Capítulo 53.

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Estaba hundida, a cada segundo que pasaba me hundía más, pasaban los días y no era capaz de tener fuerzas, de recuperar todo lo que había perdido de mi misma.

Echaba de menos a Caleb, más que nunca, después de nuestro encuentro en la ducha no era capaz de pensar en otra cosa, en ser capaz de olvidarme de él. No quería si quiera darme cuenta de todo el peso que había perdido estos días atrás, de lo mal que estaba anímicamente y del daño que también le estaba haciendo a mi madre toda esta situación de mierda.

Más de una vez se me sigue pasando por la cabeza volver a Barcelona. Volver con Caleb y olvidar todo. Pero si lo hiciese todo lo que he sufrido no serviría de nada. Porque él jamás va a cambiar. No sirve de nada que viniese a Londres a buscarme, ni que se tatuase mi nombre.

Hoy he decidido que tenia que obligarme a mi misma a levantarme de la cama y salir un rato a la calle, respirar aire fresco y pasear un buen rato en solitario. Mi madre me ha dicho que la preocupaba que saliese sola pero al final se ha alegrado de que tomase la iniciativa de hacer algo por mi bien.

Caleb nunca estará dispuesto a darme lo que necesito y tengo que asimilarlo cuanto antes. Para él, atarse a una persona y tener una vida en común no es fácil y sobretodo no es lo que quiere y yo tengo que aceptarlo, cuanto antes.

Me ha seguido llamando estos días, no ha parado de hacerlo, también me ha mandado mensajes.

Camino por la calle paralela a mi casa, mientras que no para de llover y yo sigo mojándome, pero disfrutando de la tranquilidad de mi paseo.

Suena el teléfono. Es Martina.

-¡Hola!-digo respondiendo el teléfono.

-¿Cómo estás?

-Dando un paseo, hoy me he animado a salir de la cama-la digo.

-Ese es un gran paso Cloe, deberías de estar orgullosa-dice.

-Lo estoy, poco a poco, las cosas llevan su proceso-hago una pausa-¿Sabes algo de Caleb?

-Absolutamente nada, solo sé que seguimos en su casa, porque no ha vuelto-dice.

Debía imaginarlo. A saber que está haciendo y en qué líos andará metido.

-¿Leti está bien?-pregunto.

-Ella está bien, os echa de menos, no entiende nada, su hermano no aparece por casa y la otra persona que más quiere en el mundo que eres tú, tampoco-dice.

-Joder, tienes que intentar que no sea consciente de todo esto, odio que una niña tan pequeña esté en medio de todo esto-digo.

-Eso intento, pero tú tienes que preocuparte por ti misma e intentar avanzar cómo estás haciendo-digo.

-Te echo de menos Mar.

-Yo a ti también, espero verte pronto-dice.

-Mar...-hago una pausa sin creerme lo que están viendo mis ojos-Tengo que colgarte.

-¡Espera!

Cuelgo el teléfono y acelero el paso hacia lo que estoy viendo.

Caleb está sentado en la acera, mojándose con la lluvia.

-¡Caleb!-digo corriendo hacia él.

Levanta la cabeza y veo como se iluminan sus ojos. No me dice nada, coge mis brazos y me arrastra hacia él para abrazarme.

-Cloe...-dice susurrando.

-¿Qué estás haciendo aquí en la calle?-pregunto desconcertada.

-No podía irme, no podía volver a Barcelona sin ti, yo no podía rendirme...

-¿Qué estás diciendo? Pensaba que te habías ido cuando te lo dije.

-No, me da igual lo que me dijeras, no iba a irme sin ti-dice.

-Por favor...¿Podemos ir a mi casa a hablar? Está lloviendo y estás empapado, vas a ponerte malo.

Caleb se levanta y se agarra a mi brazo. Está lleno de suciedad, como si hubiera estado durmiendo en la calle, como si no se hubiera movido de donde le he encontrado todos estos días.

