𝐂𝐚𝐩𝐢́𝐭𝐮𝐥𝐨 𝟑𝟏

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—¡Eh! ¡Idiotas estúpidos, déjenla!

Agatha solamente vio entre las aberturas que sus dedos dejaban como una niña un poco más alta que ella repelía a los chicos que le estaba fastidiando, luego su salvadora volteo con el ceño fruncido y los fanales grises con molestia.

—Eres tan débil— Expresó, su semblante serio hizo a la delfiense esconderse entre sus manos con miedo a ser lastimada ahora por una chica.— Y también eres muy bonita— La desconocida se agacho retirando con fuerza el improvisado escondite de la menor y le dio una sonrisa engreída.— Soy Korë y a partir de hoy te enseñaré a defenderte, mocosa.

La castaña jadeo de sorpresa cuando la chica de cabellos chocolates le hizo levantarse para después ambas echarse a correr por entre los árboles que rodeaban a la ciudad. Esa fue una de las tantas primeras veces donde la espartana había tomado su mano para cometer la supuesta última aventura de sus vidas.

...

—Hola, soy Maia.

Los ojos marrones de una pequeña delfiense de nueve años observaron de una manera recelosa a aquella niña de ocho que le miraba con curiosidad.

—Me llamo Agatha.

Respondió con cautela, los días al lado de la corintiana se fueron convirtiendo poco a poco en semanas y el horrendo verano donde su amiga se había marchado se convirtió en clases de hebreo junto a notitas escritas con rapidez en trozos de pergaminos que posteriormente eran guardados o arrojados a un lado cuando la instructora se acercaba con la intención de reprenderlas por sus risas que irrumpieron con descaro en medio de la clase, sin embargo, el verano feliz término cuando Maia le confesó que tendría que irse con su madre por problemas familiares, nunca hicieron una promesa de volverse a ver, pero silenciosamente concordaban que se extrañarían mucho.

...

Ese septiembre su madre y ella se mudaron en definitivo, los estragos de la guerra llegaron hasta Corinto y habían muchas personas que necesitaban ayuda o alojamiento, para suerte de ellas la casa que compraron anteriormente estaba en buen estado y lista para habitar, sin embargo, en medio del caos su madre comenzó a atender a los heridos que más de una vez se encontraban en medio de las calles polvorientas esperando solamente a la muerte.
Tras unas semanas Agatha había comenzado ayudar, preparaba ungüentos, iba a comprar las vendas y realizaba tareas sencillas, aquel día cuando regresaba del mercado público se tropezó con una chica de once años con la tez bronceada.

—¡Perdón, perdón!— Con prisa la desconocida se comenzó a disculpar con rapidez mientras recogía los recipientes donde se encontraban algunos líquidos de curación.— Perdón tendré más cuidado la próxima vez.

—Oye, yo también tuve la culpa. Tranquila— Con una sonrisa de medio lado la castaña tranquilizó a la contraria que le miro con algo de nervios. Soy Agatha. ¿Y tu?

—S-Soy Daira.

...

La delfiense recordaba que recién había cumplido trece años y dos días después la espartana regreso con una cicatriz que abarcaba casi todo el brazo izquierdo. Ahí fue que se entero de la magnitud de la amarga guerra entre Atenas y Esparta. 
Tras semanas de reposo, la joven de tez canela invito a la menor a dar una vuelta, 
iba caminando por el centro de Corinto mientras conversaban de tantos temas entremezclados que al final se rieron a carcajadas por haber perdido el hilo de la conversación, sin embargo, antes de volver a retomarla escucharon un alboroto cercano, intrigadas ambas amigas se acercaron encontrándose con una venta de esclavos. Según el hombre era una mercancía recién traída, los mejores ejemplares de piel morena que fueron exhibidos poco a poco hasta que los fanales marrones se fijaron en la figura de una chica de cabello azabache.

—Korë, ¿Tu también la estas viendo?— Inquirió, sus ojos brillaban como si estuviera observando algún gran tesoro traído desde el Olimpo por los mismísimos dioses.

—Si, la estoy viendo Atha— Respondió, al principio no le encontraba gran fascinación, pero aquel momento en que la chica de tez morena esquivó el agarre que un comprador intentó hacer; sonrió.— Es algo interesante.

—Es muy bonita— Dijo con sinceridad, con brusquedad se giró y con una sonrisa se aferró a la mano de su amiga para que le mirase con curiosidad. Quiero ayudarle, por favor, vamos a ayudarle, Korë.

La espartana sonrió de medio lado, desde su regreso la menor comenzó a entender muchas cosas y además de ello el creciente deseo de ayudar a los demás se fue volviendo cada vez mas grande. Korë asintió para afianzar el agarre en la mano de la castaña para echarse a correr hacia el hogar de Maia donde esta se encontraba junto a Daira.  Ambas chicas les resumieron los hechos y cada una fue corriendo a sus hogares a buscar los estáteros, pero seguían faltando unos cuantos. El grupo de amigas casi le lloraron al padre de Maia para que le ayudara y al final el amable señor aceptó, incluso les acompañó hasta el lugar donde muchos se disputaban por quedarse a la joven muchacha de los ojos onix.

Tras un rato la chica de piel morena ya estaba junto al grupo de muchachas que le miraban con fascinación y curiosidad. Agatha se acercó, sacó un pequeño karambit que coló entre el cuello y la soga de la chica para romperla y posteriormente hizo lo mismo con las ataduras de las muñecas y los tobillos.

—No se si nos entiendas, pero ahora eres libre, hermosa luna.

...

Sus párpados se abrieron producto de la claridad que le golpeaba insistentemente, cuando sus fanales marrones enfocaron la mirada se sorprendió de ver un pequeño altar donde se encontraban algunas ofrendas, luego noto el peso sobre sus manos y al bajar la vista se encontró que ella también llevaba algunas. Ocurrió como tantas veces, su cuerpo se movió en un segundo plano donde solamente vino a tener posesión de su cuerpo cuando se incorporó, y volteaba hacia su derecha.
Se paralizó, sus fanales marrones se abrieron con creces cuando noto a Egan portar las vestimentas tradiciones de las ceremonias de unión, volteando a su alrededor se encontró con su madre que le sonreía con alegría, noto también a la familia del ateniense junto a sus grupos de amigos, su mente se volvió un lió cuando el chico le tomo con gentileza las manos trémulas y le sonrió.

—...Cuidarte y protegerte hasta que la muerte nos separe...

ᴛᴡᴏ ᴛᴡɪɴ ғʟᴀᴍᴇs ᴅᴇsᴛɪɴᴇᴅ ɴᴏᴛ ᴛᴏ ʙᴇ ᴛᴏɢᴇᴛʜᴇʀDonde viven las historias. Descúbrelo ahora