Era un día bastante tranquilo, soleado y apacible, todo el pueblo corintiano se encontraba realizando sus ocupaciones, el mercado público comenzaba a abrir y los vendedores a colocar los puestitos de ventas.
Korë tenía una expresión de enfado total que arruinaba por completo el ánimo a cualquiera y no era para menos, le habían despertado de su plácido sueño cuando una avecita rasguño los vidrios de la ventana hasta que se levantara, no le hubiera molestado si solamente el animalito necesitaba atención médica, alimento o si era por parte de sus amiga, pero no ¡La avecilla venía por parte de Egan! «Joder... ¡¿Ya nadie puede descansar tranquilamente?!» Se preguntó, al momento en que abría la puerta del restaurante y soltaba un suspiro.
—Espero que sea importante Ega...
—¿Como diablos supo donde me hospedaba?— El ateniense apenas vio a la contraria entrar no se lo pensó para tomarla de los hombros con fuerza e interrogarle de una manera azorada.
—¿De qué carajos estás hablando?— Contradijo la chica al momento en que se zafaba del agarre.— Si estás ebrio mejor me....
—¿Cuando Agatha dejó esto?— Sin pensarlo sacó los folios escritos y los dejó frente a los ojos grises de la chica que se abrieron con creces.— La ayudaste ¿No es así? La ayudaste a encontrarme donde me hospedaba y también la ayudaste a dejar esta carta.
—¿Te dio una carta?— Korë hizo amago de sus buenos dotes de actuación y con una expresión de sorpresa condujo al ateniense hacia una de las mesas.— Por todos los dioses, esa niña sí que sorprende.
—No te hagas, se que la ayudaste— Egan frunció el ceño y aventó los folios sobre la mesa.— Menciona a sus amigos, es obvio que tu sabrías.
—Sabia que quiso darte una carta, mas no pensé que te la entregaría— Respondió apaciblemente antes de tomar los papiros.— Oh dios, que linda caligrafía.
Korë se acomodó y con una sonrisa se dispuso a dejar que sus ojos pasearan por las líneas de aquella esquela anteriormente leía.[ Hola, ¿Cómo estás?
Espero que hayas disfrutado las soterias y también disculpa a mis amigas por lo del otro día.¿Te digo algo?
Tengo que admitir que de verdad se siente un poco raro volver a redactar unas cuantas líneas dirigidas a tu persona, sin embargo, no me malintiendas, todo lo escrito en esta esquela surgió espontáneamente; sin presencia de terceros. Así que, solamente te pido que escuches estos números desafinados, estrujados por la dulce imposición del recuerdo querido, y perdón que tus secretos sean cantados incluso en tus propios oídos tiernos:¿Sabes?
Desde hace un tiempo—por no decir que desde cuando nos conocimos—he querido expresar que tus ojos avellanos son realmente hermosos, me recuerdan a un cálido verano; donde maizales tiernos crecen y el viento de la tarde mece las copas de los árboles.
Creo que nadie te lo ha dicho—y si lo hicieron en algún momento, me arrepiento de no haberlo dicho yo primero—,pero tus exóticos ojos contrastan demasiado bien con tu tersa piel besada por el sol de Grecia.
Tu cabello ensortijado, por el contrario, me da una sensación de ternura que remueve hasta la última fibra de mi ser; de un tono café que se matiza poco a poco cuando los rayos del sol se reflejan en él y que acompañan a tu sonrisa silenciosa que solo algunos tienen el privilegio de ver....
Como la larga línea de Durero, las nueve cifras y el cambiante cero, las armas y la pira de la epopeya y los pesados mares que roen de la tierra los pilares de la vida, a veces debo de fingir no verte para mantener la compostura o evitar que un disco mal lanzado no me golpee, pero tengo que confesar que me es imposible a veces.
Debo fingir que en el pasado fueron Persépolis y Roma y que una arena sutil midió la suerte de la almena, fingir que tu presencia he olvidado, sin embargo, he de admitir que es mentira, pues con algo de vagancia tu calidez logro recordar y no lo malpienses, pero me agrada, al igual que me agrada recordar tu silenciosa sonrisa que me alegraba cada tarde.
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ᴛᴡᴏ ᴛᴡɪɴ ғʟᴀᴍᴇs ᴅᴇsᴛɪɴᴇᴅ ɴᴏᴛ ᴛᴏ ʙᴇ ᴛᴏɢᴇᴛʜᴇʀ
Dla nastolatków«𝐅𝐢𝐠𝐮𝐫𝐚́𝐬𝐞𝐦𝐞, 𝐪𝐮𝐞 𝐡𝐚𝐬𝐭𝐚 𝐚𝐡𝐨𝐫𝐚 𝐥𝐨𝐬 𝐡𝐨𝐦𝐛𝐫𝐞𝐬 𝐡𝐚𝐧 𝐢𝐠𝐧𝐨𝐫𝐚𝐝𝐨 𝐞𝐧𝐭𝐞𝐫𝐚𝐦𝐞𝐧𝐭𝐞 𝐞𝐥 𝐩𝐨𝐝𝐞𝐫 𝐝𝐞𝐥 𝐚𝐦𝐨𝐫; 𝐩𝐨𝐫𝐪𝐮𝐞 𝐬𝐢 𝐥𝐨 𝐜𝐨𝐧𝐨𝐜𝐢𝐞𝐬𝐞𝐧, 𝐥𝐞 𝐥𝐞𝐯𝐚𝐧𝐭𝐚𝐫𝐢́𝐚𝐧 𝐭𝐞𝐦𝐩𝐥𝐨𝐬 𝐲 𝐚...