Caminamos a mi casa. Abro la puerta y entramos.

-¡Cloe! ¿Qué tal ha ido?...-dice mi madre saliendo de la puerta del salón y llevándose las manos a la cabeza cuando ve la situación.

-¿Qué hace aquí?-chilla enfadada mi madre.

-Señora Parker, lo siento, tenia que ver a su hija por última vez, puedo explicarlo-dice Caleb.

Pongo mi mano sobre su brazo para detener sus palabras.

-Ve a darte una ducha, tengo que hablar con mi madre.

Caleb camina hacia el baño y yo me quedo de pie delante de mi madre, esperando a estar solas y poder hablar sobre lo que acaba de ocurrir.

-¿Qué es todo esto?-me pregunta.

-Le he encontrado en la calle, sentado en la acera y mojándose con la lluvia...No podía dejarle ahí-intento disculparme.

-Ese es tú problema Cloe, que no sabes dejarle, no vas a poder dejarle porque no sabes y tampoco quieres. Desde que has conocido a ese chico, eres otra persona, ya no eres la misma, no reconozco a mi propia hija-dice.

-Quizás tengas razón mamá, siento que estés pasando todo esto, pero le quiero y no puedo rendirme con él, estoy enamorada, más que nunca, de hecho empiezo a plantearme que nunca estuve enamorada de Philip. No sabía lo que era el amor hasta que conocí a Caleb.

-El amor no es dolor, no es sacrificio, el amor es fortaleza y poder. Tú no tienes eso con Caleb, no es amor.

-¿Amor es lo que tú tenías con papá? Porque yo nunca te vi luchar por él-digo arrepintiéndome en el momento de lo que acabo de decir.

Mi madre no dice nada y veo como se enfurece su cara. Lo único que noto es su mano en mi cara. Acaba de pegarme.

-¡No te atrevas a volver a tocarla!-chilla Caleb cogiendo a mi madre del brazo.

No sé cómo reaccionar, ni que decir.

-Déjala Caleb, suéltala-digo casi a punto de llorar.

-¡Tú a mí no me dices cómo debo tratar a mi hija desgraciado!-le chilla ella.

-Voy a llevarme a tú hija de vuelta a su verdadero hogar, conmigo. Estás loca si piensas que voy a dejarla contigo después de lo que acabas de hacer.

-¿Tú la tratas mucho mejor?-dice irónicamente.

-¡Yo al menos no la he puesto la mano encima!-dice enfadado.

-Todavía-dice mi madre.

-¡Basta!-grito.

Ambos me miran fijamente. Estaban tan entretenidos en su discusión que no se han dado cuenta de que yo estaba llorando.

Caleb se acerca a mí y yo retrocedo en el acto.

-Para, quieto, no te acerques-digo.

Caleb detiene su paso.

-No voy a estar ni un minuto más en esta casa, voy a volver a Barcelona.

Caleb sonríe.

-Vamos a irnos-dice.

-No he terminado-digo-Voy a volver a Barcelona, voy a vivir contigo, pero esto no significa que vayamos a estar juntos, quiero que lo sepas.

-Te demostraré que puedo ser mejor Cloe, que te quiero y que vamos a ser felices-dice.

Mi madre me mira desconcertada, analizando la situación, enfadada y con lágrimas en los ojos.

-¡No voy a quedarme aquí a ser como tú! A lamentarme toda la vida y a ver cómo mi mundo se desmorona y convertirme en alguien como tú, lo siento, pero me niego-digo.

Sé que la estoy haciendo daño. Lo sé y me odio por ello, pero mi madre me ha demostrado que por más que yo la quiera, ella sigue atascada en su pasado e intentando que yo no me convierta en ella, pero en realidad así ha sido siempre y es lo único que quiere, que me quede aquí en Londres con ella a pudrirme en esta casa.

Un golpe de suerte Donde viven las historias. Descúbrelo ahora