¿Por qué querían alejarlo de mi?, ¿por qué?, ¿por qué tengo que sufrir tanto?, ¿por qué me hacían esto?.
Le agarré de la mano antes de que ella tomará el pomo de la puerta... ¿Cómo que iba a tener una niña?, eso estaba mal, ella seguro se había equivocado, si, se había equivocado, es que yo no puedo tener niñas, ¡no puedo!
-Señora... señorita, eso que usted dice está equivocado, yo no puedo dar niñas, no puedo.- susurré nerviosa, sentía todo mi cuerpo temblar, y después de mucho tiempo, sentí ese miedo que te recorre todo el cuerpo, de pies a cabeza y un poco más. Un poco más. Y las lágrimas, ellas siempre salían sin permisos. Y en ese ataque de miedo, pánico y nerviosismo que tuve, ella soltó su mano de la mía, de un tirón. Como si mi toqué causara algo en ella que no le gustara, como si mi toque la quemara.
-Si lo estás, ¿cómo que no puedes?- no, yo no puedo, no puedo.
-Es que usted no entiende señorita, es que yo no puedo... entiéndame por favor.- sentía las lagrimas bajando furiosas por mis mejillas. Tenía miedo, mucho miedo.
-Déjese de estupideces, todas pueden dar niñas, hasta la reina dio niña, no puede ser que la única que no pueda sea usted.- dijo, a la vez, que afuera, se escucharon unos pasos. Como... como si ya vinieran por mi. Thomas ya venía por mi. Thomas iba a matarme. Iba hacerlo por las tantas veces que me lo advirtió y yo no le hice caso, le desobedecí. ¡Desobedecí a un príncipe!
-El príncipe va a matarme. Si le doy una niña va a matarme. Entiéndame por favor. Yo no puedo tener una niña, usted debió de haberse equivocado.- susurré, tenía un nudo en la garganta, un gran nudo. Mi cuerpo por veces temblaba, tenía miedo.
Ella se volteó hacía mi, y con esos ojos carentes de emoción alguno dijo esas cosas... cosas que nadie nunca debe decir.
-Pues si no quiere una niña, sáquesela y final del problema.- no terminó de decir, cuando un jadeo salió de mis labios. Un jadeo profundo, de lo más profundo de mi, y di unos cuantos pasos lejos de ella. ¿Sacármela?... ¿ella estaba loca?- No voy hablar más del tema, esos problemas usted resuélvalo con sus esposos. Jovencita Elenne.- dijo, pero lo último... se escuchó tan... como si ella no tuviera de verdad, ni siquiera una pizca de sentimientos. Aún seguían escuchándose unos pasos, tan pesados, tan dolorosos.
-Entonces no le diga... por favor no le diga.-
-Claro que voy a decirle, e igual, ¿cómo piensa usted ocultar todo un embarazo?- dijo mientras los pasos, esos, se escuchaban cada vez más cerca.
-Solo no les diga que es un niña, por favor. Yo les dire, se lo prometo. Pero no le diga que es una niña.- susurré con las manos juntas, mientras me tiraba a sus pies, pidiendo que tuviera tan solo un poco de compasión, tan solo un poco.
Todo se quedo en silencio, y me asusté tanto, al escuchar efectivamente a Thomas llamarme, mientras daba algunos toques en la puerta. Cosa que me sorprendió, estaba muy calmado para ser verdaderamente mi esposo, el príncipe Thomas.
-Bien, no les diré, pero usted se va a encargar de todas las consecuencias que conlleva ocultar algo así.- dijo, mientras la puerta fue abierta, justamente, cuando yo me paraba del piso. Sintiendo un alivio, de que ella, no va a decirle nada de que dentro de mi, había lo que ellos tanto no desean, una niña.
Cerré los ojos tan fuertes, y me quede con la cabeza baja, esperando todas aquellas cosas que Thomas tenía para decirme, para darme.
-¿Qué es lo qué pasa?, ¿por qué demoran tanto?- quise taparte, me sentía tan expuesta, tan débil, tan nada delante de Thomas. Me sentía comida estando delante de él, casi totalmente desnuda.
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El pecado de ser mujer.
Ficción histórica-Madre, ¿por qué ellos si pueden salir y yo no?, ¿por qué nosotras no?- susurré mientras escuchaba el sonido que siempre sonaba cuando "ellos" salían, salían por esa... ¿esa? ¿Por dónde ellos salían?, y... ¿a dónde iban?, ¿qué era eso?, era un miste...