Cúlpame de mi locura,
de mis deseos insensatos,
de los ratos ingratos;
yo te culparé de usura,
por negarme la dulzura
que yace en tus buenos tratos:Pues, pueden ser tan baratos
los dones de la hermosura,
derrochada sin mesura,
sin mirar mis arrebatos
o tus muchos alegatos:
jamás, a ti la amargura
te endulza hasta los zapatos.¿Serás como yo? ¿Lloras?
¿Añoras como yo otroras?
¿Se te hacen largas las horas,
tortuosas, opresoras?
¿Sabrás que en mi paz moras
en ausencias y demoras?¿Entiendes por qué enamoras
las ideas, quizá traidoras,
más bien ilusoras;
emociones delatoras,
cavilantes y soñadoras,
de un hombre del que no ignoras
ser cual el día a día que adoras?Tienes frío aún si sientes calor,
tú, la de manos cálidas
y sonreír esperanzador,
tú, vida mía en estas vidas
de la mente, del amor,
y del espíritu; sonreídas
de júbilo halagador,
y esas miradas cándidas
vestidas de dulce pudor,
como de ángel que te olvidas
eres en el sueño mejor
de existencias divididas
vueltas el mismo estertor.
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