Al menos ya todo había terminado. No quedaban más múnimas en el edificio y ojalá nadie que representara un desafío. Yo no podía más.
Cecil hacía lo que podía para calentarme. Los párpados me pesaban. Sabía que la gente que se pierde en montañas nevadas tiene que mantenerse despierta, pero no estaba segura de si eso se aplicaba a alguien con frío espectral.
Serva, detrás de Cecil, permanecía inmóvil. Aún no podía creer que la había vencido. Casi había muerto en el proceso, pero lo había conseguido. Luego la reportaríamos a la academia ¿Y después qué? ¿La expulsarían? Eso esperaba. Yo había sido perdonada de dos grandes errores, pero no había hecho algo tan grave y malintencionado como ella.
Sin embargo, no se iba a levantar por un buen rato, eso me dejaba tranquila. Tan relajada estaba que no pude evitar cerrar mis ojos un momento, justo antes de ver su mano moverse.
De inmediato volví a abrirlos. Serva se ponía de pie, poco a poco.
—¡No!— exclamé con un hilo de voz.
Cecil se dio cuenta de inmediato y saltó sobre mí como una mamá leona que defiende a sus cachorros.
—¡¿Cómo estás despierta?!— exclamó— ¡Lili te atravesó con su múnima!
—Sí, lo hizo— dijo mientras se sobaba la frente— pero tu querida "Lili" no contaba con que yo pudiera sanar mi alma aun dormida. He vivido entre guerreros y asesinos casi toda mi vida; estoy entrenada para dormir y despertar en el momento en que yo quiera, incluso para soñar lúcida.
—¡Desgraciada!— exclamó Cecil.
Ni por todos los santos, nunca se me ocurrió que Serva pudiera deshacerse de mi maldición. Intenté ponerme de pie, pero el frío era demasiado, mi cuerpo estaba demasiado débil.
"¡Ella también debe estarlo! ¡Recuerda que se sobrepasó tanto como tú!" me espetó Brontes.
Abrí los ojos de par en par. Brontes tenía razón.
—Cecil...— lo llamé, la garganta seca— Cecil, escucha. Serva no puede usar sus animitas mucho más. Está por sucumbir al frío espectral como yo.
—Muy bien ¡Yo te defenderé, Lili!— me aseguró.
Serva frunció el ceño y puso una mueca de odio.
—¿Crees que alguien como tú puede vencerme?— alegó.
—Puedo resistir hasta que estés indefensa— clamó— no eres la primera animatécnica con quien peleo en este edificio, y el último no terminó muy bien.
Pensé que Serva iba a lanzarse contra Cecil en ese instante, pero se contuvo y se cruzó de brazos.
—Sí, tienes razón. Aunque no estés a nuestro nivel, de todas formas tienes tus trucos. Además yo estoy a mi límite, no debería subestimarte— admitió— pero no puedo dejar que salgan de aquí con vida, así que... tú matarás a Liliana.
—¡¿Qué?!— saltó Cecil.
Pero antes de que Cecil pudiera terminar de hablar, Serva cortó las distancias con él en un parpadeo y le mandó un tajo con su ninjato en el brazo.
—¡No, Cecil!— exclamé.
Intenté ponerme de pie, pero el frío espectral me contrajo de inmediato. Él se llevó una mano al corte y se agachó, debilitado. Esperé que su brazo se cayera, pero la herida no fue muy extensa ni profunda, ni siquiera chorreó sangre. No, Serva apenas le rozó la piel.
Cecil comenzó a respirar agitadamente y a gimotear como si algo le doliera, pero no era su corte. Ignorándolo completamente, golpeó el suelo con ambas manos y rugió como un león. Luego se llevó las manos a la cabeza, gritó de nuevo y dio un cabezazo al suelo. Asustada, miré a Serva. Esta no parecía sorprendida en lo absoluto, nada más lo rodeó para ponerse detrás de mí.
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La Helada Garra de la Muerte
AventureSecuela de De las Sombras al Corazón. La Helada Garra de la Muerte continúa la historia de Liliana poco tiempo después del final del libro anterior. Esta vez, deberá probarse y entrenar para convertirse en una sombra.