Capítulo I

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         1-No confíes en nadie más que los tuyos,
2-La Traición se paga con sangre,
           3-Si ves al enemigo asesínalo sin piedad.

Desde que se levantó en la mañana esas 3 reglas sagradas no dejaban de circular por su mente, quizás era porque pronto se iría al frente número 13 a libera la que podría ser la última batalla para su imperio.

–Su alteza –una de las sirvientas entro al gran salón donde se encontraba entrenando el gran príncipe heredero.

–Su baño ya se encuentra preparado –aviso con la cabeza gacha y con todo el respeto que se merecía el próximo Rey del Imperio.

Al escuchar esto Kilián decidió parar su entrenamiento y sin decir una palabra pasó por el lado de la joven sirvienta, de la cual pudo notar su sonrojado rostro, algo que verdaderamente no lo sorprendió, pues la mayoría de las mujeres se sonrojaban con su presencia, y el haber recibido una considerable cantidad de propuestas nada decentes por parte del sexo opuesto, le hizo muy consciente de su magnético cuerpo y su cautivador rostro, pues a pesar de no ser el prototipo de príncipe perfecto, su cabello azabache y sus ojos color tormenta, provocaban en las féminas miradas lujuriosas y llenas de deseo.

Luego de haber caminado por el largo pasillo por fin llego a la habitación donde le esperaba la amplia tina. Ya desnudo y sin mucho esfuerzo se sumergió en las cálidas aguas, sintió como poco a poco todos los músculos de su cuerpo se relajaban de una manera fascinante, al cabo de unos minutos percibió entre sus piernas una latente erección, aun no entendía porque su cuerpo no lograba satisfacerse, no importaba cuantas mujeres habían pasado por su cama la noche anterior, al parecer su largo miembro no lograba nunca quedar contento.

Sin muchas ganas de llamar a alguna de las doncellas dispuestas a complacerlo, tomo con sus manos la erección que ya era dolorosa, era tan grande y grueso, sabía perfectamente que no cualquier mujer podría montarlo,  a la mayoría ni le entraba completamente, soltó un jadeo cundo sus ásperas y hábiles manos empezaron a masturbarlo de arriba abajo, un ligero olor floral se coló por sus fosas nasales descolocándolo totalmente y haciendo aumentar las velocidad de sus manos, cerrando los ojos para disfrutar la agradable sensación, a su mente vino la imagen de una hermosa mujer, de piel blanquecina, cabellos tan dorados como el sol y ojos azul cielo, volviéndolo loco rápidamente y provocando que un gemido ahogado saliera de sus carnosos labios, así como su semen se esparciera por las cálidas aguas de las tinas. 

Un poco abrumado por el cúmulo de las sensaciones tan intensas que sintió, salió apresuradamente de la tina, con una toalla blanca enrollada en la cintura y una sola pregunta rondando sus pensamientos, ¿Quién era esa mujer que tan descaradamente se había colado en su mente?

De haberla conocido o al menos haberla visto antes se hubiera acordado, una belleza como esa no pasaba desapercibido, llegó a su aposento un poco más calmado, se colocó uno de sus pantalones de seda, y luego de pedir a uno de los criados que trajera su comida a su cuarto, decidió salir al balcón, el gélido aire de la noche tocó su rostro así como su torso descubierto, suspiró y se dedicó un momento a observar el paisaje, el cielo se encontraba despejado esa noche, ni las estrellas, ni la luna quisieron aparecer, no muy lejos de ahí se podía apreciar el  pueblo del Imperio de la Oscuridad, pues a pesar de estar estos últimos años en guerra su pueblo parecía no sufrir consecuencia alguna, era próspero y grande.

Agudizó su olfato en busca de ese olor floral tan exquisito que había sentido antes, pero no lo encontró y eso le provoco una enorme decepción, intrincado por lo que percibió, miro al cielo en busca de respuestas.

–Oh Daelu, Gran Rey de los Cielos, guíame en mi destino y protégeme en mi camino, a cambio yo defenderé tu legado y traeré paz a esta tierra –habló decididamente vislumbrando el firmamento.

Pero sus plegarias se vieron interrumpidas por el sonido de la puerta, entró otra vez a su habitación dejando el frío balcón atrás, y se sorprendió al ver quien traía su charola de comida, un hombre casi de su misma altura, moreno, de pelo castaño y ojos color rojo, que mostraban su parte vampírica y demoniaca con mucho orgullo.

–Su alteza, el gran Príncipe Heredero, aquí le traigo su preciada comida –habló con voz melódica, aquel castaño.

–Ahora haces de criado en tu tiempo libre, querido primo

Al escuchar esto ambos se echaron a reír, aunque a veces pareciese que se odiaban la verdad es que se querían mucho, para Kilián, Koen era como el hermano que nunca tuvo, y su tío era como un segundo padre, ambos lo ayudaron mucho a superar la muerte de su progenitor.

– ¿Preparado para mañana? –Kilián le preguntó a su primo una vez paró de reí, pues Koen siempre lo acompañaba en sus batallas, era tan buen guerrero como él, y era un buen aliado en el que podría confiar.   

–Yo siempre estoy listo –Respondió con su característica seguridad, digna del próximo general del Ejército Imperial – ¿Estás listo tu?

Kilián sabía lo que significaba eso, ya que no solo era la última batalla a la que asistiría antes de ser coronado Rey, sino que también iba a ser un enfrentamiento definitivo entre el Imperio de la Luz y el de la Oscuridad.

–Estoy listo –Respondió sin dudar, ya que sin importar lo que pasara, él lo daría todo por su Imperio.

Estuvieron comiendo y hablando un buen rato, hasta que Koen decidió ir a su cuarto, así que desechando cualquier pensamiento incluido el de la hermosa rubia de ojos cielo, Kilián se obligó a dormir, al fin y al cabo mañana seria un día importante.        

Daelu, El Origen De La Guerra Donde viven las historias. Descúbrelo ahora