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Finalizó el día, al igual que los días anteriores.
La jornada de trabajo no había sido demasiado apretada, le agradecí a satanás por eso. Tener un poco de tranquilidad en las horas de servicio no era algo habitual en el monasterio. Aún así, me sentía agotada, por más que no haya sido mucho, correr por los incontables pasillos llevando los almuerzos al mediodía y meriendas por la tarde a los miembros de alto rango nunca fue tarea fácil. Sobre todo por los gustos particulares y preferencias especiales de cada mandatario a la hora de probar su comida o degustar una taza de café.
Luego de un baño relajante que quita el estrés, salí para encontrarme con Copia. Ya había terminado de ordenar su oficina y llegado al cuarto, lo hizo bastante rápido está vez. Alistaba las sábanas con su pijama puesto. Al verme sonrió, sus pinturas papales no estaban allí, tuve el privilegio de apreciar su rostro limpio en todo su esplendor. Un lujo que solo yo como su compañera tenía la fortuna de admirar todas las noches. Sus ojos de dos tonos reflejaban un dejo de agotamiento, él también generalmente tenía la agenda completa la mayoría del tiempo, mucho más ahora que fue ascendido a papa.
Me acerqué a él saludándolo con un cálido beso, luego me desplacé hasta mi armario, abriendo las puertas y debatiendo internamente cuál sería el camisón que usarías esa ocasión. Me quité la toalla que anteriormente envolvía mi piel, no importó estar como lucifer me trajo al mundo. Luego de meses de relación con el papa, conocía mucho más que solo sus sentimientos, esa confianza que me regalaba continuamente ayudó a que pudiera mostrarle todo mi cuerpo sin restricciones. Una mano se movían corriendo perchas una a una, buscando el rosa cálido que no logrababa recordar dónde lo puse. Lo más probables es que todavía estuviera en el cuarto de lavado, rayos. Continúe con la búsqueda hasta que lentamente fui sintiendo esa incómoda sensación de que me observaban, de inmediato lo deduje. Aparté la mirada muy despacio y lo encontré, Copia mirando atentamente. Siempre me observaba, era lo más normal del universo, aunque en este caso lo hacía de una manera bastante pervertida y lasciva. Todavía con la almohada en las manos no apartaba la mirada, recorriendo en segundos cada centímetro de mis atributos. Sonreí divertida. El papa serio y en ocasiones tímido, dedicado únicamente a sus labores, resultó ser un hombre con una lujuria digna de un servidor del señor oscuro. Me di media vuelta teniéndolo de frente, las miradas se cruzaron. Una ceja levantada de mi parte lo recibió en cuanto desvío la vista desde mis pies pasando por todos lo que me componía hasta culminar en el rostro. Su mirar cambio en cuanto noto que lo atrapé, corrigió su voz con una tos disimulada.
—Amore... He...
Lancé una carcajada iniciando el andar hacia su encuentro.
—Es que eres Molto bella -se excuso con nerviosismo al verse atrapado
—Usted tiene la libertad de observar todo lo que desee papa, lo sabe. ¿No? -Mi voz sonó suave, con un tono juguetón.
Los ojos de Copia se abrieron como platos en cuanto sintió la ligera humedad que aún habitaba en mi piel después de la ducha. Parecía sorprendido por tenerme bajo su toque mucho antes de lo esperado esa noche. Apoyé ni desnudez contra sus ropas en un cálido abrazo. Suspiró profundamente disfrutando de ese sentimiento de felicidad absoluta que solo el estar juntos siendo uno lograba brindarle al hombre enamorado.