- Aguas del Río Nilo -
A orillas del majestuoso Río Nilo, donde las aguas fluían como un río de vida que sostenía a todo Egipto, se alzaba el Imperio de Kemet. En este reino, gobernaba el temido Rey Cocodrilo, Sobek, un dios con forma de cocodrilo que personificaba la ferocidad y el poder de las aguas del Nilo. Era conocido por su crueldad y sus caprichos, y su dominio se extendía sobre vastas extensiones de tierra y ríos.
A orillas del majestuoso río, donde las ciudades se erguían sobre pilotes y los campos se volvían fértiles gracias a las crecidas anuales, Sobek gobernaba con ferocidad. Su figura mitad hombre, mitad cocodrilo, imponía respeto, y sus súbditos vivían bajo el yugo de sus caprichos y decretos despiadados.
En el corazón del imperio, sobre las aguas que reflejaban el resplandor del sol, se erguía el palacio de Sobek. Construido sobre pilotes, el palacio del Rey Cocodrilo se alzaba como una fortaleza que dominaba el horizonte acuático. Sus salones estaban adornados con tesoros saqueados y la opulencia de un rey que no conocía límites.
El Imperio de Kemet se extendía como un tapiz a lo largo de las riberas del Nilo, desplegando su riqueza y misterio en cada ciudad y aldea. A medida que el sol se elevaba en el cielo, las aguas del río parecían teñirse de tonos dorados, reflejando la majestuosidad de la tierra de los faraones.
En las ciudades construidas sobre pilotes, los habitantes se dedicaban a sus quehaceres diarios, siempre bajo la sombra del temido Rey Cocodrilo. Las calles de las urbes resonaban con el bullicio de mercaderes que ofrecían sus productos, sacerdotes que realizaban ceremonias en honor a Sobek y ciudadanos que vivían con la esperanza de no atraer la atención del temible dios.
Los campos a lo largo del Nilo, regados por las inundaciones anuales, se volvían fértiles y productivos. Los agricultores, con el sudor en sus frentes, cosechaban los frutos de la tierra, agradeciendo a los dioses por la abundancia que el río les brindaba. Sin embargo, siempre vivían con el temor latente de los caprichos de Sobek, cuya ira podía desatar calamidades sobre las tierras.
En el palacio del Rey Cocodrilo, la opulencia alcanzaba su apogeo. Sus salones estaban adornados con tesoros arrebatados de los territorios conquistados, joyas que destellaban con el esplendor del sol y tronos que denotaban la autoridad indiscutible de Sobek. El aire estaba cargado con la solemnidad de los decretos reales y la omnipresencia del dios-cocodrilo.
Mientras tanto, en el corazón de este imperio regido por la crueldad, la trama se desenvolvía en los hilos invisibles del destino. Horus Jepri y Ishia, aún fuera del foco, estaban destinados a enfrentarse al poder de Sobek y desentrañar los misterios que acechaban sobre Egipto.
El sol, testigo silencioso de los acontecimientos en las tierras del Nilo, continuaba su curso sobre el horizonte, iluminando un escenario que aguardaba su llegada por orden supremo de Seth ¿Qué estaba planeando? ¿Porqué pidió la ayuda del Rey Cocodrilo?
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Horus Jepri Chronicles
MaceraSumergiéndonos en un emocionante viaje a través de los reinos divinos y terrenales, «Horus Jepri Chronicles» nos presenta una épica antología compuesta por once episodios que tejen una narrativa envolvente y llena de misterio. La historia se inicia...