizo eco en el lugar produciendo un sobresalto en la castaña; quien con el ceño fruncido se volteo.— Veo que te gusta el arte. —Bien sabes que me gustan más los libros, Giles.
Respondió con una sonrisa, al momento en que se fijó en aquel chico. El joven sonriendo asintió antes de acercarse para tomar la mano de la femenina y conducirla a una habitación diferente, cuando abrieron la puerta una infinidad de repisas repletas de libros los recibieron. Obras famosas, enciclopedias de artes y de medicina, también encontraron algunos mitos junto a leyendas de los dioses.
—Sabia que dirías algo así cuando nos viéramos de nuevo, por eso aparte estos— Expresó, al momento en que se encaminaba a un extremo para tomar tres libros; uno vino tinto, otro azul y un último de cubierta crema, los cuales dejó en las manos de la castaña.— Puedes tomar los que quieras, pero estos son tuyos ¿Bien?
Agatha asintió con una sonrisa. Conocido a Giles cuando Korë se le presentó como su pareja, él le había tomado un cariño similar al de una hermana, hablaban de libros, arte y del cosmos, la mayoría de las veces intercambiaban ideas para al final terminar en una discusión que solucionaban con varios diples, y pese a que luego la relación que el chico mantenía con su amiga término; entre ambos siguió habiendo una buena amistad.
—Por cierto ¿Como vas con ese chico del que me hablaste la última vez?— Preguntó, bien conocía la situación sentimental actual de la chica tez trigueña, en cierta parte Giles había tenido presencia cuando rompieron la primera vez; pues ayudó a la joven a volver a su tranquila vida que llevaba antes de conocer al guerrero, luego se enteró que se habían dado otra oportunidad, después que el pobre ateniense temblara como cría recién nacida ante la presencia de la madre de la joven castaña. Aquel mero pensamiento le hizo gracia, pero también le produjo una molestia inexplicable.— ¿Han hablado o salido últimamente?
—Si. En estos días salimos un rato a dar una vuelta, luego fuimos a por una bebida y así— Respondió comenzando a caminar, metió los libros en aquel bolso de cuero que llevaba de medio lado para después cerrarlo.— Por cierto ¿Que haces en Atenas? Fue una sorpresa verte por aquí.
—Este pues...— Giles quedó sin una respuesta exacta que dar, pese a que se encontraban en las afueras del museion repentinamente parecía que había una escasez de aire.— Vine a buscar nuevas oportunidades de... ¡De trabajo!— Dijo con una sonrisa que apenas le tembló un poco al ver detrás de la chica.
—Oh bueno, entonces espero que tengas suerte. Por lo que he visto Atenas es una ciudad bastante grande y hay muchos comercios— Respondió, pasando por alto aquella expresión de nervios que el contrario tenía, sin embargo, las gotas de sudor que se deslizaban continuamente desde la sien hasta le mejilla le parecieron rara.— Giles, ¿Estas bien? Estás totalmente sudado, ¿Sera por el sol?
—Lo más probable, Atha— Respondió casi en automático mirando como alguien se acercaba un poco más hacia la femenina, alzaba sus manos y...
—¡Agatha!
El llamado de unas chicas hizo a la persona que estaba detrás de ella detenerse para cubrir rápidamente su rostro con las telas y salir huyendo de la escena, Giles por el contrario suspiro. La joven de tez trigueña sonrió al momento en que alzaba la mano para saludar a las demás chicas, quienes les hacían señas de que las acompañara a dar una vuelta.
—Creo que me voy— Dijo Agatha al momento en que bajaba unos cuantos escalones y se volvía hacia el chico.— Suerte con la búsqueda de un nuevo trabajo.— Dijo con un ademán que fue correspondido.— ¡Nos vemos Giles! —Si. Nos vemos, Atha.
...
La delfiense anduvo con las chicas un rato por la Acrópolis, se terminó de acostumbrar a ellas luego de un tiempo y les agradeció internamente por haberle dado un espacio en Atenas. Cerca de la seis cada una se fue despidiendo para ir a sus hogares. Agatha se había encaminado por la calle que le ayudaría a llegar a la morada, sin embargo, al momento en que alzó la mirada; sus fanales marrones se fijaron en la figura de Giles frente a una taberna. Extrañada la castaña se escondió detrás de la estructura cuando el chico echó una mirada panorámica y detallada del lugar antes de entrar. «¿Que pasa con su actitud tan rara?» Se preguntó la chica con intriga, salió del escondite para detenerse en la puerta, desde afuera no escuchaba nada, un ambiente silencioso. Agatha trago grueso y se cuestiono si realmente deseaba entrar a ese singular lugar «Bueno, no creo que sea tan malo» Con aquel pensamiento empujo la puerta y entró. La chica se mezcló entre las personas tratando de buscar a su amigo, sin embargo, lo que logró distinguir fue a Egan en una de las mesas apartadas del fondo conversando con alguien, «¿Y este? ¿Que demonios hace en una taberna de mala muerte?» Se cuestionó al momento en que tomaba con sutiliza el velo que reposaba sobre el espaldar de una silla, con movimientos rápidos se lo colocó de una manera que le cubriera el cabello y también parte de la cara, al estar camuflada se dispuso a caminar con un sigilo similar al de una serpiente en caza. La castaña logró llegar hasta los barriles donde se almacenaba el vino, se agacho y apoyándose de estos se asomo un poco. Los ojos marrones se abrieron con sorpresa cuando vio a Egan sentado junto a Giles conversando tranquilamente.
