-Su cabello es la envidia de todo el reino, princesa – le decía dulcemente la doncella, mientras le peinaba suavemente la cabellera dorada.
Esta solo sonrió agradecida, y es que en eso no se equivocaba la humilde sirvienta, Azahara era tan hermosa que era envidiada por la mayoría de las mujeres, pues no solo por poseer un cabello tan dorado como el sol, sino también por el azul cielo de sus ojos, que dejaba hipnotizado a todo aquel que la mirase, y su cuerpo voluptuoso similar al de un reloj de arena era la perdición de cualquier hombre, pero lo más llamativo que poseía sin duda alguna era su atípica personalidad, no era como las otras mujeres que se quedan calladas, le gustaba hablar de estrategias, armas, asuntos del imperio, ella sabía que había nacido para ser reina, y por muchas malas miradas que se ganaba por no comportarse como una perfecta señorita, no le importaba, la verdad que con palabras refinadas y un sarcasmo sutil ponía en su lugar a todo aquel que le hiciera menos o la discriminara por ser mujer.
–Princesa, su padre el Rey del Impero de la Luz, la solicita en la sala del trono inmediatamente –uno de los criados entro en la alcoba anunciando el mensaje.
Al escuchar esto rápidamente Azahara se paró de la butaca donde se encontraba y emprendió el camino, debía de ser importante cuando su padre le solicito que fuera a la sala del trono, ya que la mayoría de las veces hablan en la oficina del rey o en el las comidas, seguramente era algo muy urgente cuando demando que fuera enseguida a al gran salón.
Llegó y fue anunciada de inmediato, saludo a sus padres con la debida reverencia
–Hija mía –la dulce voz de su madre hizo que sus nervios disminuyeran un poco
–Sabes perfectamente que estamos en guerra hace años –la voz seria de su padre la puso en alerta –También sabes que pronto habrá una batalla la cual podría ser la definitiva –Azahara asintió confundida –Nosotros y la corte hemos decidido, que la futura heredera del Imperio de la Luz deberá ser resguardada por el bien de la nación
–Pero Padre –iba a protestar pero a una mirada del rey fue suficiente para hacerla callar
–No es una sugerencia, es una orden y te guste o no deberás aceptarlo
–Si su majestad –respondió sin expresión alguna en su delicado rostro
Azahara podía ser una chica un poco rebelde, pero el amor y respeto que les tenía a sus padres era tan grande que no se permitía mostrar esa desobediente faceta, no con ellos.
Molesta salió del salón, mientras los reyes suspiraban en el trono
–Ser padre y rey es tan difícil –le comentaba el rey a su reina, esta lo miro comprensivo y con una sonrisa le dio unas palabras de aliento.
Azahara en cambio no entendía el porqué de esa repentina decisión, y mientras decía un montón de incoherencia a la nada, pudo deslumbrar a lo lejos a su fiel amigo Asim, quien descaradamente y sin vergüenza alguna le miraba el trasero a un joven sirviente.
–Entonces eres soltero –escucho como el rubio sin pudor alguno le preguntaba al joven sirviente.
Su amigo sin duda era seductor, con es nariz tan perfilada y ese cuerpo tan salvaje digno de un hombre lobo, si no fuera por el hecho de que a él le gustaban los hombres, sin lugar a duda sería un buen prospecto para esposo, tenía 21 años casi 22, a su edad ya debería estar casada, pero no había conocido a nadie digno de ella, la gran parte de los hombres que concia o eran muy machistas, o no eran interesantes, incluso algunos no soportaban su carácter, pero claro, quién se casara con la princesa sería el próximo rey del imperio, por lo que muchos se hacían pasar por el príncipe perfecto, cuando en realidad eran una bola de interesados.
–Tú sí que no tienes vergüenza alguna –hablo la princesa de tras de su querido amigo, quién resoplo al escucharle, en cambio el joven sirviente enrojeció avergonzado al ver a su futura reina.
–puedes retírate –pidió amablemente Azahara al joven, el cual aun apenado, hizo una torpe reverencia para luego retirase.
Un gruñido salió de la garganta de Asim, luego se giro para ver a su amiga con cara de pocos amigo, Azahara en cambio lo ignoro y le sonrió de manera inocente, seguramente había salvado a ese dulce omega del promiscuo de su amigo.
–Lo sabías –preguntó la princesa, a lo que el lobo lo miró confundido, para luego de unos segundos caer en cuenta de lo que estaba hablando.
–Me lo informaron esta mañana
– ¡No es justo! –exclamo con frustración
–Tranquila Ara –el lobo hablo con voz serena, en un intento de calmar a su amiga– ¿Al menos dime que tu estarás conmigo? –pregunto la princesa en una suplica
–No me lo permitieron, pero… -Después e eso Azahara no pudo escuchar mas
Sabía el porqué, si Asim no iba a dirigir la operación, de llevarla a un lugar seguro, definitivamente lo enviarían al frente a luchar, y el solo pensar que a su mejor amigo, su compañero de travesuras, le pasara algo, le ponía la piel de gallina.
–Iré a prepararme para mañana –hablo en voz baja, mientras aguantaba las ganas de llorar
–Azahar –Asim intento detenerla, pero ella fue mucho más rápida y se escabullo por un lado,
Así que el lobo solo la dejo ir, el sabia que cuando Azahara quería estar sola, lo mejor era dejarla estar sola, pues a pesar de mostrar siempre esa faceta de chica dura, fría y rebelde, la verdad era otra cosa, ella era por dentro una persona totalmente diferente, sensible, noble y un poco inmadura a veces, eran cualidades que no mostraba a cualquiera y él se sentía privilegiado al ser una de las pocas personas que podía presenciar el buen corazón de la princesa.
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Daelu, El Origen De La Guerra
Ficción históricaDos grandes naciones que se encuentran en Guerra hace más de 50 años, sangre, vidas inocentes, desesperación, engaño, traiciones y mucho mas a traído consigo esta contienda y tanto Kiliàn como Azahara lo saben... pero, cuanto estarían dispuestos a s...