Isabella tiene el plan para pasar el verano perfecto: ir a la casa de su familia en Miami junto a su grupo de amigos para disfrutar de soleados días de playa y mar. ¿Qué podría salir mal?
Todo cambiará cuando, inesperadamente, Isabella tenga un...
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Canción: Cruel Summer
Era el día de playa perfecto cuando bajé por las escaleras que llevaban al balneario. Estaba completamente soleado, eran las nueve y media de la mañana -la hora perfecta para tomar sol-, no había mucha gente, mi lugar de siempre estaba libre y era oficialmente mi primer día de vacaciones. ¿Qué podría salir mal?
Me quité la camiseta y los shorts que llevaba para quedarme en mi traje de baño azul oscuro. Coloqué mi silla, me puse los auriculares, cerré los ojos y me dispuse a tomar sol hasta que mi piel no resistiera más. Reproduje mi playlist en modo aleatorio y comenzó a sonar la canción "Cruel Summer" de Taylor Swift. De repente, sentí como algo me golpeó la cabeza de forma muy violenta. Inmediatamente abrí los ojos y me incorporé para ver qué había pasado. Había sido un golpe fuerte porque me dolía. Vi a un grupo de chicos riéndose y una pelota de voley al lado de mi silla. Uno de ellos se acercó y me preguntó: -¿Estás bien? -Era un chico rubio de unos brillantes ojos azul claro. Llevaba puesto un traje de baño color coral y no tenía camiseta, pero usaba un collar de caracoles muy playero. Estaba tratando de cubrirse la boca con su mano para no demostrar que le había parecido divertido haberme golpeado. -Si -respondí de forma seca. La cara del muchacho me resultaba increíblemente familiar, se parecía a alguien famoso, pero en el momento no pude pensar bien a quién, y tampoco quería hacerlo. -De verdad lo siento -dijo ya serio, más preocupado-, ¿Seguro que estás bien? -Si, si. -le dije y revoleé los ojos mientras le devolvía la pelota con mala cara y volvía a colocarme los auriculares. El chico se fue y vi como sus amigos se reían junto a él. "Muy gracioso", pensé.
Un rato después de que el chico se fuera volví a centrarme en mis canciones y luego de unos minutos escuché como un parlante -con la música tan fuerte como para que se escuchara por encima de mis auriculares- se acercaba a mi.
No podían ser otros que mis amigos: Olivia, Juliette, Sam, Katelyn y John. Nos conocíamos desde la primaria y hacíamos todo juntos. Pero al ir creciendo, la vida nos fue separando un poco: Sam y su familia se habían mudado a Daytona beach; Olivia se había cambiado de escuela; Katelyn ahora tenía un novio con el cual pasaba mucho tiempo... y solo quedamos juntos como siempre Juliette, Alana -mi mejor amiga, quien se había ido todo el año escolar de intercambio a Londres-, John y yo. De todas formas, habíamos logrado mantener nuestra amistad unida como era antes; al hacer reuniones frecuentes casi todos los fines de semana, al salir de fiesta, o al quedarnos hasta pasada la medianoche en video llamada para contarnos chismes.
Este verano sería el mejor de nuestras vidas. Habíamos planeado que estaríamos todos juntos: Nos quedaríamos solos los tres meses en mi casa de vacaciones que tenía mi familia aquí, en Miami. La idea le surgió a mis padres, cuando, después de descubrir que mi novio Nick me engañaba con una de mis mejores amigas, entré prácticamente en depresión, ellos decidieron dejarnos la casa a mi y a mis amigos -al menos por el verano- para yo poder despejarme un poco.