—Entonces, ¿Regresaste con ella?— Preguntó casual el chico al momento en que se llevaba el cáliz de vino hacia los labios.— Aun no entiendo porque terminaste con ella en primer lugar. Atha es realmente dulce. —A ver, Agatha realmente es dulce y todo lo que se relacione con ese término, pero es muy...— Y Egan hizo un gesto con las manos, similar al de una marea que iba creciendo.
—¿Inesperada? ¿Que te sale con preguntas demasiado directas difíciles de responder en el momento?— Propuso casual, como si no fuera una realidad que le tocó vivir unas horas atrás.
—Si, exacto— Apoyó el ateniense.— Volví con ella porque en cierta parte la extrañaba, sin embargo, su actitud tan inesperada, certera e intuitiva, me exaspera.
Giles asintió comprensivo, pero no dijo nada, al fin y al cabo esa faceta de la castaña le parecía realmente interesante. La joven de tez trigueña escuchaba desde los barriles, frunció el ceño y se mordió el labio para reprimir las maldiciones que atentaban por salir. Tendría una seria conversación con el ateniense apenas se vieran. Los siguientes temas giraban en torno a las posibles invasiones de los espartanos, las crecientes enfermedades que se estaban asentando en las tierras helénicas debido a la llegada de nuevos esclavos y otros temas más que viraban en el ámbito político de la polis. Agatha estaba apunto de levantarse e irse, sin embargo, Egan lo hizo primero para despedirse de Giles y marcharse, la castaña suspiró aliviada cuando la puerta se cerro. Iba a incorporarse cuando escuchó el estruendo donde su amigo seguía, al momento en que se asomo por un lado de los barriles noto a un desconocido que tenía sujetado al chico por el cuello de la camisa y le gritaba sin parar. —¡Maldito bastardo! ¿¡Por qué demonios no hiciste algo!?— El desconocido zarandeó al chico mientras seguía pidiendo explicación.— ¡Pudiste haberle dado de beber opio o mandrágora! ¿¡Hasta cuando seguirás jugando a la familia feliz!? —¡Cálmate estúpido!— Con brusquedad tomo la muñeca del contrario y ejerciendo fuerza hizo que le soltara antes de aventarlo contra la mesa.— No estoy jugando a nada, bien sabes que esto toma tiempo.
—Dijiste lo mismo con esa otra chica, y al final terminaste con ella y no obtuvimos nada— Respondió dejando escapar un jadeo de dolor ante la fuerza que Giles estaba ejerciendo sobre su extremidad, aun así no se detuvo.— Ahora estás haciendo lo mismo con esta otra, jugando a la casita hasta quien sabe cuando ¡Ignorando el hecho que nosotros somos los que estamos detrás de la trata de personas y que vinimos a raptarla para luego venderla a algún hacendado asquerosamente rico! —¡No estoy jugando a ninguna casita! ¡Agatha es especial, y quizás hasta no la venda sino que me la quede!
Tras aquella sonora exclamación se escuchó un brusco estruendo, los ojos de Giles se alzaron notando la estancia en calma, algunos comensales riendo despreocupadamente y la entrada abierta con la puerta moviéndose a causa del viento.
En el exterior Agatha corría entre las callejuelas de Atenas. Repentinamente sentía que todo le daba vuelta y el aire comenzaba a faltar en su sistema; de un momento a otro el velo se deslizó por su cabello y ayudado por el viento terminó en medio de la calle. La castaña tenía la respiración agitada, casi al borde donde no sentía el llegar del aire, sin embargo, a pesar de que sus pulmones pidieran a gritos un poco de oxígeno no se detuvo. Cada vez que doblaba a una avenida volteaba con el corazón en la boca, percibió que le seguían, que le miraban desde la sombras y el cielo oscuro que se alzaba sobre ella le causaba aún más temor.
La delfiense corrió hasta su hogar, abrió con prisa la puerta y la cerró pasando el seguro, se alejó observando la entrada sintiendo como el cuerpo comenzaba a temblar y de sus labios escapaban jadeos mezclados con sollozos, su mente procesaba todo los acontecimientos que había presenciado momentos atrás, se mezclaban. Agatha echó una mirada hacia los ventanales para luego comenzar a caminar sin darle la espada, se dirigió hacia los aposentos de su madre encontrándola en la mecedora de madera leyendo un librito, luego con sigilo se aproximo a su habitación para abrir la puerta y encontrar una estancia silenciosa. «Siento que me observan» Con rapidez cruzó la estancia para cerrar las cortinas de la ventana, pero aun así la sensación persistía «Maldición, siento escalofríos» Dejo el bolso de cuero a los pies de la cama para luego subir a esta y envolverse entre las sábanas.
«Esta noche será lagar» Pensó al momento en que suspiro para levantarse. Los pensamientos revoltosos la llevaron hacia el escritorio donde abrió la silla para sentarse, tomar un pincel y un folio de papiro, «Y yo ingenua que nunca me di cuenta» Con amargura deslizó el utensilio creando trazos, donde el amargo pensamiento que aquel que con tanto cariño le había tratado tenía en realidad oscuras intenciones. _____________________________________
↬ Museion o Museo de Alejandría: Significa Templo de las Musas, fue fundado por Ptolomeo I Sóter; siendo un centro dedicado a las musas, donde se había dispuesto de lo necesario para que los mejores poetas, escritores y científicos del Mundo Antiguo vivieran y trabajaran.
↬ Polis: En la antigua Grecia, era una comunidad política que se administraba por sí misma, constituida generalmente por una agrupación urbana. ↬ Opio: Es el líquido que se extrae de la planta adormidera—Papaver somniferum— y, con él, se fabrican algunos medicamentos y otras drogas como la heroína. ↬ Mandrágora: Es una planta con alta concentración de alcaloides, encontrados principalmente en sus raíces con un importante efecto sedante.