Capítulo 40

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La vida es un viaje en el que cada persona elige su destino ¿cuál es el mío? Mi vida es contradictoria, la vida que llevo no es lo que yo desee, mi padre es quien se encargo de escribir mi destino. Porque ahora mi destino es encontrarme con él, por mucho que evadí volver a verlo... Soy más fuerte que antes y aunque aún me afecte su recuerdo no debo ser más la víctima. Ahora soy yo la que de imponer mi respeto.

El viaje a Alemania esta planeado, tanto Leah, Alek y yo asistiremos a la subasta. Por ordenes mías solo estaremos esa noche en el lugar, quiero evitar a Eder. Mi visita solo es por cuestiones de trabajo, pero la probabilidad de vernos es alta y sé que el vernos de frente causará serios problemas. Quiero evitar problemas.

—Aina, podemos no asistir.

Al cerrar la puerta a nuestras espaldas, Alek se opone ante la idea de ir. En los últimos días me ha mencionado que cambie de opinión.

—Sabes que es peligroso para tu salud tener una recaída.

Cierro los ojos por paciencia. Entiendo su preocupación, Alek está al pendiente de todos mis avances y se preocupa, lo entiendo, a mí también me preocupa la reacción que haré si lo veo, no quiero que ni nadie se entere de mi delicado estado de salud.

—Alek, te entiendo —estoy segura de ello, desde días atrás al enterarme que estaré cerca de él he tenido insomnio y mucho estrés —. Pero estaré bien. Estoy más que preparada para enfrentarlo. Además, lo evitaré. No hay nada de que pueda salir mal.

Estoy nerviosa, lo admito, pero puedo con esto.

—Ve por tu equipaje, saldremos en treinta minutos —ordeno.

Alek sabe que cuando digo no, es no. No dice más y se marcha. Suelto un suspiro y voy por mi equipaje, maleta que preparé junto a Leah para ocultar mi rostro además de un sofisticado conjunto para esa noche.

Por último, me poso ante el espejo de mi tocador y me animo a que todo saldrá como lo planee, el no me reconocerá en caso de vernos. «Bien, es momento de irnos.» Sonrió y saco las pastillas del cajón y las meto en mi bolsa de mano, voy por mi equipaje y salgo de la habitación para encontrarme con mis fieles. Al estar con ellos empieza el plan de viaje. Subimos a la camioneta y partimos al aeropuerto. Nos hacemos una hora de viaje al aeropuerto y otras tres horas de vuelo.

Al llegar a tierras alemanas a penas el cielo comienza su atardecer. El frio viento me golpea en la cara y no dudo en acomodar mis gafas oscuras y posar por detrás de mi oreja un mecho de cabello. A unos metros, frente a nosotros nos espera una camioneta, cortesía de Cedrick para llevarnos al hotel. Con anterioridad Cedrick insistió que nuestra estancia fuera en Mintternacht, pero rechace la invitación, no se opuso y nos hico una reservación en un hotel de confianza.

La tonalidad del cielo se oscurece más al llegar al hotel. Un amplio y tradicional lugar con un estanque, albercas y mucha vegetación nos recibe, algo muy hogareño, pero con un toque de elegancia. Al bajar de la camioneta en la entrada del hotel nos reciben el gerente del hotel y se presenta ante nosotros diciendo que estará al pendiente de nuestras necesidades. Con un excelente servicio por parte de los empleados nos llevan a nuestra habitación asignada, nos separamos para instalarnos y arreglarnos para esta noche. Me quedo a contemplar por un momento la habitación que se me asigno. La decoración muy tradicional, me encanta. Rápidamente me meto al baño a ducharme, quiero relajarme antes de comenzar a arreglarme.

Me pierdo una hora en la templada agua y el delicioso aroma a rosas del jacuzzi, abro los ojos y percibo la oscuridad de la noche, con pereza salgo del baño y voy directamente a mi equipaje, saco la ropa de la maleta y lo pongo sobre la cama para crear un maquillaje de acuerdo al color del vestuario.

Falsa Identidad: Amores que hieren (2do libro)Donde viven las historias. Descúbrelo ahora