23. "Arrebatado de los brazos de una madre"

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Ese montón de papeles parecía más tedioso que nunca antes. A pesar de que intentó aplazar el trabajo lo más que pudo, a las diez de la mañana tuvo que dejar a su hermosa esposa sola en la cama para cumplir con sus obligaciones.

Shikamaru se asombró al verlo fuera del taller; generalmente, después de una crisis, Naruto vivía prácticamente en la pequeña habitación durante días. De ahí la razón por la que dicha estancia contara con un catre. Pero el rey no hizo caso a sus expresiones de desconcierto o felicidad, era Saori todo lo que ocupaba su cabeza. Lo amaba, ¿qué más podía pedir? No lo juzgó o se burló al contarle su mayor secreto, en su lugar, le dió su mano, sus besos, su apoyo y lo sacó del agujero con la gracia y gentileza que solo ella poseía.

Esos ojos azules estaban anonadados, su pecho subía y bajaba con suspiros repetidos. Se sentía tan bien, tan libre, acompañado y dichoso como ningún hombre podía sentirse. ¿Cómo iba a concentrarse? Solo quería salir corriendo de ese despacho directo a sus brazos. Y para su felicidad, con una sonrisa radiante y un vestido sencillo y de montar, la reina abrió la puerta súbitamente.

—¡Majestad!— exclamó y rodeando la mesa a toda prisa, lo abrazó y se acomodó en su regazo, poniendo incómodo al pobre chambelán.

—Mi hermoso lirio, ¿por qué tanta energía?— preguntó Naruto mientras acariciaba su mejilla.

—Me desperté sola en el lecho, así que vine a buscarlo de inmediato. He quedado con ganas de usted...— murmuró muy bajo, solo para que Naruto escuchara, pero cuando él levantó una ceja, Saori notó lo que había dicho y colocó sus manos en el rostro del rey, para que no viera su vergüenza —De pasar el rato, quiero decir— corrigió —Iré a ver a Freckles a los establos. No he montado a la pobrecita desde hace mucho, se ha de sentir sola. Así que vine a preguntarle si no le gustaría dar un paseo.

—Sería estupendo,— admitió Naruto, sujetando su mano de dedos largos y delicados, mientras buscaba la mirada de Shikamaru y este negaba —pero me temo que aún debo seguir trabajando.

—¿Por favor?— insistió Saori, ahora sujetando la mano del rey entre las suyas y llevándolas a su pecho —Nos debemos tantos ratos juntos...

—Siendo así, creo que los quehaceres pueden esperar— concedió e ignoró el suspiro cansado del chambelán. La reina sonrió contenta y poniéndose de pie, solo tuvo que ofrecer su mano para que Naruto la tomara sin dudar.

Hacia mucho que no iba a los establos, en realidad no acostumbraba a cabalgar seguido. Tampoco solía ir de casería como el príncipe Minato y su abuelo, prefería ejercitarse en la esgrima o la gimnasia, donde no tenía casi expectadores. Pero el rey no hizo comentarios al respecto y tampoco le importaba; estar al lado de su esposa y escucharla hablar animada era suficiente para que ignorara sus fantasmas, incluso el hecho de que ya no tartamudeaba casi nada. Seguro, era la palabra, con ella sentía la seguridad que perdió con la muerte de su padre, porque Saori hacía importante cada uno de sus pensamientos u opiniones.

Freckles era una yegua vieja y bastante gastada, que solo había visto una vez desde que llegó por pura curiosidad, pero que a los ojos de su dueña era una potranca de raza como ninguna otra. Eso sí, tenía que reconocer que el animal mostraba mucha inteligencia, pues enseguida la reconoció y parecía responder a las palabras melosas de la reina.

—Mi pecosa consentida— murmuró Saori, sujetando con ambas su hocico —¿No es hermosa?— le preguntó. Naruto sonrió para sus adentros.

—Lo es— mintió cariñoso.

—Claro que sí. Es la más linda de todas las yeguas— balbuceó otra vez, acariciándole el cuello al animal —Demos un paseo...

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Los trabajadores del palacio miraban sorprendidos a la pareja real, pero ambos enamorados solo tenían ojos para el otro mientras recorrían largas ectáreas de bosques. Al casi caer la tarde regresaron, y fué Naruto quien tomó a su esposa por la cintura, ayudándola a bajar, para que después un mozo de cuadra se llevara sus monturas mientras subían las escaleras de la entrada.

—Cenemos algo delicioso esta noche. Muero de hambre— admitió la reina.

—Si logró terminar el trabajo a tiempo— suspiró Naruto, besando su mano en forma de disculpa adelantada.

—Su majestad Saori, la princesa Kushina ha pedido una audiencia. Lleva dos horas esperando en el salón Este a ser atendida— Temari dió la noticia y fué como un balde de agua fría. Después de un día maravilloso venía esa mujer a arruinarle su buen humor. ¿Qué quería ahora? Naruto y ella ya cumplían con sus deberes maritales. Pero como su esposo estaba presente se forzó a mantener una actitud ecuánime.

—Enseguida voy— respondió y miró al rey, quien había fruncido el ceño —Creo que la cena romántica no va a suceder, pero...— se acercó más a él —¿Su majestad me permite visitarlo en la noche? Sería muy agradable leer un buen libro en su compañía y a la luz de la hoguera.

—¿Por qué me negaría a tan gratificante encuentro?— respondió, inclinándose un poco y depositando un beso corto en sus labios —Dejaré en tus competentes manos la elección de la lectura.

Con un último suspiro y una sonrisa de jovencita enamorada, Saori se alejó de su esposo y siguió a Temari hasta dicho salón. Kushina esperaba sentada, con una taza de té en las manos, que dejó sobre la mesa para hacerle una corta reverencia cuando la vió entrar.

—Me sorprende que haya venido, después de nuestra última conversación a solas— dijo sin tapujos —¿Qué petición tiene ahora? ¿Alguna queja?

—Su majestad no puede culpar a una madre por comportarse como tal— respondió la princesa y Saori hizo una mueca incómoda, sin saber que responder —He venido porque creo que le debo una conversación sincera. No era mi intención explicar nada en un principio, ni tampoco su derecho el saber, aunque estuviera casada con el rey. Al menos no sin una verdadera relación...— añadió. La reina se sentó y esperó a que ella hiciera lo mismo. Debía admitir que la princesa tenía porte de realeza, pues cada gesto era fluido y perfectamente ejecutado con la barbilla en alto.

—¿Viene a hacer algo que debió haber hecho desde un inicio? Me hubiera ahorrado muchas penurias y lágrimas, tampoco me arrepentiría como ahora porque no lo hubiera juzgado tan duramente. Me pregunto la razón de su cambió de opinión.

—Mi hijo me ha dicho que te ama y ví en sus ojos lo que pensé olvidado desde hace más de una década, esperanza y deseo. Sé reconocer mis errores y...— Saori no podía creer que a Kushina le estuviera claudicando la voz —te agradezco que estés a su lado a pesar de sus defectos.

—No tiene que agradecerme lo que es mi deber y hago por amor.

—Tenía razón, y por más que me duela admitirlo, mi hijo está enfermo— suspiró y secó una fugaz lágrima con un pañuelo de encaje —Me lo arrebataron un día después de la muerte de mi amado Minato, y cuando lo volvía a ver, tenía tantos demonios que apenas podía mantenerse en pie estando en mi presencia.

Mad KingDonde viven las historias. Descúbrelo ahora