Narra Alex
Me despierto de parte de madrugada al escuchar un llanto, me froto los ojos y parpadeo varias veces adaptando mi vista, me incorporo despacio sentándome en la cama.
-¿Ayla?
Busco con la mirada hacia donde proviene el llanto y me levanto despacio, me acerco al armario y lo abro despacio deslizando la puerta corredera hacia la izquierda, la veo sentada encogida llorando abrazada así misma y mi corazón se encoge, me agacho enfrente suya.
-Ayla, estoy aquí, tranquila.
Acerco despacio mi mano hacia ella y se encoje llorando esperando el golpe, acaricio suave su pelo apartándolo de su cara, seco despacio sus mejillas.
-Tranquila, estás a salvo.
-No debí dormirme.
-¿Por qué dices eso?
-Porque dormir es peligroso.
-Ven, vamos a la cama, prometo velar tu sueño.
-Pero él va a venir.
-Te prometo que estás a salvo, no permitiré que nadie te haga daño.
-No estarás siempre a mi lado.
-Pero hoy si lo estoy, vamos a la cama.
Abre despacio sus brazos y la cojo con cuidado en brazos, la abrazo fuerte cuando enreda sus piernas en mi cintura, me dan nauseas pensar que mañana volverá a su vida, no quiero ni imaginar lo que ese tipo le hace, voy a matar a quien se atreva a respirar en su dirección.
La llevo a la cama y la tumbo despacio, la tapo despacio hasta la cintura y me mira, tiene los ojos rojos, puedo ver el miedo en su mirada, me estremezco al ver como aún tiembla, me tumbo a su lado y sin darme tiempo a nada, me abraza, paso mi brazo suave por su espalda y acaricio suave su pelo.
-Descansa, Ayla.
-No puedes soltarme.
-No pienso soltarte.
La acaricio y poco a poco voy sintiendo como su respiración se tranquiliza, se a dormido. Paso las pocas horas que faltan para el amanecer despierto acariciándola, velando su sueño, haciéndola sentir protegida.
Se despierta por los rayos del sol que entra por la ventana y se frota los ojos bostezando, llevo la mirada hacia mí y, aunque sé que está mal, esto es lo que quiero ver todas las mañanas de mi vida, está hermosa.
-Buenos días, Bae.
-Buenos días, Alex. Perdón por lo de anoche.
-¿Qué pasó anoche?
-No te hagas el tonto.
-Anoche vimos una película mientras te comías las chocolatinas dándome mini trocitos y nos dormimos cuando acabó la película, pésima, por cierto.
-Shrek no es una película pésima, tu gusto por ver películas de acción si lo es. Y no eran mini trozos, eran trozos normales.
-Shrek es una película horrible y si has visto mi cuerpo, tus trozos son como hormigas para mí.
-Retira lo que has dicho de la película o juro asfixiarte con la almohada.
-La película de Saw es mejor que la de Shrek.
-¡Retíralo!
-Bae, la película de Saw es mejor que la de Shrek.
Pega un chillido mirándome mal y se abalanza sobre mí, se pone encima y me hace cosquillas, me río por su intento de hacerme cosquillas, la observo atento, está jodidamente hermosa, tiene las mejillas sonrojadas y el pelo despeinado delante de la cara, aún no soy consciente de ello, pero su risa va a ser mi melodía favorita, para de hacerme cosquillas, tiene la vista puesta en mis labios, sé que quiere besarme, desde ayer quiere probar mis labios y yo me muero por descubrir cuál es su sabor, debe de saber a vainilla o a fresa o a ambas, no importa, estoy deseoso de probarla, vuelvo a la realidad cuando escucho su voz.
-Ya hablaremos sobre tu pésimo gusto sobre las películas, me hago pís, cuando salga del baño quiero el desayuno ya pedido.
-¿Algo más, Capitana?
Me mira mal y yo me río sin poder evitarlo, va al baño y muerdo mi labio sonriendo, me encanta hacerla enfadar, cuando arruga la nariz y pone esos ojitos en blanco me entran ganas de achucharla, no sé que tiene, pero me está haciendo perder la cordura. Cojo el teléfono de la habitación y llamo pidiendo el desayuno, pero para desayunar en el comedor, lo dejo encargado y me levanto, abro el armario y saco un bañador azul cielo, me quito el pantalón y tras cambiarme los calzoncillos, me pongo el bañador y una camiseta blanca de tirantes. Pasan diez minutos y sale del baño, llevo la mirada hacia ella, lleva su vestido puesto, se me encoge el pecho al pensar que va a volver a su casa, tiene la mirada apagada.
-¿Vamos a desayunar?
-No, lo siento, es que voy a ir a pintar a la playa.
-Venga, desayuna conmigo. Quiero que conozcas a mis amigos y pases una buena mañana.
-Desayuno con vosotros y me voy.
-Está bien.
Salgo con ella de la habitación y ando despacio hacia el comedor, sintiéndome mejor al saber que durante un rato más la puedo estar protegiendo.
Llegamos al comedor, ya estaban mis amigos desayunando, nos sentamos y tras presentarla, desayunamos, la veo habla mucho con Pedro y me tenso, no me gusta que hablen tan pegados, no hay necesidad. Paso todo el desayuno sin quitarles el ojo de encima, no entiendo porqué tienen que hablar tan bajito y tan juntos. ¿Quién coño se cree Pedro? Yo la he conocido antes.
Terminamos de desayunar y se despide de Pedro dándole un abrazo, se acabó. Cojo suave el brazo de ella y la pego suave a mí abrazándola, me mira a los ojos y muerdo mi labio necesitando besarla, ando con ella hacia fuera del hotel.
-Vente a surfear con nosotros,
-No puedo, tengo que pintar.
-Pasado mañana me voy a España, ven conmigo.
-Sabes que no voy a ir, te vas a casar, yo ahí no pinto nada.
-Pero te puedes apuntar a una academia de arte y dedicarte a ello profesionalmente.
-Tengo que irme.
-Piensa en ello.
-No tengo nada en lo que pensar, adiós Alex.
-Adiós, Bae.
Se aparta de mí y miro como se aleja, me muero por ir detrás de ella, me aterra saber que va a volver a esa casa, me aterra saber de lo que es capaz de hacer ese tío.
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El Arte Del Amor
RomansEl amor prohibido, ese que te hace sentir tantas emociones que te saturan, que te hacen volar y estallar. ¿Alguna vez has amado con tanta intensidad que te daba vértigo pensar que todo podría romperse? Quizás conocemos al amor de nuestra vida, per...