Kenny estaba frustrado.
A pesar de su edad era un hombre fuerte, seguramente por la dura vida que le tocó sufrir desde que tuvo que cuidar a su pequeña familia y luego abruptamente ser separado de ella.
También era un ser muy desconfiado.
Perspicaz.
Y sobre todo, muy, MUY rencoroso.
Jean aguantó el quejido al sentir otra patada en las costillas. No podía esquivar los ataques por más que quisiera, pues estaba atado de pies y manos, como si fuera un cerdo listo para ir al matadero. De hecho, así es como lo había estado tratando Kenny en las últimas horas, como un cerdo pervertido.
—No seas absurdamente imbécil.— le recriminó Kenny. —Aún te falta hablar más ¿verdad?
Jean no iba a decir una sola palabra más porque literalmente su vida dependía de ello y mientras Kenny sepa que él no ha soltado todo, a pesar de la tortura lo dejará vivir.
—Si me sigue golpeando así... le mandaré la cuenta del hospital...— dijo con claro temor en sus palabras.
Kenny se agachó y le mostró una sonrisa malévola.
—¿Esa es tu estúpida manera de querer intimidarme?— Jean miró hacia el piso, evitando la mirada del mayor. Obviamente solo un imbécil trataría de amenazar a Kenny en su propia casa. No se atrevía a repasar su plan de escape porque sospecha que Kenny puede leer mentes, después de todo, no encuentra otra manera que supiera que él había visto a Mikasa haciendo cosas de adultos con el maldito de su marido. Fueron milésimas de segundos desde que Kenny había abierto el video, el maldito programa portátil continuando la reproducción desde donde Jean la había dejado (y por un demonio que nadie podía culparlo de querer... asegurarse... que la del video sea Mikasa) Un golpe en el rostro lo volvió a la realidad actual. —Si quieres que te sangre la nariz, puedo perfectamente encargarme de ello, pervertido de mierda.
—Ugh... — Jean estuvo tentado a escupir la sangre que se acumuló dentro de su boca, pero no estaba seguro que aquello le gustara a Kenny, así que amargamente tuvo que tragarse su sangre y con ello el grito de dolor.
Aquello fue lo último que tuvo que soportar de parte de Kenny. Algo de suerte le cayó desde el cielo (o fue enviado desde infierno) y los sonidos de la puerta abriéndose le dio la oportunidad perfecta para buscar en su bota su navaja multiusos, cortar la cuerda y escapar de inmediato a través de la ventana.
Levi entró al departamento, sondeando el estado de ánimo de su tío, extrañado de encontrarlo a medio camino de saltar por la ventana.
—¡Oye! ¿Qué carajos te pasa?— le soltó Levi haciendo que Kenny se volviera hacia él.
Lo que fuera que iba a decir Kenny, e incluso sus mismas emociones, se quedaron en blanco al ver entre los brazos de su sobrino a su querida hermana.
Era la primera vez que Levi vio a su tío temblar de emoción y mostrar algo más que amargura, ironía o desprecio. Mentalmente Levi volvió a reprocharse por alguna vez llegar a creer que Kenny hubiera sido alguna vez capaz de matar a su familia.
—Kuchel... Demonios...— Kenny carraspeó para que la voz no volviera a temblar de miedo, logrando en contraste que saliera más ronca que de costumbre. —¿Está viva?
Levi soltó un monosílabo de asentimiento y permitió que Kenny quitara de sus brazos a su madre. Vio cómo Kenny la abrazó mientras su cuerpo no dejaba de temblar. Le dio su espacio y salió nuevamente del departamento, encontrando a Hanji afuera.
—Armin dijo que iba a esperar abajo.— le dijo ella acariciando la mejilla de Levi, enjugando una lágrima que se había escapado. —Hasta ahora nadie nos ha seguido.
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Adheridos Separados
RomanceLevi y Hanji son abogados penalistas y están a cargo del divorcio de Mikasa y Eren. Tienen experiencia en ello, después de todo, así comenzó el final de su propia historia. | LeviHan | EreMika | drama | romance | R18 | AruAnnie | Portada: Esme Rosas