Dos años después.
El tiempo transcurrió con rapidez y Agatha volvió acostumbrarse a la vida algo movida de Corinto así como también a salir temprano por la mañana a entregar los ungüentos o medicina que su madre preparaba para los enfermos, ayudar en la tienda del padre de Maia, en los tiempo de cosecha vagar por los maizales mientras reía por los despiste de sus amigas y en los momentos libres cabalgar hasta el acantilado donde hacía un par de años atrás habían construido un puente para unir a la ciudad de Peloponeso con estas tierras.
—Oigan, oigan ¿Ya vieron? Han estado llegando chicos tan guapos últimamente— El comentario que Maia hizo aquella mañana trajo la atención de la delfiense, ciertamente había estado viendo más personas de lo normal y las posadas poco a poco estaban llenándose con viajeros.— Me pregunto si este año lograre encontrar al amor de mi vida.
—Y dale con lo mismo— Entre unas cuantas risas Zendaya rodó los ojos con diversión.— Sin embargo, tienes razón, han estado llegando más personas que los años pasados.
—Y muy temprano, a este paso cuando sean las soterias no habrán más posadas disponibles— Dijo Daira al momento en que se llevaba a la boca una de las ciruelas recién recogidas.— Viendo como van las cosas este año será una gigante celebración.
—Gigante o no, ellos también van a tener que ayudar porque no pienso cargar más de trescientas cestas de uvas y que luego ellos vengan a degustar nada mas— Entre unos cuantos refunfuños más las chicas tuvieron de acuerdo con Korë, recolectar y escoger las uvas era la gran odisea de siempre y más para ellas que la mayoría de las veces confeccionaban los manteles para la celebración mientras ayudaban aquí y allá.— Por cierto, Atha ¿En que tanto piensas? No has comentado casi nada.
—Ah... este pues...— La castaña le tembló el labio inferior ante aquel grupo de ojos que le miraban en espera de una respuesta.— Bueno pasa que...— Agatha se puso nerviosa y es que hasta ella misma se le hizo inconcebible aquel pequeño desliz.— ¿Me recuerdan cuando son las soterias?— Inquirió con una sonrisa nerviosa y un sonrojo que le surcaba hasta la punta de las orejas.
—Mucho tiempo en Atenas te hizo daño, Atha.
...
Era ya mediados de agosto cuando la ciudad de Corinto estaba envuelta en un ambiente animado y festivo. Entre las calles del mercado público se podía encontrar a ateniense y delfines caminando de un lado a otro, la mayoría de las posadas del centro ya estaban ocupadas, niños de diferentes edades correteaban y se entremezclaban con los corintianos hasta el punto de confundirlos.
Aquel día en particular, faltando tan solo tres semana para la llegada de septiembre, el grupo de amigas se encontraban confeccionando los manteles para el banquete público que se realizaba durante la celebración, Daira junto a Agatha se encontraban bordando con hilo dorado los detalles de una esquina mientras Zendaya junto a Maia del otros lado, en ese instante la puerta del hogar de la delfiense se abrió dejando ver a Kay junto a Korë con sus vestimentas algo manchadas con el zumo de las uvas.
—El baño se encuentra al fondo doblando a la derecha, Korë tu puedes utilizar el que está en mi habitación. Segunda puerta a la izquierda— La chica de tez trigueña en ningún momento alzó la mirada de su trabajo y con sutileza apuntó hacia el corredor que llevaría a ambos jóvenes a sus destinos.— Vayan duchándose, les llevo el cambio de ropa ahorita.
—Esta bien. Ya la escuchaste Kay, vamos— Entre unas cuantas risas la espartana empujó al chico de cabellera castaña clara antes de volverse hacia las demás.— Me ducho y preparo el almuerzo ¿Vale?
Las chicas solamente le dieron un pequeño asentimiento para seguir trabajando, al cabo de un rato Zendaya se levantó para dejar las prendas de ropas de los jóvenes y volvió a su lugar junto a la corintiana menor que se encontraba fastidiada de ensartar tela e hilo cada cinco minutos. «Esta celebración va a acabar con nosotras»
Korë cumplió con su palabra, sin secar el cabello fue directamente a la cocina donde comenzó a preparar un sencillo almuerzo, hizo suficiente, casi como si fuera alimentar a la mitad de una tropa y es que recordaba que Kay junto a Daira eran capaz de comer el triple. Al cabo de un rato y que el aroma a los condimentos se esparciera por la casa, terminó, por lo que buscando los platos de porcelana llamó a los demás.
—Manos fuera de los hilos, el almuerzo está listo— Desde la estancia de la cocina exclamó, al momento en que salió con un bandeja donde llevaba todos los platillos se encontró con el grupo abriendo un poco de espacio en la mesa de madera para poder colocar la comida.— Ya traigo el jugo, por mientras disfruten.
Básicamente el almuerzo consistió en algunos trozos de spanakopita, brochetas de souvlaki acompañadas del pilaf y un jugo de fresas que Agatha repitió casi tres veces. La comida transcurrió en calma, entre conversaciones y unas cuantas bromas que hacían a Kay y Agatha sonrojar hasta las orejas por las vergonzosas anécdotas donde ambos eran participe. La delfiense sonrió, desde hacía dos años que regresó y seguía atesorando estas esporádicas reuniones que había extrañado tanto.
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ᴛᴡᴏ ᴛᴡɪɴ ғʟᴀᴍᴇs ᴅᴇsᴛɪɴᴇᴅ ɴᴏᴛ ᴛᴏ ʙᴇ ᴛᴏɢᴇᴛʜᴇʀ
Fiksi Remaja«𝐅𝐢𝐠𝐮𝐫𝐚́𝐬𝐞𝐦𝐞, 𝐪𝐮𝐞 𝐡𝐚𝐬𝐭𝐚 𝐚𝐡𝐨𝐫𝐚 𝐥𝐨𝐬 𝐡𝐨𝐦𝐛𝐫𝐞𝐬 𝐡𝐚𝐧 𝐢𝐠𝐧𝐨𝐫𝐚𝐝𝐨 𝐞𝐧𝐭𝐞𝐫𝐚𝐦𝐞𝐧𝐭𝐞 𝐞𝐥 𝐩𝐨𝐝𝐞𝐫 𝐝𝐞𝐥 𝐚𝐦𝐨𝐫; 𝐩𝐨𝐫𝐪𝐮𝐞 𝐬𝐢 𝐥𝐨 𝐜𝐨𝐧𝐨𝐜𝐢𝐞𝐬𝐞𝐧, 𝐥𝐞 𝐥𝐞𝐯𝐚𝐧𝐭𝐚𝐫𝐢́𝐚𝐧 𝐭𝐞𝐦𝐩𝐥𝐨𝐬 𝐲 𝐚...